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divendres, 13 de juny de 2014

Es difícil hacer a un hombre miserable mientras sienta que es digno de sí mismo. Frases para cambiar vidas.

Autor: Abraham Lincoln Abraham
Lincoln fue uno de los más queridos y respetados presidentes de los Estados Unidos. Su biografía es bien conocida, desde su humildísimo nacimiento a su asesinato en un teatro a manos de un actor, pasando por la guerra civil estadounidense y su decisiva intervención para abolir la esclavitud en su país. Pero quizá no tan conocida es una carta que escribió al profesor de su hijo en el año 1830. A pesar de que esta carta fue escrita ¡hace casi hace 200 años!, sigue siendo una inspiración y parece que fue escrita ayer mismo.
«Querido profesor, él tendrá que aprender que no todos los hombres son justos, ni todos son sinceros, pero por favor dígale:
“Que para cada villano hay un héroe”...
“Que para cada egoísta hay también un líder dedicado”;
enséñele, por favor, que para cada enemigo habrá también un amigo; enséñele que vale más una moneda ganada que una moneda encontrada.
Enséñele a perder, pero también enséñele a saber gozar de la victoria; apártelo de la envidia y dele a conocer la alegría profunda de la sonrisa silenciosa.
Hágalo maravillarse con los libros, pero déjelo perderse con los pájaros en el cielo, las flores en el campo, los montes y los valles.
En los juegos con los amigos, explíquele que la derrota honrosa vale más que la victoria vergonzosa, enséñele a creer en sí mismo, igual solo que contra todos.
Enséñele a ser amable con los amables y severo con los rudos; enséñele a no entrar nunca en el tren simplemente porque los otros entraron. Enséñele a escuchar a todos, pero a la hora de la verdad a decidir solo.
Enséñele a reír cuando esté triste y explíquele que a veces los hombres también lloran.
Enséñele a ignorar las multitudes que reclaman sangre y a luchar solo contra todos si él cree que tiene la razón.
Trátelo bien, pero no lo mime, pues solo la prueba del fuego hace el verdadero acero; déjelo tener el coraje de ser impaciente y la paciencia de ser corajudo.
Transmítale una fe sublime en el creador y fe en él mismo, pues solo así podrá tener fe en los hombres.
Yo sé que estoy pidiendo mucho, pero vea lo que pueda hacer, querido profesor


Abraham Lincoln, 1830.


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