Palabras, imágenes, canciones, emociones que nos acompañan en nuestro camino.


dilluns, 10 de febrer del 2014

APRENDER A DECIR NO. Cristina Llagostera.

A menudo aceptamos hacer cosas que no deseamos para satisfacer a otros. Sin embargo, atender a nuestras necesidades y deseos sin herir a los demás es indispensable para mantener relaciones sanas.
Si hiciéramos un test con preguntas del tipo:
  • «¿Te cuesta rehusar la invitación de unos amigos cuando te proponen algo que en realidad no te apetece?»,
  • «¿Sobrecargas tus días por no ser capaz de rechazar o posponer ciertos proyectos o tareas?»,
  • «¿Te resulta difícil negarte cuando alguien te pide un favor?»,
  • «¿Sueles realizar lo que los demás esperan de tí aunque no coincida con lo que tú deseas?»

Seguramente nos sorprendería la gran proporción de respuestas afirmativas.
Pero ante la pregunta: «¿por qué cuesta tanto decir no?», es probable que cada persona descubra una razón diferente. Algunas lo atribuirán a que si se niegan a ayudar a los demás, a aceptar su invitación, a hacerles un favor… pueden ser tachados de egoístas y perder así su estima y la buena imagen que intentan mantener. Otras preferirán asentir porque de lo contrario les roería por dentro un sentimiento de culpabilidad que no les permitiría vivir en paz. Algunas explicarán que hay situaciones en las que no hay más remedio que acatar, como puede ser delante de las órdenes de un jefe, ante ciertas obligaciones familiares… Mientras que otras dirán que en muchas ocasiones no se atreven a negarse por su propia inseguridad y su acentuado temor a fallar a los demás.
Todos podemos tener en mente situaciones en las que, por la razón que sea, nos resulta más fácil aceptar, decir sí, que negarnos, pero hay personas que tienen una mayor tendencia a ser condescendientes. A pesar de que esta tendencia se relaciona con un buen carácter, una buena disposición hacia los demás, generosidad… en ocasiones entraña también un problema: la dificultad para decir en ciertas situaciones «no puedo», «no quiero» o «no me interesa». Contrariamente a lo que pudiera parecer, decir demasiado «sí» también pasa factura. Las propias necesidades y deseos pasan a segundo plano, con el consiguiente riesgo de acumular resentimiento y malestar, ser utilizados por los demás o devaluar la propia estima.
Saber decir no en las situaciones que lo requieren es una condición vital para mantener un buen bienestar psíquico y físico. Es un signo de seguridad y confianza, y sobre todo de íntimo respeto por uno mismo.

¿POR QUÉ DECIMOS SÍ CUANDO QUEREMOS DECIR NO?
Marta cuida desde hace un año a su padre enfermo de alzheimer. Aunque tiene más hermanos, ella se encarga de la mayor parte de tareas pues, según dice, los demás se han desentendido y alguien tiene que ocuparse. Hace dos años que Óscar se independizó pero va a comer cada día a casa de sus padres, ellos se lo piden y le agradecen su compañía, pero su novia, Laura, empieza a estar molesta. Gloria dice vivir por y para su familia, atiende a su marido y a sus hijos con auténtica devoción, pero se lamenta de que da mucho y recibe poco. Los amigos de Carlos saben que siempre está dispuesto, pero él a veces se siente como el tonto de la pandilla porque siempre le toca ceder.
Estas personas dicen a menudo sí cuando en realidad quisieran decir no, y esta contradicción entre lo que realizan y lo que desean tiene sus consecuencias. Decir «sí» de manera incondicional significa muchas veces negar las propias necesidades.
Marta, por ejemplo, tiene un fuerte sentido del deber que le ha llevado a aceptar que recaigan sobre ella demasiadas responsabilidades. El precio que está pagando es un desgaste excesivo y un rencor cada vez más intenso hacia los familiares que no le ayudan. Óscar, por su parte, se siente culpable si no va a ver a sus padres, pues teme herir sus sentimientos y los ve ya mayores y necesitados. Sin embargo, seguir tan ligado a ellos amenaza con interferir en su relación de pareja. Gloria está tan acostumbrada a vivir pendiente de las necesidades ajenas que olvida completamente las suyas y a veces siente que no tiene vida propia. Mientras que para Carlos es tan importante sentirse parte de su grupo de amigos que teme que se enfaden si les niega algo. Sin embargo, a menudo tiene la impresión de que le toman el pelo y no se acaba de sentir bien consigo mismo.
Renunciar continuamente a la propia capacidad de decisión contribuye a que se den relaciones desequilibradas, en que uno da demasiado mientras que el otro aporta poco a cambio. Del mismo modo que desoír los propios deseos y necesidades genera un malestar y un enojo que acaba dirigiéndose hacia los demás o hacia uno mismo.

