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dijous, 1 de maig de 2014

EL PROPÓSITO PERSONAL. Miguel Benavent de B.

Cada uno de nosotros tiene un propósito en la vida. Aunque a veces tardamos tiempo en descubrir cual es. Hemos venido a esta vida para descubrirlo y luego convertirlo en el sentido de nuestra existencia. Eso, sin duda, es el único camino hacia la felicidad…
Ese propósito personal e intransferible a menudo tiene poco que ver con lo que habíamos deseado para nuestra vida o el que los demás nos dijeron que era. Cada uno debe descubrir cual es, aunque en el fondo desde siempre lo sabemos, aunque no seamos conscientes. Cada vez que un hecho aparentemente irrelevante nos conmueve y resuena en nuestro interior es una señal inequívoca de que estamos acercándonos a eso que siempre habíamos buscado…
Cuando te sientes intimamente bien haciendo algo -por raro que nos parezca- es que estamos alineados con ese propósito. Cuando convertimos ese acto en algo habitual, súbitamente nuestra vida adquiere sentido y, lo que es mejor, nos sentimos satisfechos. Normalmente este propósito tiene algo que ver con aportar algo de valor al mundo o a los demás. La vida no podría tolerar que su sentido estuviera basado en un propósito ególatra y que solo le sirve a uno mismo.
El propósito suele tener algo que ver con los dones y talentos que poseemos desde siempre, aunque tal vez con el tiempo y la educación los hayamos perfeccionado o, por el contrario, olvidado. Podríamos afirmar con rotundidad que el propósito que da sentido pleno a nuestra vida no es más que la dedicación de todos nuestros dones y talentos personales dirigidos hacia una buena causa, ya sea una idea, una actividad que dé valor al mundo o que beneficia o ayuda a alguien más.
Con el tiempo, descubres que ese propósito personal no es algo distinto a nuestra profesión o trabajo. Es entonces cuando comprendes que lo que da sentido a tu vida tiene distintas aplicaciones, ya sea en tu vida privada o en tu vida laboral. Cuando eres capaz de dejar atrás esa dualidad entre vida privada y trabajo, integrando ambos ámbitos y dedicando todo tu esfuerzo y energía a ese propósito vital descubres que, hagas lo que hagas, eso te hará sentir feliz. De ahí la poca importancia que tiene tu actividad, pues lo que cuenta es precisamente el sentido que le des tú al llevarla a cabo.
Encontrar y seguir el propósito de nuestra vida es una premisa para encontrar la felicidad. Cuando inviertes toda tu experiencia, lo aprendido en ella y todos tus dones y talentos al vivir cada día, la vida cobra su propio sentido. Y, cuando eres capaz de compartirlo, aprendes a amar, de verdad!

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