Palabras, imágenes, canciones, emociones que nos acompañan en nuestro camino.

diumenge, 19 de maig de 2013

"La frase más excitante que se puede oír en ciencia, la que anuncia nuevos descubrimientos, no es "¡Eureka!" (¡Lo encontré!) sino 'Es extraño...". Frases para cambiar vidas.


Autor: Isaac Asimov.

"La curiosidad es un sistema emocional-motivacional positivo, asociado con el reconocimiento y la persecución de experiencias nuevas; precursora del aprendizaje y del crecimiento personal." (Todd Kashdan)
Desde dicha perspectiva es una excelente cualidad. Sin embargo, deviene en defecto, cuando se centra en el ámbito equivocado y se emplea para conocer, lo que ni se debe conocer ni tampoco importa el conocerlo. Siempre deberíamos preguntarnos: ¿Qué me supone eso que quiero saber y en qué medida estoy concernido por ello? Si las respuestas son: nada y en ningún modo, ¿para qué queremos saberlo?
Ahora bien, empleada en su más estimable acepción, la curiosidad es un elemental motor de crecimiento. Recuerdo una frase de Arnold Edinborough: “La curiosidad es la base misma de la educación y si usted me dice que la curiosidad mató al gato; el gato murió noblemente.” Es decir: la curiosidad bien manejada y enfocada a objetivos positivos, como el afán de aprender y crecer, es una buena inversión mental y emocional... y además, contribuye a la felicidad.
Las personas que muestran altos niveles de curiosidad, según un estudio, experimentan mayores niveles de satisfacción en la vida que el resto de las personas. Mientras que los menos curiosos obtienen más placer instantáneo y, por tanto, perecedero, las personas curiosas parecen encontrar un mayor significado a la vida, lo cual es un buen 'predictor' de la felicidad a través del tiempo. El estudio fue presentado en la Annual Positive Psychology Summit.
Y por si fuera poco, la curiosidad pospone el envejecimiento. Alguien curioso mantiene su jovialidad y con ello el proceso de inevitable 'oxidación' que nos amenaza cuando perdemos el interés por descubrir nuevas emociones. Nos dan la vida para vivirla en toda su plenitud y en el oficio de vivir entra el de preocuparse por conocer cuanto nos rodea y cuestionarse cada dogma o doctrina establecida, para así poder llegar a conclusiones propias y no heredadas; nuestra visión del mundo.
Hace algunas semanas leí que la versión original de la anécdota más célebre de la ciencia, la historia de Newton y la manzana, había sido recuperada para su publicación de los archivos de la Royal Society.
La anécdota de la manzana fue contada poco antes de su muerte, en 1727, por Newton a su amigo William Stukeley.
"Después de cenar, como hacía buen tiempo, salimos al jardín a tomar el té a la sombra de unos manzanos", escribe Stukeley. "En la conversación me dijo que estaba en la misma situación que cuando le vino a la mente por primera vez la idea de la gravitación. La originó la caída de una manzana, mientras estaba sentado, reflexionando. Pensó para sí ¿por qué tiene que caer la manzana siempre perpendicularmente al suelo? ¿Por qué no cae hacia arriba o hacia un lado, y no siempre hacia el centro de la Tierra? La razón tiene que ser que la Tierra la atrae. Debe haber una fuerza de atracción en la materia; y la suma de la fuerza de atracción de la materia de la Tierra debe estar en el centro de la Tierra, y no en otro lado. Por esto la manzana cae perpendicularmente, hacia el centro. Por tanto, si la materia atrae a la materia, debe ser en proporción a su cantidad. La manzana atrae a la Tierra tanto como la Tierra atrae a la manzana. Hay una fuerza, la que aquí llamamos gravedad, que se extiende por todo el universo".
Reflexión final: "Millones vieron caer la manzana, pero Newton se preguntó por qué." (Bernard Baruch)


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