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dimarts, 13 de maig de 2014

RELACIONES QUE SE DESGASTAN. Marta Mejía. La Vanguardia.

Negar los defectos del otro es no querer a la persona real.
Todo amor idealizado se puede convertir en una gran decepción.
Aquel que idealiza puede negar su propia valía.
La idealización no suele ser una buena compañera de viaje en una relación de pareja, porque la decepción aparece con la misma fuerza con la que se ha idealizado.
“Nadie es perfecto”, es la popular frase de la ya legendaria escena final de Con faldas y a lo loco (1959), obra maestra de Billy Wilder y sin duda una de las mejores comedias de la historia del cine. Y la verdad es que nadie lo es; sin embargo, en ocasiones atribuimos a las personas un grado de perfección que no poseen. Y, por supuesto, sucede en la relación amorosa. Sin duda, es importante creer en la pareja, admirarla y reconocer su valía y logros: pero a veces la imagen que tenemos -o fabricamos de esta~ responde más a una idealización que a la realidad. Y somos capaces de construir verdaderos castillos en el aire, de imaginar personas que no existen, de magnificar lo que nos interesa y minimizar lo que no.
“No nos unimos a una pareja, nos unimos a tres: la persona que es, la persona que pensamos que es y la persona en que se convertirá como resultado de ser nuestra pareja", afirmó en la década de los sesenta, Richard Needham, humorista y columnista de The GiobeandMail, el periódico canadiense de habla inglesa de mayor circulación. La mayoría de las personas ha idealizado a alguien sin darse cuenta, es una especie de maquillaje que pretende embellecer y disimular sus imperfecciones. En las relaciones de pareja, uno de los dos sobrevalora al otro en virtud del afecto que le profesa. Se conoce como "pacto de negación", con el que el inconsciente niega lo negativo o lo que no le gusta del otro y magnifica sus virtudes y fortalezas. Es grato ysatisfactorio en las primeras etapas de la relación admirar tanta belleza interior y exterior. Pero si se idealiza permanentemente se le sitúa en un lugar tan elevado, que difícilmente podrá satisfacer las expectativas depositadas en él. Cualquier problema menor puede convertirse en una gran, decepción. Pasado el efecto de las endorfinas, se comienza a tener una imagen más consciente y menos idealizada y si el ser amado cae del pedestal, el dolor y la frustración son proporcionales al grado de perfección que se le había atribuido. No en vano se afirma que las elevadas expectativas son la antesala de la desilusión. "Me di cuenta de que había idealizado a Víctor; admiraba todo lo que hacíay disculpaba sus defectos. Mis amigas no lo veían tan maravilloso pero yo pensaba que no lo conocían realmente. Creo que estaba deseando que fuese la pareja indicada, encontraba mil cosas positivas que en realidad no tenía y me mentía a mí misma. Ahora, con la perspectiva del tiempo, puedo ver que no era tan estupendo como yo creía, pero tampoco tan imperfecto como lo veía mi entorno", explica Laura de 38 años.
 ¿Por qué idealizamos? Algunos piensan que es un intento de compensar la falta de afecto; otros, que responde a un gran ego con el que se quiere demostrar al mundo que lo propio es perfecto negando las indudables debilidades, y muchos, que se relaciona con la baja autoestima Art Waller, junto a otros investigadores de la Utha State University fue el primer científico social que describió la tendencia a fantasear sobre la unión ideal, en los inicios de una relación amorosa; a focalizarse en las virtudes del ser amado, ignorando sus defectos. Pero no sólo se idealiza en la etapa de galanteo, muchos continúan haciéndolo a lo largo de una relación estable. Uno de los mecanismos de defensa descritos por Sigmund Freud es la idealización en el cual, de manera inconsciente, se llevan a la perfección las cualidades y el valor del objeto del amor que resulta engrandecido y exaltado y que no permite una valoración correcta ni de uno mismo ni del otro. Interviene de forma especial en la vida amorosa "El objeto es tratado como el yo propio y en la pasión amorosa se derrama sobre el objeto una cantidad importante de libido narcisista. En algunas formas de la elección amorosa llega incluso a evidenciarse que el objeto sirve para sustituir un ideal propio y no alcanzado del yo".
Según otra psicoanalista, Melanie Klein, estaría "inevitablemente unido a la disociación y se vincula con una negación mágica omnipotente: las características indeseables del objeto son negadas, mientras a la vez es cubierto de bondad, amor, belleza, invulnerabilidad, poderes mágicos...". La idealización de la primera infancia se mantendría, en cierta medida, a lo largo de vuida adulta (enamoramiento, ideales de vida, etcétera). Preferimos idealizar para autoengañarnos y no enfrentarnos a la realidad, para no lastimarnos con el látigo de la verdad. El psicólogo Walter Riso afirma que "estamos tan cegados por el intenso torbellino emocional que sentimos en nuestro corazón, que no vemos al otro tal como es, sino corno nos gustaría que fuese". Pero una vez se desvanecen los efectos del enamoramiento, los amantes empiezan a verse realmente como son y es entonces cuando empieza la verdadera relación de pareja ¿Y qué o a quién idealiza usted? ¿Quizás ha idealizado o actualmente idealiza a su pareja? ¿Tiende a idealizar a aquellos que tienen algo que usted no tiene?
