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dissabte, 1 de març de 2014

El saludo con besos. Jordi Jarque.

La costumbre de besar al saludarse se propaga. La globalización puede explicar en parte esta tendencia, ante la cual hay quienes reivindican que no se invada su espacio.
Seguro que se ha encontrado en algún momento ante la duda cuando le presentan a alguien: ¿estrechar la mano o saludarle con dos besos? En principio, el beso es una muestra de cariño, pero en el ámbito social es también una forma de saludo, y siempre ha sido así en determinadas circunstancias. El problema es que esas circunstancias están cambiando, tanto en el ámbito de las relaciones sociales como en otros como el profesional. Y ahí surge el problema, las dudas e incluso los malentendidos.
Porque la realidad es que la costumbre de besar al saludarse se propaga. Para unos es una fórmula más cordial y cercana, para otros, en cambio, se está perdiendo el valor del beso o se raya la imprudencia. Guste o no guste coinciden que se trata de una costumbre que va en aumento. José Daniel Barquero, presidente del Consejo Superior Europeo de Doctores y director general de la Fundación Universitaria Eserp, asegura que actualmente, al menos en España, se besa más al saludarse, “y hace pocos años no era así”. Siete años antes, Cristina de la Vega, entonces presidenta de la Asociación Española de Protocolo aseguraba que en España el beso es una señal de cariño, no de saludo. ¿Tanto ha cambiado el significado del beso? Esther López, psicoanalista que ha ejercido en España, Estados Unidos e Israel y asesora de instituciones sociales, explica que el beso no ha perdido significado si no que sus significados se han multiplicado incluso en un mismo territorio. “Ahora es más fácil que se produzcan equívocos”.
Cada uno lo interpreta según las circunstancias, según la cultura, según el país. Y las interpretaciones no siempre coinciden. El beso no deja de tener una componente socializadora acorde con las costumbres del país o el entorno social. Y mejor conocer estos detalles o puede salir caro. En Dubái, Charlotte Lewis (una turista británica) y Ayman Najafi (un ejecutivo de una consultora internacional), pasaron un mes en la cárcel por saludarse con un beso en la mejilla. De esto hace sólo cuatro años. En occidente no se llega a este extremo pero no en todos los países se contempla de la misma manera. Incluso en un mismo país parece que la perspectiva cambia con los años o los ambientes.
Siempre han existido grandes diferencias en la cultura occidental a la hora de utilizar el beso como saludo. Mientras que en España y Latinoamérica es común el saludo con uno o dos besos, en Estados Unidos depende del Estado, el círculo social y si se trata de grandes urbes o zonas rurales. En Texas no se besan, sólo la familia; mientras que en Los Ángeles prima el contacto y los besos entre amigos. En Canadá y algunos países europeos como el Reino Unido y Alemania, se besa sólo a los familiares. Pero en otros países europeos no es así. En Normandía es habitual saludar con cuatro besos, dos en cada mejilla. En algunas zonas de Francia y Holanda se dan tres besos, también en las mejillas. En Rusia, el número de besos puede llegar a los seis, aunque también puede verse el triple beso, incluso dos hombres besándose, como se ha inmortalizado en fotografías entre mandatarios.
La manera de saludarse va evolucionando.
Hasta ahora en España e Italia se saludaban con dos besos en las mejillas, con el matiz de que en España se ofrece primero la mejilla derecha y en Italia primero la izquierda. Importante tenerlo presente para evitar una situación un tanto bochornosa o cómica. Tampoco se preocupe demasiado si se da el caso, puede excusarse como una manera de romper el hielo de lo estrictamente convencional. Pero no parece que los italianos se sintieran muy cómodos, según explica Ana María Cestero, profesora de la Universidad de Alcalá, especializada en formas de comunicación no verbal. Esta experta realizó hace dos años un estudio comparativo del saludo entre jóvenes italianos y españoles, donde constató que los italianos no se sienten cómodos con la efusividad del saludo de los españoles cuando se besan.
Grecia tiene su idiosincrasia en función de la zona geográfica. En Creta, por ejemplo, el beso en la mejilla es común entre mujeres y entre un hombre y una mujer si son amigos. Entre hombres no es habitual, en cambio en Atenas sí lo es, sobre todo entre amigos cuando se encuentran y al despedirse. Y en España los usos sociales del beso van cambiando. “Ya no es tan raro que los hombres con una amistad arraigada se saluden con un beso o dos en la mejilla”, comenta Esther López. El beso entre hombres es socialmente aceptado en Rusia, en Medio Oriente, pero también en Chile, Uruguay y en algunas provincias de Argentina. En cambio, en otros países puede asociarse con la homosexualidad, excepto en círculos de artistas, donde generalmente prevalece la tendencia a romper lo establecido.
La globalización puede ser una de las causas por las que el beso en la mejilla se vaya propagando, según explica Sheril Kirshenbaum, directora de The Energy Poll de la Universidad de Texas (EE.UU.), autora de The Science ok kissing. Muchas cosas van cambiando con la globalización, donde se comparten costumbres y hábitos. Se empieza a valorar positivamente flexibilizar la rigidez del saludo. Puede denotar una sana espontaneidad. En caso contrario hay quien lo identifica con una falta de empatía, una distancia que no invita a ninguna aproximación real. A saber dónde se encuentra esta fina frontera que además no es inmóvil, va cambiando por días y según las personas.
Otro de los motivos puede ser el papel más activo de la mujer en la sociedad asociado a unas formas diferentes a las del hombre. Se ensalza la presencia de lo femenino, los valores de la feminidad en la sociedad, en las maneras de hacer. Un cambio en las formas. Tal vez más atrevidas, más espontáneas, menos protocolarias. Esther López recuerda que la feminidad se asocia con proximidad al otro, con acogida, con una mayor sensibilidad, tanto en la política como en los negocios. Pero en la misma medida se produce una reacción de rechazo a estas nuevas formas. “Hay personas que reclaman sustituir el beso por el darse la mano para igualar el saludo entre hombres y mujeres, porque en general, ante una misma situación se da la mano o besos según el sexo”, explica Esther López. En esta misma línea, Adrianne Blue, profesora de la City University London y autora de On Kissing, también lo constata y comenta que ahora no es extraño plantearse “si el beso es condescendientemente sexista, o presuntamente intruso, o meramente cálido y sofisticadamente europeo”. Y explica su experiencia.
“Recientemente cené en Londres con un cortés americano que a menudo tenía que viajar a Europa. Fue una velada agradable, que cuando terminó, al llegar el taxi que iba a llevarme a casa, me puse de puntillas para besar al aire cerca de su mejilla en el mismo instante en que él me cogía de la mano para estrecharla. Esta disonancia en nuestro sentido del ritual social nos dejó a los dos un poco turbados y yo me sentí como una de esas mujeres extranjeras malas de las novelas de Henry James, seduciendo al inocente americano”.

