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dilluns, 25 de novembre de 2013

INTIMIDADES MASCULINAS. Walter Riso

 “Al buen amante hay que buscarlo en el antes y el después del acto sexual, con sus prolegómenos y despedidas“.

La nueva mujer busca al hombre dulce, afectivo, experto amante y buen comunicador. “Fuerte para ser su señor y tierno el amor…”, como lo definía Serrat en una canción. Si alguna mujer lo encuentra, que no lo deje escapar, porque son difíciles de hallar, aunque, como las brujas, “haberlos, haylos”.

¿Por qué el varón no habla de sus sentimientos?, se interroga la mujer cuando se reúne con sus amigas para conversar de sus inquietudes. “El problema del hombre no es la atrofia sentimental, sino el miedo a dar rienda suelta a todo su potencial afectivo, porque considera que las emociones expresadas lo vuelven más vulnerable”, asegura Walter Riso, psicólogo y pedagogo italiano-argentino, presidente de la asociación Colombiana de Terapia Cognitiva.

“Si expreso libremente mis sentimientos voy a mostrarme débil y femenino y seré rechazado y, si me despojo de mis defensas racionales, quedaré a merced de los otros y se aprovecharán de mí”, asegura este intelectual, profesor de terapia cognitiva en diversas universidades de América Latina, sobre la inhabilidad en los hombres para expresar sus sentimientos.

Afecto, más fácil en la cama

Por eso, muchas mujeres con parejas inhibidas afectivamente saben que el acto sexual es el único momento donde pueden disfrutar del contacto afectivo y sentir la ternura masculina en toda su magnitud, porque, para ellos, la desnudez física da permiso para la desnudez psicológica. “Los hombres no se dan cuenta que esa desnudez afectiva es el mayor estímulo para la mujer, donde la comunicación sobrepasa los umbrales de la represión y el momento en que el hombre se desborda en cariño, aunque por desgracia, tras la más delicada y tierna intimidad, todo vuelve a la “anormalidad”, constata Riso. Toda mujer que haya pasado por esa situación, habrá observado cómo, en décimas de segundo, el gesto cambia, las caricias se alejan, la escafandra vuelve y él, que hace unos instantes enloquecía de amor, vuelve al más lúgubre anonimato afectivo".

Riso se refiere aquí a las parejas enamoradas, no a una pulsión sexual pura y dura, y achaca esta atrofia emocional a las marcas generacionales instaladas en el disco duro de muchos hombres; frases como “los hombres no lloran”, “pareces una niña”…

Como muchas mujeres intuían, para que el hombre abra su compuerta emocional, ha de estar muy seguro de su pareja y el abandono de los mecanismos de defensa “requiere tiempo, paciencia y altas cantidades de comprensión femenina”,  asegura el psicólogo clínico, autor de “Intimidades Masculinas (Editorial Granica).

Primero sexo, después afecto

Decía Ágatha Christie que un arqueólogo es el mejor marido que una mujer puede tener, porque cuanto más envejezca ella, más se interesará él. Esta ironía de la realidad viene al caso para aseverar que, inicialmente, al hombre le entra el sexo opuesto por el sexo, valga la redundancia, pero que el amor garantiza la duración de ese deseo.

“El amor es el mejor cirujano estético y, si no hay amor, no importa cuántas cirugías o liposucciones se haga la mujer porque, si el hombre no la ama, tarde o temprano se acabará la candela porque podremos babear de ganas, pero es imposible enamorarse de una estructura ósea o corporal al margen de quién la lleve”, remacha Riso.

De esta manera, la regla de una buena relación sería así: el hombre entra por el sexo y, si encuentra lo que le gusta, llega al amor; si no es así, no vuelve. Los hombres tienen claro que si la mujer les gusta como persona, el deseo sexual es simplemente la llave para seguir avanzando. Al contrario, la mujer entra por el amor y, si todo va bien, llega al sexo.

“Para la mayoría de los hombres una relación afectiva sin sexo es inconcebible, además de insoportable, lo mismo que para las mujeres una relación de pareja sin cariño es insostenible y aterradora. Los problemas llegan cuando se rompe el equilibrio entre las necesidades de uno y de otro: mucho amor y nada de sexo, o viceversa, predisponen a la ruptura”.

El buen amante

¿Quién es un buen amante? Frente a las partidarias de medir el tamaño del pene o el número de orgasmos, Riso subraya que “al buen amante hay que buscarlo en el antes y el después del acto sexual, con sus prolegómenos y despedidas“. La nueva sexualidad masculina es una experiencia  encantadora y fascinante que necesariamente ha de tocarse cuatro manos y a toda máquina y que define muy sabiamente el poeta Mario Benedetti en su “Informe sobre Caricias”: “La caricia es un lenguaje; si tus caricias me hablan, no quisiera que se callen. La caricia no es la copia de otra caricia lejana, es una nueva versión casi siempre mejorada. Como aventura y enigma, la caricia empieza antes de convertirse en caricia. Es claro que lo mejor no es la caricia en sí misma, sino su continuación”.

Fidelidad masculina

Para Riso, la infidelidad, definida como la ruptura engañosa y desleal de un pacto afectivo/sexual establecido, se contrapone a la fidelidad, que no es la ausencia de deseo, sino el autocontrol por cuestiones éticas y estéticas. Sin embargo, la infidelidad masculina se contrapone a la femenina, en la que la mujer es capaz de contextualizar su deseo primario en factores más elaborados. “Un Adonis que posea sentido del humor, clase y salud, en general cotiza más que un semental bien dotado. Mientras que el hombre exalta más la dimensión erótica”, dice.

En segundo lugar, en los enredos afectivo-sexuales, nosotras poseemos un mayor autocontrol y dejamos menos rastros, frente a un hombre descarado que psicológicamente no le importa pavonearse de su conquista, puesto que le produce beneficios colaterales como reafirmar su machismo, porque aún cotiza, o eliminar su culpa y pedir ayuda para salir de ésta.

Las conclusiones de Riso sobre este asunto pasan por el derecho a una sexualidad digna que no significa racionalizarla excesivamente, ni coartarla, “sino abolir la esclavitud sexual a la que los propios varones nos hemos sometido” y “humanizar el sexo en la vivencia del afecto, sin violentarse internamente ni violentar porque, al menos en la química corporal, el fin no justifica los medios”.

Manifiesto de liberación afectiva

Los actuales hombres tienden a reivindicar una serie de derechos, hartos de la represión emocional a los que se han sometido por cultura o por ellos mismos, y que pasan por una libertad emocional.

Así, los nuevos varones tienen derecho a:

  • sentir miedo,
  • a ser débiles y pedir ayuda cuando la necesiten,
  • a ser inútiles,
  • a cometer errores,
  • a fracasar económicamente,
  • a vivir en paz,
  • negarse a la agresión y a todo tipo de violencia interna y externa,
  • a emocionarse y a expresar sus sentimientos  positivos, ya sea física o verbalmente
  • a estar más tiempo en familia y participar en la crianza de los hijos,
  • a comunicarse afectivamente,
  • a disfrutar del sexo sin ser adictos sexuales,
  • a fallar como reproductores,
  • a una sexualidad más afectiva y amorosa
  • y, por último, a intentar ser fieles.

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