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dijous, 30 d’octubre de 2014

¿Sabes usar tus redes sociales para aumentar tu bienestar?. Pilar Jericó.

“Tengo cien amigos en Facebook pero ninguno para tomar una cerveza un viernes por la tarde”, escribió una persona en twitter. Es posible que en las redes sociales no sea oro todo lo que reluce. Si existe un lugar en el que mostramos la mejor versión de nosotros mismos, donde sacamos nuestras mejores fotos, ideas… ese es las redes sociales. Por supuesto, es una herramienta que está cambiando el mundo y nuestra manera de comunicarnos con los demás. Podemos estar en contacto con aquel compañero de facultad del que nos separan kilómetros, con amigos de la infancia (¡si los encontramos en el océano de usuarios!), con nuestros familiares... Y, en este sentido, podríamos decir que nos facilitan enormemente el poder compartir momentos. Por no hablar de la funcionalidad que pueden tener a nivel profesional al permitirnos generar vínculos con personas que nos une un mismo interés. Por supuesto, no se cuestionan los beneficios maravillosos de las redes sociales, sin embargo, el problema es saber si nos ayudan a ser más felices. Para responder a esta pregunta y como solemos hacer en este laboratorio, acudimos a la ciencia.
Han comenzado a proliferar estudios que revelan el impacto no tan positivo de las redes en nuestras vida. Entre ellos destaca el llevado a cabo por Fabio Sabatini de la Universidad de La Sapienza, en Roma, y Francesco Sarracino de STATEC, en Luxemburgo. Analizaron los datos de una encuesta realizada a 50.000 personas en Italia a lo largo del 2010 y 2011, con el fin de saber si el uso de las redes sociales reducía su bienestar subjetivo. Para dar respuesta a su inquietud recogían la información a través de diferentes preguntas: “¿Cómo está de satisfecho con su vida?, ¿con qué frecuencia se reúne con la familia?, ¿puede la gente confiar en usted?, ¿qué uso hace de Facebook y Twitter?...”.  Lo que encontraron puede que a priori no llame nuestra atención, quienes confiaban en los demás y buscaban momentos de interacción con otras personas evaluaban su bienestar de manera más positiva que los que no lo hacían. Cuando el contacto con los otros era fundamentalmente a través de una red social, la confianza en dicha interacción se veía mermada. Tiene su lógica: si la persona la hemos conocido solo a través de una pantalla, necesitamos algo más para confiar en él o en ella. Su lenguaje no verbal, su manera de respirar, su presencia… la magia que tenemos los seres humanos y que es imposible que se recoja en los perfiles cibernéticos. Por ello, los investigadores de la Universidad de La Sapienza aseguran que el impacto que las redes sociales tienen en nuestro bienestar es positivo solo cuando pasamos del mundo online al cara a cara… De ahí lo importante de conocerse personalmente en las webs de contactos  y no pasar horas y horas de chat imaginando quizá imposibles.
Si la interacción cara a cara es la que genera confianza en el otro y, por ello, bienestar en la relación, ¿las redes sociales son una plataforma para impulsar las interacciones en nuestra vida personal? Sí esto fuera así, sería una noticia estupenda ya que el número de usuarios de las redes está en aumento, como confirma la encuesta que realiza anualmente Navegantes en la Red. Sin embargo, algunas investigaciones indican que el uso que hacemos de Facebook, la red social por excelencia, no mejora nuestro bienestar sino que aumenta nuestro malestar. Daniel Gulati, empresario de tecnología y escritor, observó cómo la red de Mark Zuckerberg impactaba en la vida de los jóvenes. Detrás de los comentarios, publicaciones y “me gustas”, aparecían celos, ansiedad y comparaciones poco beneficiosas para uno mismo. Si nos comparamos con la imagen ideal del otro, es posible que pensemos que nuestros logros no lo son tanto.
En definitiva, las redes sociales son una potente herramienta que está transformando positivamente el mundo en muchos aspectos. Sin embargo, un uso exagerado de ellas puede ir en detrimento de nuestro bienestar y de nuestra felicidad. Por ello, como toda herramienta, lo beneficioso es saber usarlas de modo inteligente, de manera que le dediquemos tiempo pero que nunca las sustituyamos por el contacto cara a cara con el otro, con ese café o esa cerveza que anhelaba la persona de twitter.




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