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dimecres, 2 d’octubre de 2013

El amor que explica Walter Riso.

El especialista en terapia cognitiva tiene un nuevo libro: Enamorados o esclavizados.
La mitad de los libros que tiene Walter Riso son sobre el amor. El amor es, dice él, un problema de salud pública, porque muchos paradigmas y creencias están sustentados en él. Su nuevo libro, Enamorados o esclavizados, también tiene que ver con ese de cuatro letras.

Pone en disyuntiva dos palabras, enamorados y esclavizados. ¿Son incompatibles?
"Si tu estás esclavizado no puedes establecer una relación de pareja dentro del amor, saludable y plena, porque la esclavitud te limita, afecta tus principios, tus valores, aunque hay esclavos felices, y cuando el amo los deja en libertad se asustan y prefieren seguir siendo esclavos, pero lo ideal es considerando toda la revolución posmoderna del mundo y lo que debería ser el verdadero crecimiento. El desarrollo de la libre personalidad es la palabra exacta y, en ella, la esclavitud es totalmente incompatible con un crecimiento adecuado

¿Cómo es un amor sano?
“Es aquel que integra tres aspectos. El eros, que viene de la tradición griega, que es el deseo, las ganas del otro. La filia, que viene de la tradición griega, que significa amistad, ser compinches, tener proyectos comunes, no tener que explicarle el chiste a la persona que amas, porque entonces ya vas mal. El tercer elemento es el ágape, que viene de una tradición judeo-cristiana, que tiene que ver con el cuidado con el otro, la compasión del otro, que el dolor del otro te duela, la no violencia. Esos tres elementos configuran lo que llamamos un amor saludable: deseo, amistad, ternura y compasión, y tienen que estar siempre al servicio del crecimiento personal, es decir, que ningún tipo de amor afecte tu dignidad personal o tus derechos humanos. Que tus principios se puedan mantener intactos. Un amor es sano cuando tiene esos dos elementos y cuando puedes amar con dignidad, sin renunciar a lo que eres”.

¿Qué es independencia afectiva? ¿No tener que cambiar nada, ni adaptarse?
“La independencia afectiva es no negociar con tu propia identidad, porque tu identidad es tu historia, tus creencias más importantes, tu ideología, tu religión, tus valores más sentidos y los que te definen como persona. Quién eres, porque eres más que tu cédula. La independencia afectiva es amarte, pero sin perder mi esencia. Puedo negociar en conductas específicas. No dejo las medias aquí, pero qué pasa cuando tú eres de extrema derecha y yo de extrema izquierda. Yo tengo humor y tú no. Yo soy extrovertido y tú introvertida. Esas cosas no se pueden negociar. La gente intenta negociar la esencia del otro, entonces lo que produce es una malformación, una mutación que termina siendo un frankenstein. Una paciente jovencita le decía al novio, te quisiera más extrovertido, un poquito más trabajador, más amigo, que puedas animar una fiesta aburrida. Yo le dije, no lo quieres, quieres a otra persona, pero el tipo, como estaba enamorado, dijo yo lo hago, pero no fue capaz. El tipo se buscó una mujer introvertida y eran felices los dos introvertidos. Yo lo que defiendo, y ahí es lo políticamente incorrecto, es un individualismo responsable en el amor. No estoy de acuerdo con que uno se entregue ciegamente al otro. Me parece que así pierde su propia personalidad, su propio carácter. Individualismo responsable es, te quiero y me quiero, te cuido y me cuido, te ayudo y me ayudo. Yo también estoy ahí. Son dos individualismos que deciden solidarizarse o sindicalizarse. Vamos para el mismo lado. Cuando dos empresarios se sindicalizan tienen un fin común. Si tú te beneficias, me veo beneficiado yo. Una cosa es la reciprocidad en el amor y otra la entrega ciega donde yo me pierdo en ti y tú te pierdes en mí y entramos en una especie de fusión. Yo lo llamo canivalismo afectivo”.

