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dimarts, 10 de juny de 2014

"Segregar a los niños es segregarnos a los ciudadanos". Gordon Porter. La Contra de La Vanguardia.

Gordon Porter pide educar a los discapacitados con los demás niños.

Tengo 67 años y llevo 40 luchando contra la segregación escolar. Soy de New Brunswick, Ca­nadá, país pionero en coeducar niños con más y menos problemas. La educación inclusiva es más eficiente y menos costosa. Colaboro con la Fundació Aspasim en su 75.º aniversario

INGLÉS PARA TODOS YA
Que todos los niños aprendieran en todas las escuelas un buen inglés, además de buen catalán y castellano, sería nues­tra mejor medida contra la desigualdad. Porque, hoy y aquí, quienes pue­den, pagan a sus hijos un colegio en inglés. Se lo explico a Porter, pio­nero de la escuela inclu­siva, que integra a niños con discapacidades -tam­bién socieconómicas-, y él insiste en el fracaso de la educación elitista: segrega ciudadanos. Me recuerda que Canadá, Finlandia, Singapur, Co­rea del Sur y otros paí­ses con los mejores re­sultados educativos tie­nen una educación gra­tuita de calidad para to­dos. Esa es su mejor ga­rantía de que seguirán siendo países cohesiona­dos y prósperos.

Soy maestro y amo mi trabajo: me emociona ayudar a un niño con problemas a superarlos.

Es emocionante.
Por eso, tras mi jornada laboral me hice profesor voluntario en un colegio para niños discapacitados, el Peter Pan.

Bien hecho.
Entonces creía que era mejor educar a los discapacitados en centros segregados.

Aquí hay muchos centros así.
Pero un día le pedí a mi hijo de ocho años que, cuando fuera camino de su colegio, se detuviera un momento en el Peter Pan, que le iba de paso, y dejara allí unos papeles

...
Pero pasaron los días y el chaval no los en­tregaba. Mi mujer me explicó que al crío le daba vergüenza que sus amiguitos le vieran entrar en el colegio "de los subnormales".

Los niños reflejan los valores adultos.
Ese día me di cuenta de que no sólo los ni­ños Down, sordos, ciegos, cojos o con cual­quier otro problema..., ¡todos los niños nece­sitan educarse juntos para aprender a apre­ciar la diversidad y a cooperar entre ellos!

¿Por qué?
Porque nadie es perfecto. Si aprenden a tole­rar, respetar, ayudar a los demás, también aprenden a superar sus propios problemas. Y ¿es que hay algún niño que no los tenga?

Todos tenemos y necesitamos ayuda.
Pues yo he dedicado mi vida a ayudarles a ayudarse. Y sigo convencido de que es un error educar en escuelas especiales a cie­gos, sordos, Down, autistas, o a cualquier otro discapacitado. Hemos conseguido que casi todo Canadá tenga escuelas inclusivas y las he defendido con argumentos en 40 paí­ses, como ahora en Catalunya Y España.

También se discrimina por dinero.
¡Otro error! En Canadá todos los niños van a la misma escuela -hoy también los disca­pacitados-, donde se educa a ricos y pobres; cristianos y judíos y musulmanes; a los muy inteligentes para el colegio y a los que son más inteligentes para otras cosas.

Aquí hay colegios caros, otros gratis, y entre ellos los hay buenos y otros menos.
Pues eso no es construir la convivencia. En Latinoamérica he visto cómo la prioridad de los profesores de las escuelas públicas es llevar a sus hijos a un colegio privado. En Canadá, los políticos llevan a sus hijos al mismo colegio que sus votantes: ¿qué incen­tivo iban a tener si no para mejorar la escue­la de todos si ellos llevan a sus hijos a otra?

Es una buena pregunta.
Ahora en Canadá intentamos mezclar niños de distintos entornos socioeconómicos, siempre que las distancias no sean insalva­bles, en la misma escuela porque eso les en­riquece a todos.

Suena muy bonito, pero ¿un niño sordo o ciego no retrasa al resto del grupo?
Por eso tenemos equipos de refuerzo peda­gógico especializados terapeutas, psicólo­gos, profesores especialistas...

Canadá se lo puede permitir, pero tal vez no otros países.
Siempre es menos costoso financiar equi­pos de refuerzo para todos que construir es­cuelas especiales para cada discapacidad.

¿Por qué?
Porque en los países que segregan a los ni­ños con alguna discapacidad los recursos se dispersan; en cambio, en los países con edu­cación inclusiva, los recursos se concentran todos en el mismo sistema y todos ganan.

Supongo que integrar a niños con gra­ves deficiencias en el cole no es fácil.
Es un camino difícil y no una solución mági­ca, pero vale la pena, porque es mejor que la segregación ya desde el primer día. Me di cuenta cuando conocí a David.

Cuéntenos.
Era un niño con síndrome de Down, pero además con serios problemas para andar y expresarse. Yo era responsable de educa­ción del distrito pionero en Canadá en edu­cación inclusiva, así que me presenté por sorpresa en su colegio a ver cómo iba.

¿David se integraba?
Observé desde un rincón y, al principio, bien, pero llegó la hora del recreo y todos salieron corriendo y riendo y lo dejaron so­lo en clase con su terapeuta...

Tal vez esperaba usted demasiada ...
...Me deprimí. Pensé que tal vez los casos más graves sí requerían de un centro espe­cial. Pero los niños volvieron y el profesor tenía un plan magnifico y David se integró. Los chavales le ayudaban incluso con cari­ño. Y salí sonriendo y con la moral intacta.

Me alegro.
Aprendí que no hay milagros: hay resulta­dos y sólo si el trabajo es bueno. Lo compro­bé con una niña ciega, Tracy. La llevaban a un colegio para ciegos, pero lejos de su casa, y su madre nos pidió que la aceptáramos en el cole del distrito con todos los demás.

Pero ¿cómo iba a seguir las clases?

Compramos un ordenador con Braille para que su maestro corrigiera lo que escribía. Pero como Trace sólo había estado con otros ciegos, caminaba mirando al suelo. En­tre todos le explicaron que así llamaba la atención y en unos días corrigió su postura. Fue una lección para ella y para todos los niños, que se sintieron mejor al ver que su nueva amiguita mejoraba.


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