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dilluns, 16 de juny de 2014

Dejen ya de confundir nivel de vida con calidad de vida. Philippe Claudel. La Contra de La Vanguardia.

Philippe Claudel, cineasta
Tengo 51 años: más tiempo vivido que por vivir y calculo en qué no lo gasto. Vivo a 200 metros de donde nací en Nancy. Creo en la política como construcción de lo comúm; no en los partidos. Amo a una mujer y tenemos un hijo. Creo en los valores cristianos, pero no en Dios

AROMAS
Si alguna vez se han preguntado si es posible ganarse la vida haciendo lo que uno quiere sin fanfarrias, ni excesos, ni egos desaforados, aunque lo que uno quiera hacer sea cine, la respuesta es Philippe Claudel, enhebrando con sencillez el relato de una vida tranquila en un pueblecito de Alsacia, rodeado de bosques y de viejos amigos, a los que les da igual cuánto ha hecho de taquilla su última película o si le van a dar uno o tres Oscar o ninguno. Allí se abre Claudel al mundo y lo percibe y lo explica en ráfagas de imágenes esenciales sobre un abeto, una acacia o el ajo. Aromas que agita en la memoria "como un pañuelo perfumado esparce recuerdos en el aire".

Una película o es un misterio y una pregunta incómoda sobre ti mismo o es un videoclip publicitario. Yo prefiero hacer preguntas a anuncios.

¿No hay otras posibilidades?
Cualquier obra de arte tiene que dejar a quien la completa, es decir, al espectador, interrogándose sobre si mismo; sobre lo que ha visto; sobre los demás...

También existe la posibilidad de ir al cine a pasar un buen rato.
Para eso están los buenos anuncios: un filme que te dan perfectamente empaquetado: cerrado. Son los que Hollywood lleva décadas vendiendo, porque venden.

¿Qué hay de malo?
Nada. Te colocan una trama donde te dicen en qué momentos debes pasar miedo o respirar aliviado cuando el protagonista se salva por los pelos de que lo atropelle el tren.

O tal vez sea una comedia.
Entonces te dan unos gags empaquetados en los que el guionista te marca cuándo debes reírte y cuándo emocionarte.

No soporto las risas enlatadas.
Es parte de lo que le digo: no te dan una película, te dan una orden. Es una historia cerrada y simple sin ninguna posibilidad de entender más allá de lo que te dice el guionista, que repite esquemas considerados infalibles. Yo intento hacer todo lo contrario: dejar una trama abierta para que la gente tenga que hacerse preguntas.

¿Y no es muy cansado hacerse tantas preguntas?
Yo encuentro cansado no hacérselas. A nadie que mande le interesa que nos hagamos preguntas. Quienes no se hacen ninguna pregunta suelen obedecer mejor y, además, compran lo que se les dice sin protestar.

Eso quiere decir ir al cine a pensar.
Eso quiere decir que la película te haga reflexionar sobre tu propia vida. Es lo que he intentado con Avant d'hiver, gracias a Daniel Auteuil v Kristin Scott Thomas. Son una pareja perfecta gozando de una vida maravillosa, según todas las apariencias, pero cuando empiezan a hacerse preguntas, todo se desmonta.

¿Va de recesión y crisis?
En absoluto. Va de la vida. De que a más dinero no hay más felicidad. Y de lo equivocados que están quienes confunden nivel de vida con calidad de vida y con visir. Yo animo a que se reflexione y no se confunda.

¿Podemos tener calidad de vida sin nivel de vida?
Por supuesto que no hablo de ascesis ni de ser monjes aquí, sino de sentido común. ¿Por qué vas a ser más feliz con el iPhone 4 que con el 5 o el que toque comprar ahora?

Y eso quien pueda pagárselos.
Los demás, los que ya no se pueden pagar nada, ya no salen en la foto de la publicidad. ¿Lo ve? Ya no interesan. No existen.

Pero están.
Ellos mismos se consideran fuera de foco. Fíjese en cómo hemos interiorizado las órdenes que nos dan sin cuestionarlas. Cuando yo estudiaba, nadie en mi clase del instituto respondía si le preguntabas qué iba a ser de mayor "Yo quiero ganar dinero".

¿Qué hay de malo en ganar dinero?
Sólo digo que en mi juventud la gente quería ser médico, ingeniero, artista... Pero el dinero era un medio para serlo; no era el ser en sí. Hoy los chavales en el aula te dicen que quieren ser lo que sea -es lo de menos- para “ganar mucho dinero".

Espero que haya de todo en las aulas.
Tal vez algún chaval se esté haciendo preguntas sobre su vida y su futuro, y descubra que es mucho más importante tener la calidad de vida de poder hacer algo que te gusta que el nivel de vida de ganar haciendo algo que no te gusta.

Seguro que alguno habrá.
Ya no le hablo de grandes revoluciones, sólo me refiero al puro sentido común. Ese que le ha faltado a quien quería hacer películas, o esculturas o simplemente irse a viajar por el mundo y ha acabado esclavizado por un sueldo, que, además, cada vez es menor y menos seguro.

¿Usted sí que tuvo sentido común?
El hecho de hacer lo que he querido, esto es, escribir y filmar sobre todas las preguntas que hago y me hago, es para mí el sentido común. Y no es sólo mío: todos pueden tenerlo si quieren.

¿Y así se puede pagar la hipoteca?
No confunda la vida con la hipoteca. Yo no vivo en París, vivo a cien metros de donde nací, en un lugar que amo de Alsacia. Eso me ha permitido paradójicamente ser libre y no tener que pagar alquiler. Y así no tener que trabajar de algo que no me gustaba.

¿Nunca se ha arrepentido?
No me arrepiento de nada, pero ahora calculo en qué empleo cada segundo, porque me queda menos tiempo delante del que he dejado atrás. Y en ese cálculo le aseguro que el dinero sigue siendo secundario: sólo importa en la medida en que importa. Lo justo.

¿Alguna ventaja en ese cálculo?

Al saber que te queda menos vida, la aprecias más. Y al haber llenado tu memoria de momentos y lugares preciosos, al compararlos con otros nuevos, todos me resultan aún más bellos. Y los gozo más.


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