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dissabte, 1 de febrer de 2014

¡Impulsa tu carisma!. Pilar Jericó.

El carisma es posiblemente una de las cualidades más deseadas en el liderazgo. El sociólogo alemán Max Weber lo puso de moda hace más de un siglo. Lo definió como el vínculo emocional que eran capaces de crear algunos líderes y que provocaba que las personas los siguieran con entusiasmo y sin ningún tipo de cuestionamiento… Pero ese concepto está un poco lejos de lo que entendemos ahora. John Antonakis, Marika Fenley y Sue Liechti de la Universidad de Lausanne han analizado qué es el carisma en nuestros días y lo definen como la habilidad para comunicar un mensaje conciso, que transmita una visión clara e inspiradora. Indudablemente, el carisma está relacionado con el modo en que expresamos lo que queremos conseguir. Por ello, en la medida que perfeccionemos nuestra comunicación, podremos reforzar nuestro carisma. Esta última es una gran noticia, como demuestra la historia del mejor orador de la Grecia clásica, Demóstenes. Cuando era niño, tenía un problema de dicción y a fuerza de entrenar, incluso con piedras en la boca, fue capaz de influir en la historia de su época a través de sus discursos. Si lo aplicamos a nuestra vida, naturalmente no vamos a intentar ser como Martin Luther King o Barack Obama, pero sí que podemos incluir en nuestra comunicación recursos para llegar a ser más influyentes, confiables y gustar a los ojos de los demás. En definitiva, para despertar las emociones positivas de las personas, que es la base del carisma. Veamos algunas técnicas para conseguirlo:
Conecta y contrasta: Tener carisma pasa por ayudar a los que nos escuchan a entender y recordar un mensaje. Y no lo olvidemos, recordamos sobre todo emociones, más allá de datos. Si no, piensa cuando estabas en el colegio si te acuerdas de alguna clase o más bien de cómo te hizo sentir un profesor. Se debe a nuestro cerebro, sobre el que hemos hablado, y a nuestra memoria emocional que es más intensa que la racional. Por ello, utiliza metáforas, símiles y analogías, como hizo Eduard Punset al decir que “el cáncer le devolvió a la manada”. Nos transmite de este modo la idea de que esa experiencia le ayudó a conocer su instinto de supervivencia y conectar con su fragilidad. Contar historias personales y anécdotas hace que las personas puedan conectar mejor con nuestro mensaje al facilitarles ejemplos reales.
Utiliza contrastes: Otra clave importante para obtener un efecto impactante es combinar razón y pasión, mostramos nuestra posición y la opuesta. John F.Kennedy usó este recurso al decir  “No te preguntes qué es lo que puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.
Engancha y condensa: Las preguntas retóricas suponen una forma muy sencilla para que el mensaje enganche. No importa que tengan una respuesta obvia, lo importante es que nos hagan conectar con el mensaje. Seguro que recuerdas el famoso “¿Te gusta conducir?” que BMW usó de manera exitosa en sus campañas publicitarias, y probablemente te hicieras dicha pregunta alguna vez mientras sacabas la mano por la ventana del coche y la movías suavemente.
Repite una clave tres veces: Para mostrar nuestra convicción podemos repetir la misma idea tres veces seguidas, porque de este modo ayudamos a recordarlo más fácilmente. Vemos esta técnica en un gran orador como fue Martin Luther King: “Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia y soñar con la igualdad”.
Refuerza tu integridad, autoridad y pasión: Si queremos potenciar nuestro carisma tendremos que incorporar expresiones que reflejen nuestro código moral, nos presenten como una persona creíble y que conecten con el sentimiento del grupo para que se identifiquen con nosotros. Quizá uno de los momentos recientes que aglutinan estos elementos, es la intervención de Steve Jobs en la Universidad de Stanford, en la que mostró su forma de pensar, vivir y sentir. O la famosa de Fray Luis de León en el siglo XVI. Después de cinco años encarcelado, el primer día que regresó a su clase en la cátedra de la Universidad Salamanca pronunció la famosa frase: “Decíamos ayer”.
Propón metas ambiciosas: Para inspirar a otros necesitamos proponer una meta que nos ayude a soñar, como el famoso “Yes, we can” de Barack Obama. Fue el emblema en su campaña presidencial con el que transmitía la fuerza para hacer posible el cambio.
Revisa el lenguaje no verbal: Más allá de las técnicas que hemos visto, no podemos emocionar a otros si no nos creemos lo que transmitimos. El nivel de pasión que sintamos se expresa más allá de las palabras. Si tenemos miedo, el resto lo percibirá y no solo por lo que digamos, sino por nuestro lenguaje no verbal tanto en el tono de voz como en la expresión facial y corporal. Por ello, es importante que haya una coherencia entre el mensaje y nuestras palabras. Variar el volumen de nuestra voz, dando énfasis a lo que queremos resaltar; reflejar la alegría, tristeza o la sorpresa son herramientas sencillas que impregnarán nuestras palabras de personalidad. Una de las claves de los grandes oradores es la utilización del silencio y posiblemente, una de las más difíciles de sostener porque requiere una fuerza mental importante del orador. Junto con el tono de voz, tenemos que añadir el contacto visual con quienes hablamos. Una sonrisa afable ayuda a ser aceptados por quienes nos observan, al igual que gesticular de un modo natural.
El paso siguiente es poner estas herramientas en práctica, tratando de incorporar algunas de ellas, cuando tengamos que exponer nuestras ideas u opiniones tanto en el contexto laboral como personal. No es necesario usar siempre todas las claves que hemos visto, sino valorar cuáles se adecuan más a las circunstancias y, por supuesto, recordar que el primer paso es creer en lo que transmitimos… ¡Sí, nosotros podemos!
Referencias

John Antonakis, Marika Fenley y Sue Liechti (2012): Learning Charisma, Harvard Business Review.


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