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divendres, 1 de novembre de 2013

"Sonreír ante algo es proporcionar una alternativa". Martin Kaplan. La Contra de La Vanguardia. 22/03/12

Martin Kaplan, biólogo molecular, guionista de cine y experto en entretenimiento

Tengo 61 años. Nací en Newark (Nueva Jersey) y vivo en Los Ángeles. Divorciado, dos hijos. Creo que las motivaciones del movimiento Ocupa Wall Street son compartidas por la mayoría de los ciudadanos. He creado mi propia manera de ser judío, de vivir con esas creencias.

Ojos que ríen
Sus ojos ya lo dicen: la vida es suficientemente larga como para que puedas vivir muchas vidas, y tú debes ser el guionista. No hay que dejarse llevar. Gracias a la pasión de su profesor de biología en la escuela llegó a Harvard. Siendo guionista de Disney pudo expulsar a través de la comedia las frustraciones que le dejó su paso por la política. Ahora, desde la cátedra Norman Lear, intenta dar contenido en valores al entretenimiento, que no sólo es mentor de nuestra vida, sino también padre de nuestros hijos: "Debemos prepararlos para resistir y enfrentarse a ello críticamente". Su conferencia abrió el programa conmemorativo del 10.º aniversario del Centro Tecnológico Barcelona Media.

Intuyo que la suya es una historia interesante.
Arranca en un lugar pobre y violento donde la gente no tiene oportunidades.

¿Cómo salió de ahí?
Entendí que mi única oportunidad era estudiar y obtuve una beca en Harvard; pero cuando me gradué summa cum laude ya sabía que la vida era un gran bufet y decidí que quería probar todos los manjares: la literatura, la política, el entretenimiento...

La intensidad se le ve en los ojos.
Me gradué en Literatura Inglesa y Filosofía, y trabajé como redactor de discursos políticos hasta que llegué a la Casa Blanca para hacerles los discursos al presidente Carter y al vicepresidente Walter Mondale.

¿Y a qué sabía ese plato?
Aprendí cómo perder con dignidad y pese a ello mantener la pasión. Llegué a la conclusión de que los ciudadanos siempre tienen razón y que los políticos, en vez de decir a la gente lo que tiene que hacer, deberían escuchar. En 1984 sufrimos la mayor derrota de la historia, perdimos en 49 estados.

Sí que eran malos sus discursos.
Ja, ja, después de eso me marché a Los Ángeles, a trabajar para la Disney.

Pero ¿cómo ese cambio?
Era exactamente lo mismo: si haces política y no seduces, no ganas. Primero fui vicepresidente, pero sentía envidia de los guionistas, así que me pasé a los guiones y empecé a escribir películas para Disney. Mi película favorita es Su distinguida señoría (1992), interpretada por Eddie Murphy.

Una comedia, cómo no.
Sí, sobre cómo el dinero dirige la política. Y he acabado en la universidad, investigando las cosas a las que me dedicaba: el entretenimiento y su impacto en la sociedad. He fundado la escuela Norman Lear Center.

¿Y critica mucho?
Eso sería lo fácil. Intentamos que el entretenimiento sea una fuerza de cambio positiva. Por ejemplo: en EE.UU. triunfan las series sobre medicina; nosotros proporcionamos a los guionistas los mejores especialistas para que la información que sale en las series sea precisa y, por tanto, útil. Así la gente sabe cómo prevenir los contagios por vía sexual o la dieta adecuada para un diabético.

Buena idea.
Otra de las áreas son las noticias de televisión. En mi país, las peores prácticas periodísticas se dan en las televisiones locales; sin embargo, es el tipo de periodismo en que confía más la gente, así que premiamos las buenas prácticas periodísticas.

¿Y qué les dice a los de Hollywood?
Intento hacerles ver que también pueden ganar dinero promoviendo valores. Pierdo más veces de las que gano, como me ocurría en política, pero es la batalla que quiero librar. Con el objetivo de ganar dinero se abusa del sexo y la violencia.

Pocahontas debería tener dos rombos.
Estoy de acuerdo, ese exceso de sensualidad y culto al cuerpo lleva a las enfermedades físicas de la apariencia. Usted comparte a sus hijos con Hollywood y no hay ley que pueda evitar eso, así que sólo le queda darles herramientas para que sean críticos. Nosotros preguntamos a todos los estudios por qué no ruedan buenas películas familiares, y la respuesta es "porque no funcionan".

¿Somos unos descerebrados?
Hay una parte de nuestra mente civilizada y otra que no ha evolucionado; y a ambas se les puede sacar dinero. Yo pretendo que Hollywood, que controla el imaginario colectivo, explote las dos y no sólo la animal.

El imaginario, cuanto más amplio sea, mejor.
Exacto. Hoy todos quieren vendernos algo: Hollywood, la Iglesia, la moda, los medios... Todo es un producto bien diseñado que irremediablemente capta nuestra atención. La violencia, el sexo o los famosos ejercen un poder magnético sobre nosotros, y debemos tenerlo muy presente. Incluso el periodismo es hoy en EE.UU. una rama del entretenimiento.

Pues tiene usted mucho trabajo.
Intento explicar a los periodistas que también pueden llamar la atención sobre temas complejos (más allá de los crímenes y el famoseo) si los introducen en una buena historia. Hay una figura de la antigüedad, Filón, un judío helenizado, que decía que cuando conoces a alguien debes ser gentil, porque dentro de esa persona hay un gran conflicto que desconoces.

¿Cómo ser más libres en esta sociedad que nos reduce a consumidores?
Hay una parte de nosotros a la que le encanta el consumo: el enemigo no sólo está fuera; por eso en cinco mil años no nos hemos convertido en ángeles, todavía.

¿Y?
El colegio, los políticos, tus padres, los creadores de tendencias, el cine..., todos intentan escribir tu propia historia, eso te convierte en títere. Rendirse es dejar de existir. Agárrate a tu camino, no dejes nunca de revisar y contarte tu propia historia.

¿Alguna herramienta mágica?
La risa, sonreír ante algo es proporcionar una alternativa. El arma de cualquier tiranía es definirte cómo debe ser el mundo, y el sentido del humor te da una alternativa. Dentro de nosotros tenemos al rey, que busca el poder, y al bufón, al que no debemos olvidar nunca porque es el que nos dará otras opciones. Hay que entender que tal como están las cosas no es como tienen que estar, y eso es fácil de olvidar.


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