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dimecres, 8 d’octubre de 2014

Yo, Sociedad Limitada. Gabriel García de Oro. El País.

Ilustración Joao Fazenda
En este mundo cambiante y competitivo, necesitamos proyectar todo aquello que nos hace diferentes. La marca personal nos propone un modelo
El 31 de agosto de 1997, en la revista Fast Company, Tom Peters publicaba un artículo titulado La marca llamada tú (The Brand Called You), donde empezaba con una sentencia que revolucionó el panorama del desarrollo personal: “Las grandes compañías comprenden la importancia de las marcas. Hoy, en la era del individuo, tienes que ser tu propia marca. Esto es lo que necesitas para ser el director general de Yo, S. L.”.
Más de una década después, este tema sigue siendo de absoluta actualidad. Sin embargo, la primera reacción es de resistencia y rechazo a ser considerados y tratados como una marca. Es normal. Pero lo cierto es que los mecanismos de la percepción funcionan por etiquetas. Por clasificaciones. El ser humano enmarca. Pero nos equivocamos. Por supuesto, también se equivocan con nosotros. Y nos frustra a veces que, por ejemplo, se nos considere aguafiestas o aburridos o patosos o vagos. ¡Si no somos así! Justamente eso es el personal branding.
Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes. Confucio.
Como dice Andrés Pérez Ortega, especialista en esta materia: “La marca personal pretende ayudar a las personas a posicionarse, a ocupar un lugar preferente en la mente de otros (jefes, colaboradores, clientes, votantes, colegas, familia, amigos…). No se trata de vender humo. Si una marca personal no es capaz de aportar nada, todo lo demás no tiene sentido. Por tanto este concepto ayuda a sobresalir a quienes aportan valor”.

Posicionarnos y ser capaces de destacar.
Trabajar en distinguirnos y que, de esta manera, seamos los elegidos. Porque, al fin y al cabo, la sociedad es un modelo de elección. Queremos que nos escojan en este trabajo, o para este ascenso, o en aquel grupo de amigos o ser la opción para esta persona a la que amamos y con la que queremos pasar el resto de nuestros días. Y sí, el personal branding nos ayuda a posicionarnos desde lo que realmente marca nuestra diferencia.

Todos tenemos algo especial.
Y lo que es mejor, podemos convertirlo en fuente de felicidad, crecimiento personal e ingresos económicos. Lo que sucede es que hay millones de personas que ni lo saben. No son conscientes de que son únicos y de que, de igual modo, pueden aportar algo singular. Y así, se convierten en marcas blancas, es decir, en una firma que los demás consumen porque es barata, pero con una repercusión mínima y muy fácil de cambiar por otra que sea aún más económica. Esto está pasando hoy en el mundo laboral. Esto está pasando hoy en las relaciones de pareja. Relaciones de marca blanca. De comodidad, que dicen los expertos en marketing. Podemos cambiarlo. Descubrir, redescubrirnos y convertirnos en una poderosa, querida, valorada e influyente Yo, S. L.

1. ¿Qué nos hace realmente diferentes?
Puede ser una habilidad, puede ser una particularidad de nuestro carácter, una capacidad extraña o una afición extravagante, incluso. Da igual. Hagamos una lista con esas cosas que sabemos que hacen de nuestra Yo, S. L. una marca única. Por ejemplo, imaginemos que una persona tiene un gran interés por la ciencia-ficción. Sin embargo, trabaja de algo alejadísimo de este universo, nunca mejor dicho. ¿Acaso no se puede hacer de este pasatiempo una profesión? Sin ser escritor. No. Simple aficionado que convierte esa afición en su sello. En su diferencia. Y acaba, por ejemplo, de asesor de la última película de Star Trek. Sí, parece ciencia-ficción, pero no lo es.

2. ¿Nos conoce realmente la gente por las cosas que nos hacen únicos?
Es decir, cuál es la imagen que proyectamos. ¿Cómo nos perciben? Ni idea, ¿verdad? Pues en este punto nos va a resultar de gran utilidad hacer una encuesta. Preguntemos a miembros de nuestra familia, del trabajo, amigos… Escuchemos y comprobaremos qué imagen damos a la gente. Qué contradicciones existen entre lo que creemos y lo que creamos. Qué problemas podemos detectar.

