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dissabte, 5 d’octubre de 2013

¿Por qué ellas viven más?, José Andrés Rodríguez. La Vanguardia.

Los malos hábitos y la inclinación de los hombres por el riesgo son dos factores que explican la brecha entre la esperanza de vida masculina y la femenina
Es un hecho que las mujeres viven más, pero también que con peor calidad de vida que los varones
Los hombres viven menos que las mujeres en casi todos los países del mundo. En España, la esperanza de vida es de 85 años para las mujeres y de 79,3 años para los hombres, según los datos del 2012 del Instituto Nacional de Estadística. La brecha de género (la diferencia en la esperanza de vida entre hombres y mujeres) es de 5,7 años, aunque se ha ido recortando en los últimos años. En 1991, la esperanza de vida de los hombres era de 73,5 años y la de las mujeres era de 80,7 años. Había, por tanto, una brecha de 7,2 años. Todos vivimos más tiempo (según las estadísticas, claro), pero las mujeres siguen disfrutando de una vida más larga.
Ellas viven más que ellos desde que, gracias a los avances de la medicina, fallecen muchísimas menos mujeres por los riesgos derivados del embarazo y el parto. Como explica Marina Subirats, catedrática emérita de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona, "la esperanza de vida de las mujeres fue más corta que la de los hombres en el pasado. A medida que las sociedades se han ido modernizando, la esperanza de vida femenina ha crecido más rápidamente que la masculina. Y la ha sobrepasado en casi todos los países del mundo". Sólo en algunos países con un sistema sanitario muy deficiente, como Zimbabue y Botsuana, los hombres viven más.
Pero ¿por qué los hombres viven menos que las mujeres en un país desarrollado como España? Por una combinación de causas sociales, de hábitos de vida y, probablemente, de factores biológicos. Lucía Artazcoz, directora del Instituto de Servicios a la Comunidad de la Agència de Salut Pública de Barcelona, destaca que "se socializa de forma diferente a los hombres y las mujeres. Desde que nacemos, a los chicos los educan para que asuman más riesgos". Ellos deben ser tipos duros y competitivos. Un hombre lo es si demuestra su valor y se arriesga y una mujer lo es cuidando a los demás. Los hombres no lloran y las mujeres tienen que ser sensibles y cariñosas. Es verdad que los tiempos están cambiando, pero estos patrones tradicionales siguen presentes. Sobre todo, en las personas de cierta edad, que crecieron en una época que, aunque se recuerde en blanco y negro, sigue grabada en el disco duro de mucha gente.
Como comenta Marina Subirats, los varones han tenido menos reflejos para adaptarse a las nuevas exigencias de la sociedad: "Han cambiado mucho menos que las mujeres en los últimos años. Como todo grupo dominante, temen más los cambios. Por tanto, no renuncian a una mentalidad que les exige enfrentarse, pelear y exponerse, cuando ello ya no es necesario para la supervivencia de su grupo. De ahí que muchas muertes entre los hombres se deban a que se exponen a peligros que en nuestra sociedad ya no son necesarios. Y la única finalidad de estos peligros es seguir demostrando su valentía, que es la base de su valoración social". En la gran mayoría de los países, ya no hay que salir a cazar o enfrentarse a mamporros con la tribu de al lado. Pero los hombres, siempre hablando en general, siguen conservando esa inclinación ancestral por asumir riesgos. "Se sigue pensando que un hombre es superior a una mujer porque es capaz de arriesgarse y de enfrentarse a los peligros. Este es, a mi entender, el motivo profundo de la menor longevidad masculina", redondea Marina Subirats.
Los datos son contundentes: entre los jóvenes mueren muchos más hombres que mujeres. Y este factor acorta considerablemente la esperanza de vida masculina. Entre los 15 y los 34 años, fallecen algo más del doble de hombres que de mujeres. En el 2010, el porcentaje de muertes en accidentes de tráfico era cuatro veces mayor en los hombres de entre 18 y 34 años que en las mujeres de esas mismas edades. Es cierto que hay más conductores varones, pero, como señala Carlos Álvarez-Dardet, catedrático de Salud Pública de la Universitat d’Alacant, "toman riesgos, son más agresivos y competitivos y conducen más deprisa". También es cierto que desempeñan más trabajos de riesgo, "pero son mucho más temerarios. Y sufren más accidentes practicando deporte", añade Lucía Artazcoz. Por otro lado, hoy en día la principal causa de muerte no natural entre los jóvenes es el suicidio. Y en esta estadística también hay más hombres. Según el Instituto Nacional de Estadística, en el 2011 se quitaron la vida 375 hombres y 91 mujeres de entre 15 y 34 años.
Ellos hacen más ejercicio físico que ellas, pero los hábitos de vida masculinos son, en
general, peores. Además, hacen gala de una curiosa alergia a las batas blancas. "Tardan mucho más en ir al médico cuando tienen un problema de salud", comenta Lucía Artazcoz. Quizás porque les cuesta más asumir que necesitan ayuda. "Y por culpa de sus malos hábitos de vida, mueren antes por enfermedades tan frecuentes como las patologías cardiovasculares, el cáncer o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica", apunta Fernando Rodríguez Artalejo, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid. Fuman más, beben más, comen peor y tienen más exceso de peso… La tasa de mortalidad masculina es mayor en las quince principales causas de muertes (a excepción de la enfermedad de Alzheimer, que causa más muertes entre la población femenina).
Los hombres se cuidan menos. O, según se mire, las mujeres se cuidan más. Asimismo, "es posible, aunque no está confirmado, que haya factores hormonales que protegen a la mujer de enfermedades cardiovasculares hasta la menopausia", señala Fernando Rodríguez Artalejo.
Hay otro factor que explica la distancia entre la esperanza de vida masculina y la femenina: ellas se cuidan más, pero también cuidan más las relaciones personales. "Suelen gozar de una red social más enriquecedora que los hombres. Y está demostrado que la esperanza de vida es más larga cuanto más apoyo social se tiene", comenta Lucía Artazcoz. Una investigadora de la Universidad de Harvard (EE.UU.), Nancy Krieger, asegura que las experiencias sociales se traducen en reacciones en nuestro cuerpo de forma directa. "Así que el estrés por las malas relaciones personales o por la falta de relaciones resta salud, pues sabemos que el estrés está relacionado con las enfermedades cardiovasculares –añade Lucía Artazcoz–. Mientras que las buenas relaciones personales generan beneficios en nuestro cuerpo. Además, es más difícil que una persona con una red social rica lleve una vida poco saludable y consuma drogas, por ejemplo". Aunque el apoyo social también ayuda a proteger la salud de otra manera. "Es más fácil que alguien te acompañe al médico o tener información sobre qué hacer para cuidarte", señala Fernando Rodríguez Artalejo.
Pero los expertos señalan que, en los últimos años, las féminas están adoptando peores hábitos de vida. Consumen más alcohol que antes y, aunque tanto hombres como mujeres fuman cada vez menos, a ellas les está costando más apagar el cigarrillo. Seguramente, porque este se ha convertido en un símbolo de emancipación. Marina Subirats explica que "las mujeres han adoptado actitudes que antes sólo estaban permitidas en los hombres. No sólo fumar, sino también estudiar o trabajar fuera de casa. Y, por su parte, los hombres están adoptando, poco a poco, algunas conductas que antes sólo estaban permitidas en las mujeres: cuidar su salud, su aspecto físico, a sus hijos...". La brecha de género en la esperanza de vida se reduce por méritos de ellos y deméritos de ellas. Aunque, como apunta Carlos Álvarez-Dardet, "deberíamos intentar que la igualdad entre hombres y mujeres no se traduzca en un coste en vidas humanas para las mujeres". Y se prevé que esta brecha siga disminuyendo en los próximos años. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, la esperanza de vida en el 2031 será de 83,3 años para los hombres y de 88,1 para las mujeres. Pero, en el 2051, se estima que será de 86,9 años para los hombres y de 90,7 años para las mujeres. Por tanto, la brecha actual de 5,7 años se reduciría a 3,8 años.
Las mujeres viven más, pero viven peor. "Suelen soportar una mayor carga de discapacidad. Es lo que se ha denominado longevidad minusválida", señala Carlos Álvarez-Dardet. La Encuesta Nacional de Salud 2011-2012, realizada por el Ministerio de Sanidad, indica que los hombres declaran tener mejor estado de salud que las mujeres.
A partir de los 15 años, el 76,7% de los hombres y el 67,5% de las mujeres valoran su salud como buena o muy buena. Como explica Lucía Artazcoz, "las mujeres tienen peores condiciones de vida y de trabajo y sufren más problemas musculoesqueléticos y problemas menores de ansiedad y depresión. Problemas que no matan, pero que no dejan vivir bien".

