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diumenge, 19 d’abril de 2015

¿Un clavo saca otro clavo?. José Andrés Rodríguez. La Vanguardia.

Aferrarse a una nueva pareja cuando aún no se ha olvidado a la anterior puede aliviar temporalmente el dolor de la ruptura, pero dificulta elaborar el duelo por la relación perdida. Y, muy probablemente, la nueva relación acabe naufragando.
Que una pareja se separe hoy en día es algo habitual. Es tan frecuente que en el año 2012 se rompieron en España 110.764 matrimonios, entre nulidades, separaciones y divorcios. Es decir, unas 300 rupturas al día (o 1 cada 5 minutos, poco más o menos el tiempo que le llevará a usted leer este reportaje), sin contar las numerosas parejas que no están casadas y que también deciden continuar sus caminos por sendas diferentes. Pero quizá sea más impactante enterarse de que una persona ha iniciado una relación dos semanas después de que su ex, con quien compartió hijos, años e hipoteca, dijera que la historia estaba acabada. ¿Puede llegar el amor pocos días o semanas después de una ruptura? ¿Cuánto tiempo necesita un corazón roto para recomponerse? ¿Son estas nuevas relaciones una desesperada huida hacia adelante?
"Es algo que sucede mucho", comenta Ana Castro, psicóloga y sexóloga. "Muchas personas inician una relación inmediatamente después de decidir romper con su pareja o de que esta les deje. Hoy en día es muy sencillo conocer a gente, tener alguna aventura, y engancharse a alguien". No siempre por amor, sino para intentar driblar a la soledad, la angustia y el vacío que dejan una separación. Para olvidar la relación. "Es una forma de no enfrentarse a la realidad, de evitar el dolor", explica Mariela Michelena, psicoanalista y autora del libro 'Me cuesta tanto olvidarte' (La Esfera de los Libros).
Pero, si la nueva relación empieza de esta manera, ¿qué futuro tiene? "Más bien poco", señala esta psicoanalista. "Son relaciones de paso. Están destinadas a acabar mal, porque uno de sus miembros no ha elaborado el duelo de la ruptura anterior. Ni sirven para olvidar al ex, ni suelen funcionar". Así que un clavo no saca a otro clavo. Estas relaciones de transición pueden ser un analgésico para el dolor, pero no reparan la fractura emocional. Quizás durante un tiempo uno vive instalado en un agradable espejismo. Ha encontrado a alguien y cree que se ha salvado de cruzar el desierto del duelo. Aunque, como explica Isabel Menéndez, psicoanalista, "el duelo acaba apareciendo. La tristeza, la sensación de pérdida, todos los recuerdos, lo que se hizo mal... Todo eso hay que elaborarlo para que el proceso de duelo sea sano". En caso contrario, la nueva relación acabará saboteada por la falta de verdadero amor y por todo lo que no se ha elaborado de la anterior. "Nadie es insustituible. Eso es cierto. Siempre puedes encontrar de nuevo el amor. Pero nadie es intercambiable. No puedes poner a una persona en el lugar de tu ex. Eso no es una relación. Es un tapón para la angustia", apunta Menéndez.
Hay quien acepta que, tras una relación, aparecen la tristeza, la incertidumbre sobre el futuro y la angustia. Es normal que uno se sienta tocado, casi hundido. Y no es mala idea retirarse a los cuarteles de invierno a recuperarse. Ya llegará de nuevo el amor, cuando llegue, porque ahora es prioritario recomponerse. Pero otras personas no se ven con fuerzas para afrontar la angustia. Necesitan aferrarse a alguien. Porque tras una separación se pierde mucho más que a la persona con la que se han compartido años y vivencias. Se pierde parte de uno mismo. "Y aparece la angustia –señala Isabel Menéndez– "ya que dejas de ser alguien muy importante para otra persona. Se te rompe algo de tu propia identidad". Ya no es sólo la melancolía del desamor. Es la amenaza que supone perder parte de uno mismo. Por eso, las canciones de desamor están plagadas de frases como "si te vas, me muero" o "sin ti no soy nada". Y por eso hay personas que se agarran al primero que muestra un poco de interés. Es una solución de emergencia para evitar que se desmorone su identidad. "Hay personas que van encadenando una relación tras otra con el único objetivo de taponar la angustia por esa pérdida de identidad", añade Isabel Menéndez. Suelen ser personas con problemas de dependencia emocional, frágiles psíquicamente, que no saben cómo enfrentarse a su soledad y que necesitan a una pareja, casi da igual la que sea, para mantener su equilibrio psicológico. "Para estas personas, una pareja es una forma de llenar sus carencias", apunta Ana Castro.
