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dimecres, 12 de novembre de 2014

ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY. Àlex Rovira.

El autor de uno de los libros más traducidos, leídos y atesorados por varias generaciones, “El Principito”, nació en Lyón (Francia) con el inicio del siglo XX y en el seno de una familia acomodada. Aun su gran inclinación por las artes, fue un estudiante discreto y tampoco pudo graduarse en la escuela naval, por lo que decidió convertirse en piloto durante su periodo en el servicio militar.
De las experiencias en el aire y en tierras distintas, en las que transportaba el correo hasta África o Latinoamérica, surgieron novelas como “Correo del sur” y la exitosa “Vuelo nocturno”; en sus viajes a Argentina, también conocería a su esposa, Consuelo. La quiebra de la compañía de vuelo lo redirigió hacia la escritura y el periodismo, aunque en este tiempo no dejó de intentar conseguir récords volando, con accidentes incluidos, como los del desierto egipcio y Guatemala. De estos trances, tomó inspiración para “Tierra de hombres” o “El Principito”.
Volar, tras ser movilizado para la II Guerra Mundial para labores de reconocimiento, le costaría la vida, por desgracia. En años de guerra y como miembro de la resistencia francesa (se exilió por un tiempo a Nueva York), realizaba una misión por Cerdeña y Córcega cuando fue derribado. Su avión y su rastro no se recuperaron hasta 60 años más tarde, conformando uno de los misterios de desaparición más seguidos del pasado siglo.
Saint-Exupéry ganó algunos de los premios literarios más importantes y es en especial conocido por “El Principito”, un libro en apariencia dirigido a niños, pero que ahonda en temas universales como el sentido de la vida, la pérdida y el amor. Su obra, en conjunto, rezuma humanismo y humanidad, como podemos leer en estos fragmentos:

  • Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.
  • El amor es lo único que crece cuando se reparte.
  • No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
  • Solo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos.
  • Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cuál es la estrella que lo guía.
  • Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya.
  • Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.
  • Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.
  • Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos.
  • El fracaso fortifica a los fuertes.
  • Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.
  • Es mucho más difícil juzgarse uno mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte correctamente serás un verdadero sabio.
  • Un aventurero de la vida en el sentido más positivo a quien siempre es un placer recordar. 



Álex Rovira

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