Campeonas en longevidad
La esperanza de vida de las mujeres españolas es una de las más elevadas del mundo. Y, según Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, es 2,2 años más elevada que la media de la Unión Europea. "Seguramente, gracias a la dieta mediterránea, a que el clima es agradable, a que el sistema sanitario todavía es de buena calidad y a que se practica bastante actividad física", apunta el catedrático Fernando Rodríguez Artalejo.

La esperanza de vida por barrios

En el 2007, la esperanza de vida de los países más ricos era unos treinta años más elevada que la de los países más pobres. "En España es unos diez años más elevada para la clase alta que para la clase trabajadora", apunta la catedrática Marina Subirats. Un clasismo que se puede agravar por la crisis. En el 2012 se ha producido un hecho insólito desde hace varias décadas: la esperanza de vida no ha aumentado. Ha descendido 0,2 años en las mujeres y se ha mantenido igual en los hombres. Todavía no se tiene la perspectiva suficiente para saber cómo va a influir la crisis en la cantidad de años que vivimos. Aunque, como señala el catedrático Carlos Álvarez-Dardet, "están aumentando los suicidios entre los hombres como consecuencia del paro y la carga de las hipotecas". La crisis no entiende de géneros, pero ellos viven peor el desempleo. Y, probablemente, según Marina Subirats, "en pocos años habrá un descenso de la esperanza de vida que se notará especialmente en las personas de la clase trabajadora. Por culpa de la crisis, tendrán peor alimentación, más estrés, menos control sobre su calidad de vida, una peor atención sanitaria…".


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