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divendres, 22 de març de 2013

“Todos vivimos con el objetivo de ser felices. Nuestras vidas son diferentes, pero en el fondo, iguales”. Frases para cambiar vidas.


Autor: Ana Frank
La empatía está de moda. El presidente de EE.UU. Barack Obama, ha afirmado recientemente que el "déficit de empatía" en su país, es un problema más apremiante que el *déficit federal (*la diferencia entre los gastos del gobierno y sus recaudaciones en concepto de impuestos), mayor quebradero de cabeza de la administración Obama en la actualidad.
Pero, ¿qué es exactamente la empatía?: la capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente o, incluso, lo que puede estar pensando. Las personas con una mayor capacidad de empatía son las que mejor saben "leer" a los demás. Captan información sobre la otra persona a partir del lenguaje no verbal, de sus palabras, del tono de su voz, sus silencios, de su postura, su expresión facial, etc. Y en virtud de toda esa información, intuyen lo que está pasando dentro de ellas, lo que están sintiendo.
En 2011, investigadores de la Universidad de Chicago llevaron a cabo un sencillo experimento para determinar si una rata liberaría a otra rata de una jaula en la que una de ellas estuviese encerrada. La respuesta fue afirmativa. Tras varias sesiones, los roedores aprendieron, intencional y rápidamente, a abrir el mecanismo de inmovilización y liberar a las ratas enjauladas. Las ratas también repetían la misma conducta, incluso cuando se les negaba la recompensa. Y lo que resulta aún mucho más sorprendente es el hecho de que cuando a los animales "libertadores" se les presentaron dos jaulas, una con una rata y con chocolate en la otra, decidieron abrir las dos y hasta compartir el chocolate con la rata que acababan de liberar. Para los investigadores la conclusión resultaba inevitable: las ratas mostraban empatía. Esta es la primera vez que se observa que los roedores son capaces de ponerse en el lugar de otros y que eso impulsa un comportamiento prosocial, que parecía limitado a los seres humanos y a algunos primates.
La motivación de la rata para abrir la puerta no era la necesidad de contacto social, sino únicamente aliviar el sufrimiento de su semejante. De la misma manera, cuando los humanos nos relacionamos somos el reflejo de la angustia de un "otro" y a menos que nuestros cerebros estén dañados o tengan un desarrollo anormal, nos sentimos impulsados a aliviar el sufrimiento del que sufre. El resultado es que la empatía funciona como una especie de "pegamento social" y es parte de la base evolutiva de la cooperación humana.
Aunque la empatía se ha convertido en un término de moda, como decía al principio del comentario, apareció por primera vez en el transcurso de una conferencia en el año 1909 por parte del psicólogo de la Universidad de Cornell, Edward Titchener B. Un estudio de la literatura científica e histórica revela que su significado ha variado significativamente con el tiempo.
El cambio fundamental se produjo en 1992, cuando un grupo de investigadores italianos identificó las llamadas *"neuronas espejo" en un grupo de monos macacos. (*Se denominan neuronas espejo a una cierta clase de neuronas que se activan cuando un animal o persona ejecuta una acción y cuando observa esa misma acción al ser ejecutada por otro individuo, especialmente un congénere)
Décadas de investigaciones científicas demuestran que la gente es más amable con aquellos con los que puede identificarse. La razón es que cuando hacemos el esfuerzo imaginativo de ponernos en los zapatos de otra persona y ver las cosas desde su punto de vista, nos volvemos menos capaces de ignorar su sufrimiento. Una teoría es que cuando sentimos empatía, nuestro cuerpo se inunda de sustancias químicas, como la oxitocina, que viajan hasta los centros de placer del cerebro.
En general, es fácil para la mayoría de las personas tener una respuesta empática ante un daño físico ocurrido a otra persona. Cuando no se trata de dolor físico, sino emocional, puede ser más difícil saber lo que la otra persona está sintiendo y requiere un grado de atención y de conciencia de la otra persona mucho más elevado.
¿Cómo aumentar nuestra capacidad empática? pues observando con más detalle a los demás mientras hablamos con ellos, prestándoles toda nuestra atención y leyendo los mensajes que la otra persona, consciente o inconscientemente, transmite, esforzándonos por ponernos en su lugar y descifrar lo que siente. Y todo ello sin olvidar que la empatía es mucho más que saber lo que el otro experimenta, también se debe responder de una manera apropiada a la emoción que la otra persona está sintiendo.
Tal vez vivamos en una sociedad donde la gente sea cada vez menos empática (según estudio de la Universidad de Michigan, los niveles de empatía de estudiantes universitarios cayeron un 40% entre el año 2000 y el 2010). No obstante, el único modo de hacer que el mundo sea cada vez más empático y no al revés, consiste en que cada persona se esfuerce individualmente, prestando más atención a los demás, a sus emociones, a lo que pueden estar sintiendo o pensando... y detectar cómo les afecta lo que decimos o hacemos. Hay veces que no somos conscientes de las heridas que provocamos con nuestra actitud, palabras o comportamiento.


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