Sin duda hay dos tendencias opuestas.

Y las dos se reivindican visiblemente. Francisco Javier Maqueda, miembro de varios consejos de administración de empresas, tanto públicas como privadas, autor de entre otros libros Protocolo empresarial (Esic Editorial), tiene claro que el beso “es una forma de saludo reservada a la gente que ya se conoce anteriormente y con la que tenemos cierta familiaridad. Nunca debemos saludar con un beso a alguien que nos acaban de presentar, ni tampoco a aquellas personas con las que mantenemos una relación más formal. El beso de tipo social es discreto y, en el mismo, las dos mejillas se juntan suavemente y los labios apenas rozan la piel. No deben darse besos en el aire ni, mucho menos, acompañarlos de ruido”. No es para tomárselo a broma. La supuesta feminización de la sociedad también involucra las maneras en las empresas y los negocios. Como si las muestras de intimidad siempre valieran. Hay quienes se quejan de ello. “Nada ilustra mejor la insinceridad de mezclar las relaciones de trabajo con las personales que el beso hipócrita. No me gusta el supuesto de una intimidad personal”, reclama Peter Gorb, de la London Business School. Y Adrianne Blue constata que aunque actualmente son aceptables los besos al aire, incluso obligatorios, en muchas esferas corporativas el besarse sigue siendo una cuestión molesta.
En Alemania consideran el beso de una excesiva muestra de intimidad. No quieren besos. Y con la tendencia actual de besarse más, reivindican el no beso. Al menos es lo que asegura Hans-Michael Klein, presidente de la Deutschen Gesellschaft Knigge, una consultora especializada en etiqueta y el comportamiento social que, tras haber realizado un estudio entre empresarios y trabajadores alemanes, asegura que el beso no es una buena forma de saludar. Aconseja a sus clientes que cambien el beso en la mejilla por el tradicional apretón de manos para evitar incomodar a la otra persona. Hans-Michael Klein asegura que el beso en la mejilla no es una costumbre típica alemana. “Y a la mayoría de la gente a quien se le ha preguntado afirma que no le gusta e, incluso, que le desagrada”. Hay una tendencia a besarse más, “un comportamiento que viene de lugares como Italia, Francia y América del Sur y tenemos que proteger a las personas que no quieren ser besadas”.
Para Hans-Michael Klein, los besos “se quiera o no tienen una componente erótica. La sospecha para muchos es que sigue teniéndola sea en el contexto que sea”. Forma parte de la cultura puritana, una manera de entender y sentir el cuerpo, recuerda Esther López. Les parece poco decoroso. De alguna manera es como si les asustara el mero hecho de asociarlo al erotismo. “En los países anglosajones prevalece de alguna manera la moral puritana, o la atmósfera puritana si se quiere decir de otra manera, donde el contacto es poco menos que pecaminoso. Hay una tendencia a que las personas se sientan invadidas o amenazadas en contraposición a la cultura más latina.
Es una generalidad claro, pero se puede ver en estos pequeños detalles que afectan a las costumbres. Y los saludos con un beso no dejan de verlo impregnado de cierto erotismo. Aunque tampoco se puede negar que no lo haya. ¿Y qué es un beso, sino una muestra de empatía y confianza se quiera o no?”. Para José Daniel Barquero tal vez sea una manera de manifestar que el calor del afecto está presente. “Tal vez vivimos en una sociedad que se va deshumanizando y requerimos más el calor del beso, incluso en el mundo de los negocios”.
Sathnam Sanghera, autor de varios libros, confiesa su dificultad por seguir los protocolos sociales y también constata un aumento de los besos sociales. “Incluso entre colegas. Los expertos coinciden en que la etiqueta en los negocios es no besar. Sin embargo, a mí me resulta difícil ser tan estricto. Habiendo sido educado por los punyabis –que no son los más entusiastas del beso– en el British West Midland, donde cualquier contacto físico que no cause sangre o heridas es considerado innecesario, una parte de mí cree que un hola y un apretón de manos entre colegas es más que suficiente. Al mismo tiempo, el punyabi que hay en mí (aunque no somos partidarios de los besos, sí de los sofocantes abrazos) junto con mi profesión (he asistido a cenas en Londres donde incluso el anfitrión masculino me ha besado para despedirse) y una cierta dosis de necesidad me hace pensar que no hay nada de malo en las demostraciones físicas del afecto. Tras largas consideraciones, he llegado a la conclusión de que los besos sociales entre colegas están bien”, termina por comentar Sathnam Sanghera.

