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dimarts, 8 d’octubre de 2013

PERMISOS, LOGRO Y TRANSFORMACIÓN (I). Àlex Rovira.

A partir de muchos y muy amables comentarios que he recibido en Twitter y en Facebook  sobre “La Brújula Interior” y algunos de los conceptos que el libro trata, he decidido compartir en este post y en el siguiente ideas del capítulo 17, en el que hablo sobre el Guión de Vida, los mandatos y los permisos. Arrancamos con algunos de estos mandatos, y en la próxima entrada de Soluciones, los completaremos y contrastaremos con los permisos que nos merecemos. ¡Gracias a todos!
“Tu futuro depende de muchas cosas, pero principalmente de ti.
De tu capacidad de generar cambios en ti y en tus circunstancias.
De tu capacidad y voluntad para pasar de ser efecto a ser causa.
Y, sobre todo, de tu determinación para asumir la dirección de tu vida realizando los cambios y renuncias que sean necesarios para ello."
Porque la consecución de la verdadera libertad llega cuando somos capaces de renunciar a lo que somos en favor de lo que podemos llegar a ser.

Pero, ¿cómo vislumbrar lo que podemos llegar a ser?
Para responder a esta pregunta tenemos que hablar de cine, de personajes y, sobre todo, de guiones…
Seguro que cuando vas al cine y ves una buena película, al acabar necesitas unos segundos para volver en ti. Si la película te ha emocionado, las lágrimas aún estarán en tus ojos. Si te ha generado rabia, aún tendrás la mandíbula apretada. Si iba de héroes y batallas, te sentirás capaz de salir a conquistar el mundo… Sin darte cuenta te has metido en el personaje, te has metido a fondo en su piel, te has identificado con él, es decir, has hecho tuyas su identidad y sus circunstancias, sus dramas, sus alegrías, sus aventuras y desventuras…
Pues bien, el doctor Eric Berne observó hace tiempo que todas las personas a las que acompañaba en su proceso de terapia psicológica actuaban siguiendo lo que él denominó un “guión de vida”, que es como el argumento prestablecido de una obra dramática que la persona se siente obligada a representar, independientemente de si se identifica o no con su personaje. Y es que cuando uno está representando un guión lo que está haciendo es actuar según la definición del personaje que ha sido escrita por otro. Consecuentemente, si quiere seguir siendo ese personaje no puede salirse del guión, porque si lo hace sentirá que deja de tener un papel en la obra, un papel en la vida…

¿Cómo se crea el guión de vida de una persona?
Lo establece el niño durante su infancia, bajo la influencia sobre todo de sus figuras parentales: madre, padre y el resto de personas que acompañan en el proceso de irnos haciendo: abuelos y abuelas, maestros y maestras, hermanos y hermanas mayores, etc. Dicho guión se va reforzando por las diferentes experiencias y acontecimientos que el niño va viviendo a medida que crece.
Afortunadamente, los guiones de vida (como los cinematográficos en el momento de ser escritos) no están cerrados, sino que pueden ser modificados. Esto, que no es sencillo, se consigue a raíz de un proceso de toma de conciencia, de un trabajo de observación de uno mismo y de una constatación de cuáles son los elementos o los hilos que mueven al personaje que finalmente se manifiesta como resultado de todos los condicionamientos adquiridos, especialmente, de los habituales “noes” que recibe un niño y que condicionan su posición ante la vida. Esto, de forma desarrollada, sería lo que algunos psicólogos llaman “los mandatos”.
Según Eric Berne, los mandatos son los mensajes que llegan al niño (principalmente de forma no verbal) a base de ser repetidos día tras día por sus padres o por las personas que tienen una fuerte influencia emocional en él, o excepcionalmente a causa de una circunstancia vivida como dramática.
Berne y otros expertos sobre guiones de vida han definido una serie de mandatos básico. Exponemos siete de los catorce a continuación (el resto, en el siguiente post).
Estos mandatos limitadores incluyen afirmaciones como: 
1. “No existas, no vivas o no seas”. Es sin duda el más destructivo de todos, ya que tiende a anular todas las posibilidades de la persona. Puede comunicarse mediante conductas como: dejar solo al niño o bebé durante largo tiempo; burlarse de él cuando se lastima o está en peligro; mirarlo despectivamente, no tocándolo ni acariciándolo… en definitiva, no reconociéndolo, ignorándolo o banalizando su existencia.
2. “No seas lo que eres o no seas tú mismo/a”. Una persona de diferente sexo, de diferente aspecto, con mejor tipo, más alta… Son niños a los que se fuerza a ocupar una posición deseada por los padres distinta a la de su propia naturaleza.
3. “No lo logres”. Se manifiesta como consecuencia de un gran temor de los padres al logro, al éxito, a la realización.
4. “No sabes” (o su variante extendida “no sabes hacerlo”). Es el caso de los padres que desprecian sistemáticamente los logros de sus hijos comparándolos con los de otros niños, con los de adultos o con los de los propios padres.
5. “No te acerques”. Normalmente aparece ante la dificultad de los padres de mantener el contacto físico y de dar caricias a sus hijos. Este mandato desemboca en comportamientos de aislamiento, de no pertenencia, en dificultades para establecer relaciones de amistad, íntimas…
6. “No pertenezcas”. Muy tristemente observado en personas que deciden no relacionarse con nadie. Normalmente es un mecanismo de defensa por el pánico e y dolor que supone el rechazo o no aceptación del otro.
7. “No crezcas”. Cuando los padres impiden al niño que asuma tareas y funciones propias de un desarrollo físico y psicológico natural. Padres que sobreprotegen a sus hijos o se lo hacen todo, creando una dependencia incluso cuando el niño se convierte en adulto. Aquí tenemos el complejo de Peter Pan, por el cual la persona ya cronológicamente adulta se mantiene con una actitud pueril ante la vida, negándose psicológicamente a crecer: conductas hedonistas y excesivamente infantiles, falta de sentido de responsabilidad, incapacidad para una vida autónoma e incapacidad de tomar decisiones que impliquen un compromiso.

No es de extrañar que ante semejantes mensajes castrantes nuestro guión de vida se vea condicionado, inmovilizado, bloqueado, puesto en duda. Muchas personas creen que estas imposiciones le pertenecen, que forman parte de ellas de manera intrínseca.
No se dan permiso a ser, a vivir.
Ahí está la clave de la transformación, en permitir, en escucharnos y permitirnos, también.
¿Te inhibes, te crees alguno de estos mandatos? Una profunda reflexión sobre cuáles de estos condicionantes arrastramos no conducirá a entender cuáles son los permisos que precisamos. 
Pensemos, para buscar coincidencias en el final de esta Solución, en el siguiente post.
Àlex Rovira.


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