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diumenge, 26 d’octubre de 2014

El hombre en busca de sentido. Joan Garriga.

Os quiero compartir una historia, muy bonita, sobre buen amor y mal amor. Es una historia además muy conocida. Es la historia de Viktor Frankl, quien era un médico psiquiatra muy eminente y talentoso, que vivió en Viena en los tiempos en los que empezaba a arreciar la persecución nazi a los judíos, encerrándolos en guetos. Él era judío y ya se podía intuir en el ambiente que lo que se acercaba no era muy halagüeño.
Viktor Frankl recibió una invitación de una universidad de Norte América para ir a trabajar ahí, y él estaba muy dudoso, tenía una gran duda dentro de si.
"¿Debo ir a Estados Unidos siguiendo una carrera muy prometedora o debo permanecer aquí al lado de mis padres, que son mayores y que viendo lo que está por venir, quizá las cosas se pongan muy difíciles?"
Así que él estaba torturado y no sabía lo que decidir. Pasaba un día y otro hasta que un día fue a la sinagoga y pidió que por favor recibiera con claridad lo que tenía que hacer.
Estaba en una de estas encrucijadas que muchos hemos vivido.
Salió de la sinagoga sin ninguna respuesta, entonces se dirigió a casa de los padres, entró en el recibidor donde había unos cascotes de mármol, en el suelo, apilados. Entonces le preguntó a su padre,
- "¿qué hace esto aquí? ¿qué son estos cascotes?
El padre le dijo:
 - "Bueno, son restos del altar de una sinagoga que acaban de destruir y de quemar."
A Viktor Frankl le llamó la atención una inscripción en uno de los mármoles y le preguntó a su padre
- "¿qué pone aquí?"
El padre le responde:
 - "Éste es el cuarto mandamiento, honrarás a tu padre y tu madre."
Entonces, para bien o para mal, Viktor Frankl sintió que ésta era la respuesta que necesitaba y en aquel momento decidió quedarse.
Pasó sólo poco tiempo y todos fueron detenidos: él, su mujer, sus padres. Fueron ingresados en campos de concentración, las mujeres fueron separadas de los hombres. Él, pasó de contrabando en el campo de concentración unas botellitas de morfina, porque su padre tenía un enfisema pulmonar. Al cabo de pocos días de estar en el campo de concentración, al regresar al barracón, encontró a su padre agónico y con mucho dolor le inyectó la morfina. Viktor Frankl siempre dijo que ésto había merecido la pena de quedarse.
Su madre murió, su mujer también y él salió del campo de concentración y cuenta que sobrevivió porque siempre se decía a sí mismo que tenía una misión de futuro y ésta misión era explicar a todo el mundo la psicología de lo tremendo, la psicología de lo adverso, de lo terrible.
Él es famoso porque dice:
"Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en cualquier circunstancia, de elegir su propio camino."
Explico esta historia porque es un ejemplo del buen amor. Cuando terminó la guerra y fueron liberados los campos de concentración, él escribió un libro que se llama "El hombre en busca de sentido".
Este libro al principio no tuvo ningún éxito, hoy en día se vende por millones. También en otro de sus libros "Psicoterapia y Humanismo", tenía una dedicatoria que era muy enigmática y misteriosa, que decía:
-"A Harry o Marion que no han nacido".
Era una dedicatoria al bebé, que tenía su mujer en el vientre cuando ingresó en el campo de concentración.
Viktor Frankl perdió a su madre, a su padre, a su mujer, a su bebé, y después de esto, edificó una vida con todo un sentido y ayudó a millones y millones de personas también. Éste es el buen amor, que en lugar de mirar ciegamente, infantilmente y con debilidad el sufrimiento de aquellos que queremos y querer ir con ellos en este sufrimiento, uno puede abrir los ojos, ver lo terrible, aceptarlo con el tiempo, hacer un proceso emocional, abrir el corazón a lo terrible y seguir viviendo y dándole a la vida exactamente lo que tenemos para darle.

JOAN GARRIGA

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