El beso no deja de tener un fuerte carácter socializador.
Es una manera de presentarse, de romper el hielo. Y para romper el hielo algo de calidez precisa el saludo, recuerda Esther López. No deja de ser una forma comunicativa del lenguaje no verbal donde prevalece el sentido del tacto. Los contextos definen, pero también se disuelven con el fenómeno de la globalización. La etiqueta social y el protocolo internacional establecen no besar a la persona que acaba de ser presentada. Pero la realidad suele ser distinta. Y el beso cada día es más común verlo como forma de saludo. Tal vez llegará el momento que los colegas se saludarán con un piquito como es más habitual en el mundo de los artistas. Mucho menos frecuente en Londres, menos frecuente en Nueva York, más frecuente en Los Ángeles y mucho más frecuente en París, según constata Henry Alford autor de Would it kill you to stop doing that? A modern guide ot manners. ¿Se lo imaginan?

Filematología

Es un nombre raro. Pero se trata de la ciencia que estudia el beso. Indaga sobre sus orígenes y en cómo ha cambiado su significado a lo largo de la historia, los tipos de beso, los elementos que intervienen en éste y las reacciones físicas y mentales que provoca en el ser humano. La filematología establece una variedad de besos, pero asegura que la finalidad es la misma: una forma de estar más cerca del otro, no deja de tener una componente de afecto y calidez, una forma de romper el hielo. También en el saludo. La ciencia del beso se encarga además de investigar los sentidos que intervienen al momento de besar y que según algunos resultados son el gusto, el tacto y el olfato. Cada uno por separado producen una fuerte reacción emocional y química entre los participantes y cambiando definitivamente el estado mental al combinarse la reacción de estos sentidos. La filematología también se encarga de la relación que existe entre beso y sexo. Para Helen Fisher, antropóloga bióloga, investigadora del Center for Human Evolution Studies, en el departamento de Antropología de la Universidad de Rutgers (EE.UU.), el beso actúa como un poderoso mecanismo de adaptación que está presente en más del 90 % de las sociedades humanas. El beso para Fisher está muy involucrado con la química, pues al besar el organismo genera ciertas hormonas que nos llevan a un determinado estado mental. En cuanto a los significados del beso y su saludo ha ido cambiando a lo largo de la historia, según recogió el antropólogo Kristoffer Nyrop en su libro The Kiss and its History publicado a principios del siglo pasado. Los persas se besaban en la boca como muestra de pertenecer a la misma clase social, y si saludaban a alguien de otro estatus, el beso era en la cara. Entre los griegos también se saludaban como los persas, y además se besaban entre padres e hijos (sólo hombres) o entre amigos muy próximos, también para simbolizar el respeto y la hospitalidad que tenían a sus invitados. En el catolicismo se desechó este tipo de saludo, pero en el Renacimiento se retomaron las costumbres persas y volvieron a besarse en la boca hombres y mujeres de la misma clase social para saludarse, costumbre que fue decayendo hasta que en plena revolución industrial el beso queda reducido al ámbito íntimo. La gente no podía besarse en la calle. En la década de los sesenta, la cultura hippy convirtió el beso en símbolo de rebeldía. De ahí a la ruptura de algunos protocolos media un paso que en algunos casos se ha dado. Ojo, que también se besa para traicionar o matar (el beso de Judas y el de la mafia). Pero parece que esta costumbre se va desterrando.


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