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dimarts, 3 de juny de 2014

Es mejor perder con otros que ganar solo. Ángel Gabilondo. La Contra de La Vanguardia.

Ángel Gabilondo metafísico y escritor.
Tengo 64 años. De San Sebastián, vivo en Madrid, soy catedrático de metafísica de la universidad Autónoma de Madrid. En pareja. Tengo dos hijos. Los tiempos difíciles hay que abordarlos y aceptar el desafío. En la economía debe haber cultura y corazón. Creo que hay algo más que lo visible

COMIDA PARA EL ALMA
Su paso por la política (fue ministro de Educación del 2009 al 2011) no le ha cambiado, sigue siendo un ciudadano comprometido e ilusionado y un profesor vocacional que aspira a acompañar a sus alumnos en la búsqueda de sabiduría, palabra difícil sin la ayuda de maestros como André Comte-Sponvílle, que la definió como el máximo de felicidad con el máximo de lucidez; pero probablemente Gabilondo me diría que felicidad es una palabra demasiado ambiciosa y que sus fecundas reflexiones sobre el vivir no son en él hechos consumados, sino aspiraciones. Acaba de publicar un libro de máximas y mínimas, Por si acaso (Espasa): buen material para el alma.

¿Qué ha aprendido de la vida?
Solemos esperar que sucedan cosas que no acaban de llegar. La única manera es hacer fecundo cada momento y vivirlo intensamente.

Pero eso es muy difícil…
Nos refugiamos en los tópicos, en la tranquilidad, y ahí hacemos una casita.

Pocas veces somos arriesgados.
Kant decía que el pensamiento es un atrevimiento.

Pero se ha de convertir en acción.
La palabra dice y hace lo que dice, pero hablamos mucho y decimos poco. Decir es una forma de vivir. La verdadera belleza es ser bello por la forma de vivir, y la mentira es vivir lo contrario de lo que uno dice.

Vivimos rodeados de palabrería.
Me pregunto si alguno de nuestros males de hoy no tienen que ver con la pérdida de la palabra, con que ya no hay seres de palabra.

Y creo que hay cosas que sólo se tienen si se dan: por ejemplo, las gracias, el amor, el conocimiento o la palabra. Cuando das la palabra te conviertes en un ser de palabra. El agradecido es el agraciado. No querer poseer, conquistar, dominar, asegurar; frente a eso la idea de abrirse al otro, darse.

¿Feliz?
Esa es una palabra demasiado grande, pero sí dichoso y gozoso de vivir.

¿Todo el rato?
Todo el rato no tengo nada.

Cuantos más años cumplimos ¿más nos parecemos al niño que éramos?
La infancia sólo se tiene de mayor, de niño se vive.

¿Un niño triste es un adulto triste? .
La tristeza forma parte de uno. Nietzsche decía que el fastidio es un estado de ánimo que obedece a unas causas, eliminadas las cuales no se elimina el fastidio. Uno tiene que aprender a vivir un poco fastidiado sin echar la culpa a los demás.

¿Por qué es tan dificil entenderse con uno mismo?
Nos falta sencillez, somos retorcidos y tenemos muy poca tendencia a aceptar con humildad que esto es lo que hay y vivirlo con frescura. Tengo la sospecha de que estamos un poco confundidos, viviendo por aquello que no merece la pena y descuidando aquello que verdaderamente es interesante.

¿Qué merecee para usted la pena?
Luchar con alguien por algo. Es mejor perder con otros que ganar solo. El verdadero amor es ir con alguien tras algo.

La soledad nos persigue.
No se quita: es la relación con uno mismo, pero con otros es más llevadera. Saber vivir con ella te facilita la relación con los otros. Yo ahora ando más obsesionado con si soy capaz de querer y de dejarme querer.

¿Qué ha aprendido de la convivencia?
Quienes no se soportan a sí mismos son insoportables.

En este mundo injusto vivimos unos a costa de los otros…
Lo sensato es vivir con una cierta percepción de que somos muy vulnerables, influenciables, débiles. Hay que asumir la propia fragilidad, y para eso hay que ser fuerte.

De acuerdo.
A mí la arrogancia me molesta. Pero, como dice Eduardo Galeano, guardemos el pesimismo para tiempos mejores. Creer en los demás y luchar con ellos es una decisión.

¿Qué ha aprendido en la política?
Que hay una dimensión social, política y pública en todos nosotros que a veces no cultivamos y queremos que otros nos lo resuelvan, y así creamos un gran ejército de culpables. Todos debemos participar en nuestros entornos y comprometernos en la gestión de nuestros asuntos.

Le cuesta quejarse.
Creo que hay que ser crítico, disentir e incluso impugnar, pero no llenarlo todo de quejas paralizadoras infecundas.

Parece que en lo esencial la especie humana no ha evolucionado mucho.
Somos un poco patéticos, pero esa convicción de ser el ombligo del universo a mí me inspira ternura. Quizá, en definitiva, hacia mí mismo. Me doy un poca de risa.

Eso nos salva.
El sentido del humor es la distancia de uno respecto de sí mismo. Sin sentido del humor los otros sentidos son vulgares.

¿Se plantea el después de la muerte?
No, pero sí me planteo sobrevivirme cada día, que al acabar el día pueda decir como Séneca: "¡Qué alegría, hoy he vivido!".

Hacer de lo cotidiano algo sublime es casi una utopía.
Reducir la vida a los momentos memorables o a la consecución de tus grandes objetivos es no vivirla. No es lo mismo la medianía que la mediocridad.

¿Dónde pone usted la pasión?
En casi todo. Es más la insistencia, la persistencia y la resistencia que la exaltación. A mí me gustaría ser insistente en las convicciones. Cada día creo en menos cosas pero creo más en ellas.

Es usted un raro. ¿Le gustan los raros?

"Desarrollad vuestra legítima rareza", decía René Char. Sí, a mí me gusta la gente rara, la diversidadd y la diferencia.


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