Por otro lado, hoy en día es más sencillo que hace unos años conocer a gente dispuesta a iniciar a una relación. Las numerosas rupturas de pareja hacen que el mercado de solteros esté animado a casi cualquier edad. Y las páginas de contactos de internet ofrecen un menú de miles de solteros y solteras a un solo clic. "Puedes tener diez citas al mes, y algo caerá. Muchas personas inician una búsqueda frenética de pareja en internet cuando se acaban de quedar solteras", comenta Ana Castro. Y más ellos que ellas, coinciden las expertas consultadas. Como señala Mariela Michelena, "en mi consulta veo mucho que los hombres corren a buscar a otra mujer cuando se quedan solos. Generalizando, ellos dejan la relación cuando tienen a una sustituta. Ellas la dejan cuando están mal con su pareja, aunque eso suponga quedarse solas meses o años".
Pero superar una ruptura no significa que haya que olvidar a la persona con la que se ha convivido o tenido hijos. "Se trata de no seguir dependiendo de ella, de no recordar constantemente el pasado, de no tener sentimientos negativos...", comenta Isabel Menéndez. En este tipo de heridas, es complicado aventurar un tiempo estimado de cicatrización. Depende, sobre todo, del trabajo personal que se haga y no tanto del calendario. Depende también de que se asuman los errores que se cometieron en la relación, de que se acepte realmente que esta se ha acabado, de que se viva la tristeza como una consecuencia lógica. "Hay que elaborar sentimientos como la culpa y el resentimiento. Hacer este trabajo es lo que permite que llegue el momento en el que te sientes libre para amar de nuevo", añade Isabel Menéndez. Por su parte, Ana Castro aconseja "hablar con alguien de todos los sentimientos que surgen tras una ruptura, ya sea con un terapeuta o un amigo. Así te limpias de sentimientos negativos".
Aunque, en opinión de esta psicóloga, pocas personas se paran a reflexionar sobre lo que ha supuesto la relación con su ex. "Vivimos en la vorágine de tirar para adelante, de empezar ya de nuevo, de no perder el tiempo en el pasado". Pero, si no se hace un paréntesis, se corre el riesgo de repetir los mismos errores. "Si no sabes qué quieres de una pareja, vas a encadenar una relación tras otra para no estar solo. Muchas personas conocen a alguien que les parece majo, que tiene un buen trabajo, y piensan: 'Bueno, me vale'", comenta Castro.
Pero iniciar una relación con la mochila cargada de resentimiento, tristeza y sueños rotos es una bomba de relojería que estallará antes o después. "Es como si empezaras con la nueva pareja en el mismo punto en el que acabó la historia anterior", señala Ana Castro. "Suele pasar que se le exige a la nueva pareja lo que se le exigía a la anterior. Y llegan las comparaciones, porque quizás el ex sigue idealizado". Vamos, el preludio del desastre. Como comentaba Mariela Michelena, son relaciones de paso... aunque puedan durar casi toda la vida. “Recuerdo el caso de una mujer que, después de diez años de relación con un hombre con el que había comenzado justo después de que él se separase, descubrió que este seguía enamorado de su ex. No la había olvidado. Ella había conocido a ese hombre cuanto estaba roto, le había ayudado, le amaba. Y se sintió completamente utilizada”.
Los daños colaterales para la persona que está verdaderamente enamorada e implicada en la relación pueden ser muy dolorosos. "Algunas de estas personas deciden romper cuando se dan cuenta de que para el otro no son más que un medio para olvidar al ex y no sentirse solo. Pero otras, sobre todo si tienen la autoestima baja, pueden aguantar y aguantar. Esperan que las cosas cambien, algo que no suele pasar", apunta Ana Castro. Esta psicóloga explica que hay personas que se atraen en función de sus necesidades y carencias y no del amor. "Si estás deprimido, atraes a alguien en la misma situación o que necesita estar con alguien deprimido y con la autoestima baja. Entonces, sientes que esa persona te da lo que no te daba tu ex. Sientes que te lo da todo. Y crees que has encontrado a alguien perfecto. Porque sólo ves lo que necesitas".
No se trata de demonizar a las personas que tienen una aventura poco después de una separación. Cuando una relación se acaba, seguramente llevaba meses o años agonizando. Así que puede aparecer la atracción sana por otra persona, porque quizás el deseo sexual por el ex llevaba tiempo apagado. "Claro que puedes verte con alguien, salir, divertirte, disfrutar de las relaciones sexuales", comenta Mariela Michelena. El problema está en convertir una distracción en una relación de pareja si no se está realmente preparado. Si no se ha superado la ruptura. "Impide hacer bien el duelo y es un riesgo para la otra persona, que quizás sí que se enamora". Y, volviendo a la metáfora de si un clavo saca otro clavo, "hay que tener en cuenta que el destino más probable de un clavo es que reciba un martillazo". 


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