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dilluns, 25 de març de 2013

NO DEJEMOS DE JUGAR. Àlex Rovira.

Todo el mundo coincide en que jugar es una actividad fundamental para el desarrollo de los niños, pero pocos son conscientes de la importancia de seguir jugando en la edad adulta.
En nuestro idioma, los adultos usan el término juego para apuestas, loterías y casinos, en las antípodas de una actividad creativa. En inglés, sin embargo, play es un verbo dinámico y proactivo, ya que reúne acciones como “jugar”, “actuar”, “activar” o “tocar un instrumento”. En una traducción literal pero inadecuada nos damos cuenta, por ejemplo, de qué bella es la expresión “jugar la guitarra”, porque denota un proceso experimental, lúdico y creativo vinculado al aprendizaje.
El psiquiatra norteamericano Stuart Brown compara el juego con el oxígeno: “Está a nuestro alrededor, pero no lo apreciamos hasta que lo perdemos”. Según una investigación de este autor, que ha fundado el National Institute for Play, muchos convictos por delitos criminales en las cárceles de Texas reconocieron la falta de juego en su infancia, lo cual limitó su tolerancia y sus recursos en la edad adulta.
Jugar es mucho más que una diversión para niños. Es la expresión de un ser humano que despliega todas sus capacidades para adaptarse a un entorno siempre cambiante. El juego amplía el ancho de banda de nuestras relaciones con los demás y nos ayuda a lidiar con un amplio abanico de situaciones.
Todos estamos invitados a respirar este oxígeno que nutre los pulmones del alma de ilusión renovada y creatividad. Desde jugar con nuestros hijos a aprender a tocar un instrumento, pasando por imaginar otras realidades o proyectar lo que aún no existe, como hacíamos de pequeños.
Y  quizás lo más importante es que a través del juego podemos por un lado, librarnos del ego, o por otro (en el mal perder) verlo con nitidez y poderlo trabajar. Un viejo amigo nos comentaba no hace mucho que si quieres en verdad conocer a alguien fíjate en la relación que tiene con el dinero (si es generoso o avaro, o si tiende a invitar o se hace el despistado a la hora de pagar, por ejemplo), y también observa cómo vive el hecho de jugar, el ganar y el perder, el sentirse acorralado. En los pequeños gestos de la vida se muestran los grandes guiones de nuestras grandezas y miserias.
No estaría de más, de vez en cuando, detenernos a observar y darnos el permiso de ver la maravilla que se produce cuando niños, adultos e incluso animales, juegan libremente, se sueltan, se dejan ser, y la alegría brota a borbotones. Y tras esa observación, darnos el gustazo de soltarnos a jugar.

Juguemos, pues, porque la vida es juego, y los juegos, juegos son.
Álex Rovira y Francesc Miralles



P.D. En este vídeo, ameno y fascinante, Sir Ken Robinson comparte una serie de reflexiones lúcidas y divertidas sobre la creatividad, la educación, el juego como camino de manifestación del talento natural y otras cuestiones que tienen que ver con el crecer como personas. Merece mucho la pena dedicar tiempo a contemplarlo.








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