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dimarts, 19 de març de 2013

"Educar a un joven no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía". Frases para cambiar vidas.

Autor: John Ruskin
Cuando eres un educador siempre estás en el lugar apropiado a su debido tiempo, porque no hay lugares impropios ni horas malas para enseñar o para aprender. Quién pretenda cerrar la puerta del conocimiento en un momento concreto de su vida y decidir que ya sabe cuanto ha de saber, flaco favor se hace, porque reniega de la esencia misma de la vida que es educarse de manera constante, instruirse sin pausa y, si es posible, hasta el último momento, porque siempre nos quedará una nueva lección pendiente de aprender.
Educar, se dice, es adiestrar al hombre para hacer un buen uso de su vida; lo cual significa formarle para ayudar a que encuentre el camino hacia su propia felicidad. Hay muchas y buenas citas en torno al papel protagonista de la educación y de los educadores en nuestra vida: "La educación es lo que la mayoría recibe, muchos transmiten y pocos tienen", según el escritor austriaco Karl Kraus. "El educador mediocre habla. El buen educador explica. El educador superior demuestra. El gran educador inspira" en palabras del escritor estadounidense William Arthur Ward. "Enseñar no debe parecerse a llenar una botella de agua, sino más bien a ayudar a crecer una flor a su manera" para el filósofo Noam Chomsky. "La educación consiste en enseñar a los hombres no lo que deben pensar, sino a pensar", en acertado razonamiento del trigésimo presidente de EE.UU., Calvin Coolidge.
¿Y cuál es la cualidad más importante que ha de poseer un educador? la capacidad de transmitir a sus pupilos confianza en su propio pensamiento, hacerles creer que lo que ellos piensen es mucho más importante que lo que él mismo les está transmitiendo. Que su capacidad para discernir y distinguir lo que es o no correcto, lo que está o no está bien, lo que es o no es verdad, es algo que nadie les debe arrebatar. Un educador no es un transmisor de conocimientos, sino un "vendedor" de herramientas para pensar.

La parábola del gran futuro líder...
Un joven maestro de escuela tuvo un sueño en el que una especie de ángel revelador se le aparecía y le decía algo así:
- Se te dará para su educación a un niño que crecerá hasta convertirse en un gran líder mundial". ¿Cómo le vas a preparar para que se percate de su inteligencia, crezca con confianza en sí mismo, desarrolle tanto firmeza como sensibilidad, tenga una mente abierta y consolide un fuerte carácter? En pocas palabras: ¿qué tipo de educación le ofrecerás para que pueda convertirse en uno de los líderes más grandes del mundo?
El joven maestro se despertó con un sudor frío. Nunca le había ocurrido antes algo parecido. Uno de sus actuales o futuros alumnos podría ser la persona descrita en su sueño. Les debía de preparar para ascender hasta el límite de sus posibilidades. El maestro pensó:
- ¿Cómo podría cambiar mi modo de enseñar, si yo supiera que uno de mis alumnos es ese futuro líder mundial de mi sueño?
Poco a poco comenzó a formular un plan en su mente:
Ese estudiante necesitará experiencia, tanto como instrucción.
Él tendrá que saber cómo resolver problemas de diversa índole.
Él tendrá que crecer en carácter, así como en conocimiento.
Necesitará seguridad en sí mismo, así como la capacidad de escuchar y trabajar con otros.
Él tendrá que entender y apreciar el pasado, pero siendo optimista sobre el futuro.
Él tendrá que valorar el aprendizaje toda la vida, con el fin de mantener una mente curiosa y activa.
Él tendrá que crecer en la comprensión de los demás y convertirse en un estudiante del espíritu.
Él tendrá que establecer altos estándares para sí mismo y aprender autodisciplina, pero también necesitará de amor y de aliento para colmarse de compasión y bondad.
Y el modo de enseñar de aquel joven maestro cambió. Cada joven que pasaba por su aula se convirtió para él en un líder mundial en potencia. Vio a cada uno de sus alumnos, no como eran, sino cómo podrían llegar a ser. Él esperó siempre desde entonces lo mejor de sus pupilos. Él los educó a todos desde ese instante como si el futuro del mundo dependiera de sus enseñanzas.
Después de muchos años, una mujer a la que dio clase ocupó un cargo de relevancia mundial. Se dio cuenta de que ella, seguramente, debía de haber sido la niña descrita con tanto detalle en su sueño. Pero, y es lo más importante, como aquel profesor fue incapaz de identificar al alumno que sería un gran líder, no le quedó más remedio que preparar a todos por igual.
Pero no importa, porque si alguno de sus alumnos no alcanzó a ser esa celebridad anunciada, si llegó a convertirse en un padre soberbio o en un excelente profesor, como él mismo, o en un gran médico o en un genial artista o en un generoso filántropo...
El futuro de un niño puede depender de la influencia positiva o negativa que se le transmita en un instante concreto de su formación. En la parte negativa, ya sabemos qué ocurre cuando alguien no goza ni del afecto preciso ni de las mínimas oportunidades para progresar. La frustración le condena  a una vida de rencor y, probablemente, desaprovechada.
Sin embargo, algo notable sucede en nuestras vidas si damos con quién cree y confía en nuestro talento, por encima quizá de nuestra propia fe en nosotros mismos (un profesor, un tutor, un mecenas...) Alguien capaz de transmitirnos el conocimiento esencial de la vida, que más que con fórmulas matemáticas o complejos algoritmos, tiene que ver con enseñarnos a reconocer la mágica realidad del mundo infinito que nos rodea, o la necesidad de no perder jamás nuestra curiosidad y mantener perpetuamente abierta la puerta al entendimiento, la sabiduría y la educación.



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