¿Y eso de los polos opuestos se atraen? ¿Dos personas diferentes no pueden ser pareja?
“Tienen que negociar algunas cositas, pero es más difícil que sean pareja. Los polos opuestos no se atraen. Chocan. Se ha visto en todas las investigaciones que para que una pareja funcione tienen que ser semejantes. Primero, no tener que explicarle el chiste, que tengan un humor similar. Segundo, que los indignen las mismas cosas. Si a mí me indigna algo que a vos no, y entiendo por indignación la ira ante la injusticia, estamos mal. Debe haber una compatibilidad de fondo. Otra cosa es el complemento. Uno se puede complementar. Si tú eres hábil en el dinero y yo no, tú manejas el dinero. No estamos hablando de variables de personalidad esenciales que definen el carácter de cada uno. Si yo soy un tipo extrovertido que me gusta ir a bailar y tú una introvertida que le gusta ver televisión, vamos a tener problemas. Cómo hacemos, a vos te va a tocar que te guste el baile, pero no vas a perder tú introversión. Vas a bailar como baile un introvertido y yo a ver televisión como lo hace un extrovertido, pero no puedo cambiar mi esencia. La semejanza sobre lo fundamental es lo que une a la pareja”.

¿Entonces hay que mirar bien la hoja de vida antes?
Eso hay que hacerlo antes de que entre eros y enamoramiento, porque si no, ya no podés pensar, te idiotizas. Antes de que entre Eros lo ideal sería tener de manera consciente un buen autoconocimiento y decir esto es lo que yo no quiero del amor. Lo importante es saber qué es lo que uno no quiere del amor, más que lo que quieres”.

En términos de religión es más difícil, pero en cosas de extroversión e introversión, por ejemplo, ¿se puede llegar a acuerdos?
“Hay temas que se pueden intentar negociar, porque son más fáciles. Esos temas de todas maneras tienen un límite implícito. Usted se va a bailar y yo viendo televisión, pero el que se va, va a querer bailar con el marido. Una cosa tan sencilla como esa, de salir a bailar sin el marido, hay parejas que se las aguantan, pero hay otras que no. Uno negocia. Hay cosas que se pueden hacer, pero de todas maneras implica una gestión. El amor hay que gestionarlo, no solo implica sentimientos, implica una administración de muchas cosas. Por eso uno no puede enseñar a enamorarse, pero sí a administrar. Esa gestión requiere la razón, hacer acuerdos y ver los desacuerdos. Claro, introversión y extroversión es más fácil, aunque en la vida práctica no siempre. Imagínate que a mí me guste fumar marihuana y a vos no, qué hacemos. Yo puedo fumar mi marihuana fuera de la casa, pero vos me vas a aguantar el tufo, los ojos, te va a indignar, no te va a gustar. Eso no quiere decir que no lo ames, ojo, eso es muy importante. Te amo, pero te dejo. Porque el amor no basta para que una relación funcione bien. El amor es un sentimiento y hay que aprender a manejarlo y a ver cómo se convive con ese sentimiento, pero tenés que aprender a manejar el carro. Vos le echás gasolina, pero cómo manejo el carro. No se va a manejar solo. Puede que esas incompatibilidades lleguen al extremo de te amo, pero te dejo porque no le vienes bien a mi vida”.

¿Es decir que el amor tiene que pasar por el hecho racional?
“Para mí el 75 por ciento de una relación, para que funcione bien, tiene que ver con la amistad. Es que es pura razón. Vos no decís me amisté. No, tu la amistad la construyes con la razón, con el conocimiento, con la diversión, la alegría. El 75 por ciento de una pareja es eso. El 25 por ciento se reparte entre el eros y cuidar a otros”.

¿En qué momento se puede decir te amo, pero te dejo?
“Pueden pasar tres de las tres cosas siguientes. Primero, lo obvio, que no te quieran. Eso no es negociable, es una línea roja, pero por qué mucha gente está con personas que no las quieren y siguen ahí. Dos, cuando tu autorrealización no se puede llevar a cabo, es decir, tu vocación más esencial. Si por el amor te impide esto, pasaron la línea roja. Tercero, cuando violan tus principios o valores. Cuando ocurre cualquier cosa, te amo, pero te dejo, es la salida. Lo ideal sería te dejo de amar, esa sería la fácil, un desamor que te libera. Eso no se cumple porque tú no puedes producir desamor a voluntad, ni amor a voluntad. Eros te flecha por la espalda, pero no te quita la flecha. La flecha se quita, a veces con la decepción, pero generalmente se quita lentamente. Es doloroso