3. ¿Cómo queremos ser recordados?
Llega el momento de comprobar si nos sentimos cómodos o no. Si detectamos contradicciones. Si la opinión que los demás tienen de nosotros se ajusta a lo que realmente somos, a cómo queremos que las demás personas nos recuerden.

Ahora es el momento de focalizar.
De trabajar en la coherencia. Ser creíbles. Confiables. Para ello debemos poner especial atención en:
–Nuestra imagen. Que lo que los demás ven a primera vista, se ajuste a aquello que queremos proyectar.
–Nuestras palabras. Seleccionar el lenguaje y el tono adecuado para que nuestros mensajes lleguen sin interferencias de ningún tipo.
–Nuestros silencios. Es decir, nuestra comunicación no verbal.
–Nuestras acciones. Si lo que decimos, pensamos y creemos no se ajusta a lo que hacemos, nunca tendremos credibilidad.
–Nuestras relaciones. Rodeémonos de gente afín a nuestro proyecto de vida.

La manera más efectiva de hacerlo, es hacerlo. Amelia Earhart
Porque al fin y al cabo toda marca es una promesa. Como dice César Manuel Chapoñán Damián en su blog Educomunicación, “para lograr consolidar este concepto se requiere la fórmula del reconocimiento propuesta por la Fundación Madrid por la Excelencia. En ella se combinan tres elementos: la relevancia, la confianza y la notoriedad”.
Relevancia: implica que para crear una marca personal debemos, ante todo, ser útiles, satisfacer una necesidad y hacerlo bien. Si detrás de una firma no hay un beneficio real, esta durará muy poco.
Confianza: vivimos en un mundo en el que hay muchas personas capaces de satisfacer una necesidad o realizar un trabajo. Lo importante es ganarse una buena reputación de profesional consistente y eficaz. Eso nos hace valiosos y aumenta las probabilidades de ser elegidos en un mercado competitivo y homogéneo.
Notoriedad: de nada sirve ser útil y fiable si nadie te conoce. Debemos ser notorios, ocupar un lugar en la mente de quienes puedan necesitarnos (jefes, clientes, amigos, familia, colaboradores, entre otros). En otras palabras, hay que visibilizarnos donde nos movamos.

No digas nada ‘online’ que no quisieras plasmar en un anuncio espectacular con tu cara en él. Erin Bury
Relevancia, confianza y notoriedad. Esos serán nuestros tres compañeros de viaje en nuestra Yo, S. L.
No hace mucho, en este mismo espacio, en el artículo de Francesc Miralles titulado Infelicidad digital, nos advertía de los peligros de las redes sociales en nuestra vida cotidiana. Lo mismo pasa en relación a nuestra marca personal. Cada vez son más, por ejemplo, las empresas que rastrean digitalmente a sus candidatos. Y, claro, si estamos construyendo nuestra Yo, S. L. alrededor de la seriedad y el rigor, y en nuestro Facebook tenemos una gran colección de fotos en las que salimos desfasados, es posible que dejemos de ser creíbles.
Pero si sabemos cómo, Internet también nos brinda la posibilidad de empezar a orientar nuestra marca. A proyectarnos. A comunicarnos con gente que tenga nuestros mismos intereses y afinidades. Porque a pesar de todos sus peligros, con las redes sociales podemos tener un laboratorio de ensayo. Son muchos los casos de éxito de personas que, por ejemplo, han hecho de su pasión por la moda su fuente de ingresos única y, lo que es más importante, su forma de ser felices. ¿Cómo? Empezando con un blog, creando su networking, influyendo e impactando a miles de lectores y convirtiéndose así en una firma contrastada y requerida por marcas multinacionales. Porque las marcas necesitan de otras, como la tuya, para expandirse, crecer y ser creíbles. Así que, adelante, tu Yo, S. L. está ya a punto de entrar en el mercado de la vida.

LA FÓRMULA DEL RECONOCIMIENTO
Libros
‘50 claves para hacer de usted una marca’. Tom Peters, (Deusto). Podremos leer al creador del personal branding y disfrutar de su ironía, humor y sabiduría.

‘Marca personal, cómo convertirse en la opción preferente’. Andrés Pérez Ortega (ESIC Editorial). Una detallada y sistemática guía para trabajar nuestra marca personal.


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