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divendres, 28 de juny de 2013

Duda de lo que quieras pero nunca de ti mismo. Frases para cambiar vidas.

Autor: Dalai Lama.
El de hoy es un tema recurrente en una parte considerable de las entradas del blog, ya que resulta pilar fundamental de la autoestima y elemento esencial para manejarse en la vida. Hablo del hecho de valorarnos y, en esa tasación, establecer un justo precio.
Aceptarnos y querernos tal y como somos, es una de las tareas más útiles en la que nos podamos empeñar. Aunque parezca difícil de creer hay mucha gente que no se quiere a sí misma, porque en vez de reparar en todas sus cualidades, se detienen más en aquello de lo que carecen o para lo que no tienen especial pericia o habilidad. Y todo ello por comparación... sin tener en cuenta que cuando nos comparamos acabamos encontrando siempre alguien mejor.
Nada mejor que una fábula para explicarlo. En ellas, ya lo sabéis, todo es posible.
En un inhóspito pueblo chino, un porteador de agua se ganaba la vida acarreando el líquido en un incesante ir y venir desde un arroyo distante, hasta el pueblo. Para ello, disponía de dos grandes vasijas de barro. Una de las vasijas resultaba perfecta para la misión y, sin embargo, la otra poseía diversas grietas que hacían aparentemente inútil su uso. La vasija impecable conservaba toda el agua, mientras que la deteriorada perdía la mitad de su contenido en el tránsito del arroyo al pueblo.
Durante dos años esto fue siempre así. La vasija perfecta estaba orgullosa de sus logros (es una fábula, recuerdo, y en ellas los objetos y los animales tienen vida propia) y la vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable al poder cumplir solo con la mitad de su trabajo.
Así, el cántaro agrietado decidió hablar un día con el aguador para trasladarle su consternación:
- Estoy avergonzado y quiero disculparme contigo. Debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y, de esta forma, solo obtienes también la mitad del valor que deberías recibir.
El aguador respondió:
- Cuando regresemos al pueblo quiero que te vayas fijando en las hermosas flores que crecen a lo largo del camino.
Así lo hizo y, efectivamente, pudo ver muchas flores espléndidas en las que nunca, por cierto, había reparado, pero aun así la vasija se sentía desconsolada.
El aguador le dijo entonces:
- ¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sido consciente de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas por donde pasas al volver desde el arroyo y todos los días las has ido regando. Si no fueras exactamente tal y como eres, con lo que tú piensas que sólo son defectos e imperfecciones, no hubiera sido posible crear toda esta belleza”.


Reflexión final: siempre podemos ser mejores, peores o regulares, si establecemos comparaciones con otros, pero eso nunca cambiará el hecho de que seamos únicos y que no haya nadie en el mundo exactamente igual a nosotros.


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