Palabras, imágenes, canciones, emociones que nos acompañan en nuestro camino.

divendres, 10 d’octubre de 2014

"ES LA MIRADA DEL OTRO LO QUE ME HACE DIFERENTE". Valentina Paylevanian. LA CONTRA DE LA VANGUARDIA.

Valentina Paylevanian, artista liliputiense; medio metro de estrella.


Tengo 49 años. Nací en Sumy, ciudad en el nordeste de Ucrania. Estoy casada, mi marido y yo trabajamos en el circo. El 14 de febrero, San Valentín, cumplimos 26 años de casados. Prefiero el compartir a la avidez del tener. Crecí en un entorno ateo pero siempre he creído en Dios.

Una pequeña historia
Ser capaz de ponerse en la piel del otro, esa es la mayor demostración de inteligencia. Valentina, una de las mujeres más pequeñas del mundo, aparece en Corteo (uno de los mejores espectáculos del Cirque du Soleil) junto a un gigante. Diminuta, proporcionada, alegre, parece un hada escapada de un cuento. Si la ves no la olvidas, porque te abre la posibilidad de la magia. Entiendes que hombres que cuadruplican su tamaño le hayan propuesto el matrimonio, y que los estándares raquitizan nuestro mundo, que hay que celebrar la diversidad. El dolor que ha atravesado Valentina por medir 48 cm es medieval, reírse de otro es cerril. La pequeña historia de Valentina debería contarse en los colegios.

Mi padre era maestro, y mi madre, obrera en una fábrica. Yo era pequeña, muy pequeña, y todo era muy difícil.

...
Los otros niños se burlaban de mí. Siempre llegaba a casa llorando. La frase que más repetí en mi infancia fue "por qué a mí". Creía que yo era la única niña liliputiense en el mundo, y eso me ponía muy triste.

¿Cómo lo superaba?
Mi madre era mi único consuelo: "Hijita mía, llegará el día en que serás mayor y lo entenderás todo, no te pongas triste. Te encontrarás con gente mala, pero también buenas personas que te querrán como eres".

Y creció.
Al trabajar y relacionarme, las palabras de mi madre tomaron sentido, y empecé a sentirme fuerte para responder a las burlas.

¿Qué respondía?
"Habito un cuerpo pequeño, pero soy más grande que vosotros".

¿No había nadie más como usted en su familia?
Soy la primera y espero ser la última. No le deseo a nadie tener que pasar por la experiencia que he pasado.

¿No tenía ni una amiga?
Sí, tuve una amiga. Hace poco me encontró. Con los amigos de infancia se establece un vínculo muy especial, pero no te das cuenta de él hasta que te reencuentras.

¿Ha hallado sentido a su singularidad?
Creo que así lo dispuso Dios y que realmente no tiene importancia si eres alto o bajo, grande o pequeño, lo que importa es lo que haces con tu vida.

¿Qué decidió usted hacer con la suya?
Dar a la gente alegría, ese bien tan escaso.

¿Ese era su sueño de infancia?
Mi sueño era actuar en un teatro. Un día, mi padre me llevó al circo de Odesa, y la señora que vendía las entradas se interesó por mí y nos organizó una cita con el director.

¿La taquillera?
Sí, cualquiera puede cambiar tu vida. Había sido artista de circo, ella se encargó de mi formación. Yo tenía 16 años, pero mi vida realmente dio un vuelco cuando cumplí los 18 y descubrí que había un mundo de gente tan pequeña como yo. Los encontré en un circo de Moscú formado por 45 liliputienses, entre ellos mi media naranja, Gregor, con el que me casé cinco años más tarde.

Es un alivio hasta para mí.
Con ellos todo fue más fácil, eran como yo, tenían los mismos problemas que yo. De repente tenía una gran familia, me sentía apoyada, todos éramos actores, acróbatas. Esa fue mi vida durante 25 años.

¿Cuál era su número?
Siempre soñé con hacer un número con animales, compañía que valoro. Mis pequeños sueños se han ido haciendo realidad: me convertí en domadora de gatos; no tenía experiencia, pero Gregor y yo nos convertimos en los padres de un montón de gatitos.

Para usted debían de ser como leones.
Sí, y el resultado fue estupendo; representamos ese número durante cuatro años.

¿Y luego?
El director de Corteo nos vio y nos ofreció participar en el espectáculo que estaba diseñando. Dejar a mis gatos fue traumático. Todavía hoy sueño con ellos y me preocupa que les falte algo con su nuevo dueño.

Debía de ser usted preciosa a los 20 años.
Los jóvenes siempre son guapos.

No se me escabulla.
Tenía muchos pretendientes y admiradores, pero escogí muy pronto.

Los hombres grandes también debían de enamorarse de usted.
Hubo alguno que me propuso matrimonio, pero tuve que decirle que no lo veía posible.

¿Qué ha entendido del ser humano?
Que cuando alguien se acerca a otro con amabilidad y bondad suele recibir amabilidad y bondad. La gente desagradable levanta un muro entre ella y los demás, lo que la vuelve cada vez más amargada. Pero yo suelo vivir en mi mundo.

¿Entre gente pequeña?
Sí. Tengo amigos entre vosotros, los grandes, pero no hay ese grado de comprensión porque no compartís nuestras dificultades.

Quizá si me las cuenta...
Ahora me siento cómoda casi en cualquier parte, pero cuando he tenido problemas siempre han sido de relación: el trato de la gente grande hacia la gente pequeña. Más allá de las burlas, que siempre son crueles, ante una persona como yo nunca hay una actitud neutra, notas la incomodidad del otro, y eso te incomoda, te entristece.

Entre usted y yo sólo hay unos cuantos palmos de diferencia.
Ja, ja, ja, realmente la estatura no tiene mucha importancia. Quizá la diferencia está en la mirada del otro.

Pero usted despierta ternura y maravilla en el escenario.
En el escenario, cuando paso sobre la cabeza del público suspendida por unos globos, hay gente que intenta atraparme para darme un beso. Pero por la calle, cuando me cruzo como se cruzan los barcos en el mar, no dejan de verme como un fenómeno.

Si volviera a nacer...
No puedo ni imaginarme si fuera como vosotros qué podría hacer. Pero si naciera como soy ahora, no cambiaría nada. Los sufrimientos de mi infancia ya no están, he salido de la niebla. Mi vida es abierta, recorro el mundo, adoro mi trabajo..., mi sueño se ha cumplido.



1 comentari:

  1. ¿Qué ha entendido del ser humano?
    Que cuando alguien se acerca a otro con amabilidad y bondad suele recibir amabilidad y bondad. La gente desagradable levanta un muro entre ella y los demás, lo que la vuelve cada vez más amargada. Pero yo suelo vivir en mi mundo.

    Gracias por compartir!! me ha parecido maravilloso y de mucha reflexiòn.. lo inhumano que somos los humanos...

    ResponElimina