¿Qué es esclavitud en el amor?
“La esclavitud aparece cuando se te bloquea el libre desarrollo de la personalidad y a raíz de los siguientes motivos. Uno, si yo no puedo pensar, sentir o actuar de acuerdo a mis principios y valores como se me dé mi real gana. Si el amor me exige eso, prefiero estar solo. Estamos hablando de la libertad de consciencia. En el libro termino con la historia de una señora que no se podía reír, porque al marido no le gustaba como se reía y ella aprendió a reírse tapándose la boca. Es increíble, yo me puedo reír como me da la gana. Dos, gustos. Tengo la libertad de tener mis gustos y preferencias y ejercerlos con libertad. Si por amor debo renunciar a eso, qué tipo de amor es ese. Estoy oprimido en una relación donde se me exige que yo sea contrario a lo que soy y uno dice que por amor debe negociar todo, no señor, no se debe negociar todo. Cuando tú ves a una persona que se sacrifica, se muere por el otro y se entregue más allá de su identidad personal, se pierde así misma y deja de ser ella, esas personas pierden el norte. La gente dice vea como lo ama y yo digo, vea lo poco que se quiere a sí mismo. El tercer punto es si por amor tengo que renunciar a asociarme, a juntarme, a tener amigos propios, pues ese amor me limita socialmente. Es decir, la gente pide permiso para tener amigos y a mí eso me sorprende. Uno avisa, voy a salir, pero algunos creen que si se está en pareja se tiene que renunciar a su vida personal. Nos parece que no, pero es así, es lo que ocurre en la práctica, y la gente se va mermando en su potencial humano. Por eso la gente cuando se separa se queda sin hobbies, sin amigos, con una manera de pensar prestada, con una visión del mundo que no es la propia y tiene que volver a rehacerse. El cuarto punto es el derecho a cambiar de opinión. Se tienen estas dos frases. Te casas y después te quieres separar, porque yo te conocí alcohólica, pero después de diez años me cansé. No te curas, no vas a pedir ayuda. La respuesta que da el otro es como un mantra. 'Usted me conoció así', como si usted tuviera que tener un destino irrevocable. Cambié de opinión. 'Te conocí así, pero ya me cansé'. De acuerdo, o ya no te amo, y el otro le dice, 'pero usted juró amarme'. 'Entonces me equivoqué', porque uno cómo puede jurar amar para toda la vida. Tú no eres dueña de tus sentimientos. No puedes jurar amar, porque eso no depende de ti, y, ¿si cambias de sexo? ¿Y si te vuelves pederasta o te vuelves incompatible moralmente? Yo lo que me puedo comprometer es a respetarte, a ser honesto, a mantenerte informada de mi vida interior, pero no puedo comprometerme a amarte para toda la vida. Tengo el derecho al desamor. Si no tengo el derecho a desenamorarme, el amor se convierte en una prisión”.

¿Muchas cosas tienen que ver con las creencias?

“Claro, todo esto tiene que ver con las creencias, los imaginarios sociales. Lo que han hecho es crear una serie de paradigmas frente al amor y frente a las relaciones, influida también por las cuestiones religiosas y eso hay que respetarlo. Si para ti el matrimonio es un sacramento, para ti es para toda la vida, pase lo que pase, en cualquier situación, el otro sea alcohólico o infiel, pues has hecho un juramento dentro de un ritual religioso que consideras sagrado. Hoy día, las mismas iglesias están anulando matrimonios, porque están viendo que hay situaciones insostenibles. Lo que hacían las abuelitas de antes era aguantar a un abuelito perro o alcohólico, o muy loquito, a costa de cualquier cosa, porque se habían casado para toda la vida. Uno de los valores hoy es la autonomía, la capacidad de gobernarme a mí mismo y el derecho a cambiar de opinión, con lo cual no quiero decir que cada cual se puede separar cuando se le dé la gana y que no le den trascendencia a una relación. Lo que estoy diciendo es que hay separaciones que son útiles y hay que festejar. Por ejemplo una relación con un hombre maltratador, que la ha mandado al hospital más de una vez”.

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