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dimarts, 26 de març de 2013

LAS BRONCAS DE PAREJA PUEDEN SER BUENAS. Robert J. Sternberg. La Contra de La Vanguardia.


Tengo 50 años. Nací en Nueva Jersey (EE.UU.), conocida por nuestro feo acento. Soy profesor de Psicología y Educación en la Universidad de Yale y he escrito 25 libros. Estoy casado por segunda vez y tengo dos hijos. Voto a los demócratas. Soy judío. Publico en España “La experiencia del amor” y “La inteligencia exitosa” (Paidós)

HISTORIETAS
Es un tímido psicólogo desinhibido, ¿por qué? Dos detalles. A media entrevista se va la luz; cuando vuelve, lo veo rojo como los primeros turistas de temporada. Sin embargo, su corbata es llamativa: describe un paisaje playero con sombrillas y bañistas. En sus 25 libros investiga sobre el amor, la inteligencia y la creatividad. Me aclara que no existe eso llamado amor, sino tantas concepciones como personas, historias que se han formado en nuestro subconsciente: hay quien expresa su amor a través de la lucha, hay quien busca princesas y quien necesita naufragios. Pero es más fácil descubrir un sistema de valores que una historia personal. Y de lo micro a lo macro: “¿Sabe?, en mi país tenemos problemas para aceptar la realidad de los otros”


¿Ganó usted la apuesta?
Con mis compañeros, los profesores de la Universidad de Yale, no paro de hacer apuestas. ¿A cuál se refiere?

«Si no descubro algo nuevo sobre el amor, me retiro»...
Cierto, una de las apuestas más arriesgadas de mi vida. Pero gané, je, je.

¿Y qué hay de nuevo?
La teoría triangular. La idea básica es que todos los tipos de amor son el resultado de la combinación de tres variables: la intimidad, la pasión y el compromiso.

Imagino que el amor completo es el que combina los tres conceptos...
Es lo deseable. Pero en nuestras investigaciones vemos que es difícil que se combinen las tres variables. En muchos matrimonios sólo hay compromiso, y eso es fatal. El amor romántico sólo combina intimidad y pasión, son los amores de adolescencia. Si sólo hay intimidad y compromiso, es amor de compañeros. Luego está el amor fatuo, el tonto.

¿Abunda?
Por desgracia. Es el que combina la pasión, que es la atracción física, y el compromiso. Es el amor de las telenovelas: se conocen, se acuestan y al cabo de tres minutos ya están haciendo planes de futuro.

Sin intimidad no se va a ninguna parte.
Es básica. Amar es conocer, hay que comunicarse con el otro. Pero ahora la voy a sorprender. ¿Sabe qué es lo más importante?

Estar de acuerdo en lo esencial.
Lo que yo llamo historia de amor. Desde niños comenzamos a formar nuestra historia de amor a través de observar a nuestros padres, la televisión, las películas, la literatura... Todo eso crea un patrón ¡y hay miles! Lo importante es coincidir en ese patrón.

¿Son amores paradigmáticos?
Sí, con su trama y sus roles. Si, por ejemplo, uno tiene una historia de fantasía y anda buscando a la gentil princesa y tropieza con la mujer negociante, la que busca estabilidad, casa e hijos, la relación no funciona. Sin embargo, todos conocemos matrimonios que llevan toda la vida peleándose y siguen juntos, y eso es porque han coincidido en su historia de pasión y de guerra.

¿Pasión y guerra?
Sí, el mejor modo de mantener la pasión es teniendo desacuerdos, que haya altos y bajos en la relación. Pero, claro, ese patrón de expresar el amor a través de la lucha debe ser válido en el subconsciente de ambos, si no es un infierno. ¿No ha escuchado nunca las dos versiones de una pareja que se divorcia?

Sí, suelen ser dos historias diferentes.
Eso ocurre porque no existe una realidad objetiva. Lo único real es la propia historia, la del otro nos parece inaudita. ¿Cuántas veces amamos pero la relación no funciona y no sabemos por qué? Pues porque las historias no son compatibles.

¿Cuál es el actual mito del amor?
El de la pareja perfecta en la que todo debe ir bien y es resoluble con conversaciones intelectuales.

Muy femenino.
Y muy falso. No todo se resuelve de forma intelectual, las emociones son importantes, el sentir más que el pensar. Es un error creer que hay una cosa llamada amor, porque hay un amor diferente para cada persona. Lo importante es entender al otro, ver cuál es su historia de amor personal.

¿Amor inteligente?
La inteligencia tiene tres partes: la analítica, la creativa y la práctica. Y la importante en las relaciones es la práctica, el sentido común para comprender al otro y aprender a interactuar. Es una vergüenza que en las escuelas se insista tanto en la inteligencia analítica, porque en el mundo real la única que nos puede hacer felices es la práctica.

Usted ya lleva escritos cuatro volúmenes sobre la cuestión de la inteligencia.
Me he pasado la vida investigando y creo que tanto la inteligencia analítica como la creativa y la práctica deben desarrollarse.

¿Como un músculo?
Sí, hay que ejercitarla. Si lees periódicos o libros interesantes, si piensas, la desarrollas. Hemos descubierto que si se usa la inteligencia el riesgo de alzheimer es menor.

¿En qué consiste la inteligencia creativa?
Mi teoría es la de la impresión. El creativo impresiona a los otros, sus ideas son desafiantes, siempre se están cuestionando lo que los demás aceptan de forma natural. Los creativos son los que se arriesgan por sus ideas.

Agotador.
Un creativo necesita perseverancia para superar los obstáculos, y no cabezonería. Pero yo lo que más admiro es la sabiduría, que para mí no es más que el equilibrio.

¿Cuál ha sido el mayor error de su vida?
De joven tocaba el chelo, era el primer chelista del instituto. Pero cuando llegué a la universidad dejé de ser el mejor y abandoné. Fue un error del que he aprendido: no hay que ser el mejor, sino ser uno mismo. Ahora, 30 años después, he recuperado mi chelo.

¿Nunca es demasiado tarde?
Nunca. Pueden corregirse los errores del pasado, pero hay que cambiar la perspectiva.

¿Ha descubierto su historia de amor?
Con gran esfuerzo, porque solemos engañarnos mucho a nosotros mismos y a menudo no tenemos sólo una historia, sino varias jerarquizadas. Pero le diré que mi historia es la del viaje.

¿Un viaje en común?
Sí, y en los viajes hay lugares hermosos y lugares feos, días buenos y días malos. Cuando en mi relación no sale el sol, suelo decirme: «Mañana será otro día», como Scarlett O’Hara. Es importante ser optimista y flexible, porque el mundo cambia muy rápido.


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