LA COMODIDAD DEL SÍ
Para modificar una actitud determinada, como ser excesivamente complaciente, es necesario descubrir qué beneficios se obtiene con tal actitud, pues solemos repetir como repertorio personal de comportamientos aquellos que nos aportan algo o que tienen algún tipo de utilidad.
En este sentido, decir «sí» cuando se quiere decir «no» puede ser una actitud que requiera esfuerzo y generosidad, pero también puede resultar más cómoda que negarse, que expresar un punto de vista diferente o que atender a lo que uno realmente necesita.
Para algunas personas decir «sí», dejarse llevar por lo que quieren los demás o por lo que demanda cada situación, les libra de tener que decidir por sí mismas. Seguir directrices, venidas de otra persona o del propio sentido del deber, es una buena manera de no responsabilizarse y puede resultar más fácil que oponerse. Si a alguien con esta tendencia se le despierta la necesidad de cambiar tendrá que afrontar en algún momento su miedo a decidir y, por lo tanto, su miedo a equivocarse.
Para otras personas, estar pendientes de las necesidades de los demás y poco de las propias tiene sentido porque dan un gran valor al autosacrificio. Así, al sacrificarse por los demás se alzan por encima, se sienten útiles, ven a los demás como necesitados y a ellos mismos como dadores. La principal dificultad para estas personas residirá en reconocer sus propias necesidades, pedir ayuda o mostrar su lado vulnerable más allá de las quejas.
Otras personas, en cambio, quizá descubran que dicen «sí» para conseguir la aprobación de los demás. Como un camaleón, son capaces de adaptarse a cada ambiente, porque les atemoriza que sus propias opiniones sean inadecuadas. Para éstas personas decir «no» es tan importante como atreverse a diferenciarse, a superar el miedo al rechazo.

EL PODER DE ELEGIR
La palabra «no» es muy poderosa, precisamente porque nos da el poder de elegir. Las personas se sienten atrapadas cuando se encuentran en situaciones en que piensan que no pueden negarse, que no tienen forma de escapar. Sin embargo, muchas veces las limitaciones están más bien en las creencias y en la forma particular de ver las cosas que en la situación en sí.
A veces podemos oír frases del tipo: «Tengo que ser yo quien cuide de mi padre porque mis hermanos son unos egoístas»  o «No puedo negarme a hacer este trabajo porque es imposible delegarlo en otra persona». Muchas veces se habla desde la obligación y el deber, culpando a la situación o a los demás de tener que realizar según qué cosas, como si uno no tuviera capacidad para decidir, para decantarse entre el sí y el no.
Sin embargo, es importante responsabilizarse de las propias decisiones. Asentir es decidir, y decir «no» también. En ambos casos, es uno mismo quien elige y normalmente el margen de acción es más amplio de lo que se suele creer. Entonces, la persona puede decir: «He tomado la decisión de cuidar de mi padre porque prefiero no llevarlo a una residencia como opinan mis hermanos» o «Elijo encargarme de este trabajo porque quiero que entregarlo a tiempo y bien realizado».
Cuando se tiene clara cuál es su finalidad también pueden buscarse fórmulas para llevarla a cabo de la mejor manera, en lugar de encallarse en la queja. Así, por ejemplo, se puede plantear a los familiares cómo organizar un buen sistema de apoyo, sea aportando cada uno ayuda directa o dinero, para poder atender a un familiar anciano sin que recaiga toda la responsabilidad en una única persona. O alguien puede instruir a miembros de su propio equipo de trabajo para que en una próxima ocasión no vuelva a recaer en él las mismas tareas extras.

EL VALOR DEL NO
En otras ocasiones, al tener que elegir, uno puede permitirse decir «no». Decimos permitirse, porque una de las dificultades de quienes utilizan más el «sí» que el «no» es darse precisamente permiso para pensar en sí mismos. Muchas veces se utiliza la conformidad para ganar aquella seguridad y sensación de pertenencia que aporta formar parte de un grupo y de unas mismas opiniones, sea dentro de la familia, en el trabajo, con los amigos… mientras que ir en contra significa diferenciarse.
Existen, por ejemplo, experimentos en los que se ha observado que la mayor parte de personas tienden a afirmar lo mismo que el resto del grupo en el que se encuentran, aunque sea algo totalmente falso o distinto a lo que han percibido. Es decir, generalmente se prefiere no contradecir y se desconfía más de la opinión propia que de la del grupo.
Una de las utilidades básicas del «no» es permitir la diferencia, aceptar que se puede pensar, actuar o sentir de manera distinta de quienes nos rodean, sin que nos atrape el miedo a que eso signifique rechazo o que nos quieran menos. Precisamente las personas que buscan la seguridad fuera, intentando adaptarse a lo que les piden los demás o a «lo correcto», no suelen tener mucha confianza en sí mismas.
Muchas personas renuncian a mostrar sus opiniones, en lugar de expresarlas del mejor modo. Entonces, desaparece la oportunidad de afirmar los propios pareceres. El resultado es un «yo» débil y dubitativo, dependiente. Para tener más fortaleza y confianza es imprescindible aprender a guiarse por uno mismo y atreverse a expresar las discrepancias, consiguiendo así ser más auténtico y honestos.