¿Acaso puede ser positivo? Es más habitual quejarse del compañero que explicar sus bondades; las dinámicas y tribulaciones de las relaciones estables generan innumerables bromas y aquellos que alaban a sus parejas son vistos como una rareza. Parece indiscutible que la persona que idealiza a otra vive fuera de la realidad y se expone a sufrir desengaños. Sin embargo, estudios recientes parecen rebatir este concepto. Es el caso del llevado a cabo en 1a Universidad de Buffalo, por la psicóloga social Sandra Murray y sus colaboradores. Los investigadores señalaron que las personas que idealizan a sus parejas están más satisfechas con sus relaciones, porque encuentran la manera de ver las cualidades positivas al tener una perspectiva más optimista sobre la relación. Reconocen virtudes que no son tan obvias para los otros, lo que supone un efecto protector para el vínculo y evita caer en la crítica y la culpabilización. Murray concluye: "No creo que se engañen así mismos, están viendo a su pareja a través de unos lentes optimistas y eso es positivo, porque ver al compañero de la mejor manera da razones para afrontar los problemas de toda relación... Los resultados parecen desestimar la teoría de que la idealización es siempre negativa; no dejan ser sorprender y, desde luego, abonan un terreno apto para la polémica...
Agotamiento por intensidad "Al principio me gustaba y, no puedo negarlo, aumentaba mi ego. Pero el listón cadavez era más alto. Tenía que hacerlo todo bien y parecía que no había lugar para las equivocaciones, ni tiempo para perder. Lo que antes me halagaba, ahora me presionaba y terminó ahogándome", explica Miquel de 42 años. Las relaciones se acaban por falta de afecto, pero también por sentimientos y expectativas demasiado elevadas. Es lo que se denomina agotamiento por intensidad. Desde luego, sentir intensamente no es negativo, pero sí lo puede ser cuando se distorsiona la realidad. En las relaciones que se inician con fuertes sentimientos y gran pasión, las ingentes expectativas mutuas pueden verse frustradas al cabo de un tiempo. Es entonces cuando aparecen las quejas; uno de los amantes puede sentirse desilusionado por la falta de intensidad del otro, porque no es lo que creía que era y seguiría siendo. El problema es que se han inventado el uno al otro. Uno de ellos puede haber pretendido crear el compañero ideal, pero con el paso del tiempo haber descubierto sus limitaciones, inseguridades y miserias... y es entonces cuando llega la decepción. Si se dirige toda la energía hacia ese compañero perfecto, el otro puede cansarse de serlo tanto y de ser depositario de tantas expectativas. No es fácil para aquel que ha sido puesto en el pedestal si las demandan no cesan; acaba exhausto porque no puede continuar con el ímpetu que el otro considera necesario. En algún momento puede no entender cuál es el problema y descubrir que ya no es perfecto, ni casi perfecto, ni poco perfecto, ni algo imperfecto, tal vez es totalmente imperfecto.
Mientras tiene idealizada a la pareja, el individuo es cariñoso, atento, feliz. Cuando empieza a devaluarla, simultáneamente inicia la idealización de otro potencial compañero. Entonces, es amable y generoso con el nuevo ideal y comienza a comportarse de forma resentida, e injusta con el ahora devaluado. Sólo ve en él defectos y limitaciones y parece que todo esté mal. Experimenta desilusión y frustración. El ídolo se ha convertido en persona y ha perdido puntos: ya no tiene tantas virtudes, ya no le atrae tanto, ya no llena sus expectativas, ya no le gusta; lo culpabiliza por haberle fallado. Lo que no reconoce es que había construido un ser hecho a la medida de sus necesidades y deseos, olvidando que él mismo tampoco es perfecto ni mucho menos ideal. Que la persona amada no merece ser colocada en ninguno de los extremos: ni un dechado de virtudes ni, por supuesto, un menú de defectos.
Por otro lado, aquel que idealiza corre el riesgo de depositar todo lo bueno de sí mismo en el otro, olvidando o negando su propia valía hasta el punto de que si se produce una ruptura, con el antiguo ídolo se marchan también todas sus fortalezas y recursos. El vacío físico se acompaña de vacío interior. La pareja ideal, que no idealizada, es muy diferente para cada persona Generalmente es aquella que se ajusta mejor en una relación en la que ambos comparten muchas cosas semejantes y aceptan en qué difiere cada uno. El éxito no depende de encontrar a la persona ideal, sino de la habilidad de los dos miembros para ajustarse a la persona real con la que han decidido compartir la vida. "La seguridad, confianza, estabilidad y satisfacción en la pareja, parecen depender de ver lo mejor del otro, tolerar sus limitaciones y valorar sus virtudes", afirma una terapeuta de pareja.

LAURA
Dirigida por Otto Preminger en 1944 y basada en la obra de Vera Caspary, la trama de  Laura gira en torno al asesinato de una mujer y los diálogos de amor y pasión que se entonces tienen sobre ella. Resulta, probablemente junto a Rebeca (1940), de Alfreh Hitchcock, el mejor retrato cinematográfico jamás filmado acerca del poder que un ser ausente ejerce sobre quienes le han sobrevivido, hasta el punto de dominar sus vidas, sus sueños y sus destinos. Es uno de los ejemplos que el cine nos ha proporcionado, de cómo pude convertirse a una persona real en un sueño ideal, y de cómo esta ilusión se desvanece cuando esa creación intenta, como no puede ser de otra manera, comportarse como el sencillo ser humano que es, cuando quiere sentir, pensar, amar por sí misma. La película constituye un retrato del perfecto amor idealizado. Waldo, hechizado por la frescura y juventud de Laura, no ceja en su empeño de convertirla en la gran dama que él (pero no ella) quiere que sea. Laura vive así una vida ilusoria fabricada por Waldo, que también sueña con el amor de ella, no tanto del de la joven espontánea y atrevida que conoció, sino de la mujer de éxito bella y sofisticada que él ha creado.

FENÓMENO MIGUEL ÁNGEL

La escultura de David en la Academia de las Bellas Artes de Florencia es la imagen de la perfección humana. Preguntado sobre cómo creó tal perfección contestó: "Fue fácil. Vi un ángel en el bloque de mármol y sólo lo cincelé hasta que lo liberé" Cuando se piensa en términos de perfección sobre la pareja, con una versión idealizada, se está practicando lo que se conoce como el fenómeno Miguel Ángel.


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