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dilluns, 20 d’abril de 2015

"Cada hombre puede mejorar su vida mejorando su actitud". Frases para cambiar vidas.

Autor: Hector Tassinari
Para algunos la actitud, forma de actuar de una persona o comportamiento que emplea a la hora de hacer algo concreto, puede representar un aderezo volátil y no esencial del carácter y que palidece ante atributos más 'sustanciales' y vigorosos. Sin embargo, la actitud resulta básica para poder sacar partido a todas nuestras otras habilidades. Sin ella, todo disminuye. Con ella todo se magnifica.
Sabemos por experiencia que cualquier tarea encarada con una actitud positiva conlleva no solo una mejor y más brillante resolución de los asuntos, sino una contribución directa a la eficacia y maestría con que los resolvemos. Por el contrario, una actitud negativa, aparte de resultar más fatigosa mentalmente, propicia un resultado muy alejado de nuestro verdadero potencial.
La persona madura profesionalmente sabe que es indispensable afrontar cada labor -por insignificante que parezca- con el afán de obtener el mejor resultado. Se podría afirmar que no hay empeños pequeños, sino personas incapaces de manejar con excelencia los asuntos... si no son del tamaño que ellos consideran adecuado. Lo importante, y esta es una gran clave, es tener la necesidad de hacer las cosas bien, con independencia de su medida o volumen, ya que ello nos creará un hábito del que nos será imposible zafarnos en adelante.
La actitud marca la diferencia en las personas. Es la que permite que desarrollemos nuestras capacidades al máximo. Es la que determina cómo vemos y cómo manejamos nuestros sentimientos. La que nos da ventaja sobre los demás o nos deja en desventaja. La única diferencia, quizá, entre fracasar y tener éxito. Un aditivo a nuestra personalidad que puede convertirnos en personas con las que los demás se sienten a gusto. A ninguno de nosotros, creo, nos complace estar en compañía de personas negativas y pesimistas. Que se quejan por todo y viven arrastrando su existencia.
La tendencia del individuo a reaccionar, ya sea positiva o negativamente, ante las circunstancias, nos compete en exclusiva a nosotros y, al fin, será nuestra disposición anímica la que determine que convirtamos nuestro camino en feliz o en infeliz...

EL RÍO 
En el valle de Kadisha, donde fluye el majestuoso río, dos pequeñas corrientes se encontraron y conversaron.
Una corriente dijo:
- ¿Cómo has llegado, amiga mía, y cómo ha sido tu camino?
La primera contestó:
- Mi camino fue de lo más embarazoso. La rueda del molino se había roto y el granjero que me conducía desde el cauce hasta sus plantas murió. Y hube de bajar forcejeando y filtrándome por la suciedad de aquellos que no hacen nada más que sentarse y cocer su pereza al sol. ¿Y cómo fue tu camino, hermana mía?
- Mi camino fue diferente -respondió la otra corriente-. Bajé de las colinas entre flores fragantes y tímidos sauces; hombres y mujeres bebían de mí con copas de plata y los niños remojaban sus pequeños pies rosados en mis orillas, y todo era risa alrededor de mí, y dulces canciones. ¡Qué pena que tu camino no haya sido feliz!


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