PENSAR EN UNO MISMO
Poner la prioridad en uno mismo significa tener en cuenta las propias necesidades y deseos, respetar y escuchar lo que dicen las sensaciones, el cuerpo, los propios pensamientos… Cuando aparece una sensación de desasosiego, un malestar, es importante reflexionar sobre qué lo ha podido despertar.
En muchos momentos es necesario adaptarse y renunciar a lo que se desea, pero en otros es igualmente importante poner límites y decir «no», porque de lo contrario uno se arriesga a jugar en contra de sí mismo.

No hay que olvidar que saber negarse es una herramienta indispensable para ahorrar tiempo y energía. Permite priorizar, no desgastarse con cuestiones superfluas o que en realidad no nos interesan. Además, es una forma de cuidarse a uno mismo, para no llenar excesivamente la agenda de proposiciones o actividades, para no hacer continuamente cosas que van en contra de lo que se siente, o para no caer en relaciones donde se es manipulado con diversas formas de chantaje.
Cada vez que se dice «no» se pone un límite: «Esto no puedo hacerlo», «Esto no lo puedo tolerar», «Esto no va conmigo»… Y estos límites son absolutamente necesarios. Son como puntales en la identidad, puntos de referencia que sirven de guía y permiten vivir con sentido y coherencia. Que las personas nos valoren o nos traten adecuadamente no depende tanto de ellas como, especialmente, de nosotros y de que sepamos detectar y expresar nuestras necesidades.

ESTRATEGIAS PARA DECIR NO:
Los siguientes principios pueden ayudar a dar negativas y a poner límites de manera adecuada. Por una parte es importante intentar no herir los sentimientos de la persona y por otra ser asertivos, es decir, expresar debidamente las propias necesidades u opiniones para que nos puedan entender.
• INDAGAR EN UNO MISMO: En primer lugar es importante hacerse una serie de cuestiones para empezar a comprender por qué nos cuesta tanto decir «no». ¿Cómo encajo que alguien me niegue algo? ¿Qué es lo que más temo cuando tengo que dar una negativa? ¿A qué personas o situaciones me resulta más difícil negarme?
• LA REACCIÓN ANTE LAS NEGATIVAS: Normalmente las consecuencias que cada persona cree que tendrá su negativa suelen estar relacionadas con la manera en que ella misma recibe el «no». Si alguien se siente especialmente dolido cuando le niegan algo, es fácil que espere que en los demás se dé la misma reacción.
• GANAR TIEMPO: Especialmente para las personas que tienen la inercia a responder siempre con un «sí» suele ser útil intentar ganar tiempo antes de contestar. Este tiempo les permitirá aclararse y tomar fuerzas para exponer su parecer.
• DESCUBRIR NUESTROS DESEOS: Significa adquirir el hábito de preguntarse por lo que uno realmente desea, más allá de lo que quieran los demás. En algunos casos ambos deseos serán parejos, en otras ocasiones la persona puede decidir ceder y adaptarse, pero en otras la mejor decision puede consistir en negarse.

EXPRESARSE CON CLARIDAD
Dado que sabemos que una negativa puede ser desagradable es importante cuidar especialmente la manera en que se expresa. Unos posibles pasos serían:
Expresar primero el deseo de ser útil y el interés hacia la otra persona o la actividad propuesta.
Reconocer las necesidades y los sentimientos de la otra persona.
Explicar claramente la razón por la que se rechaza la proposición, apelando a las propias necesidades y sentimientos.
Intentar no culpar ni manipular. (No suele ser una buena medida para conseguir la colaboración de los demás hacerles responsables de los propios males.)
• Asegurarse de que la otra persona ha entendido la decisión.
• Ofrecer alternativas o intentar renegociar aspectos de la relación teniendo en cuenta las necesidades de ambos.
• Mantenerse firme: Una vez que se ha tomado una decisión y se ha expresado es importante mantenerla, o llegar a una renegociación. Si los demás no están acostumbrados a que uno se niegue intentarán convencerle mediante diversas estrategias.


Cristina Llagostera, Mente Sana

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada