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diumenge, 1 de setembre de 2013

Practicar la simpatía. ¿Qué provocamos en los demás?

La simpatía es una agradable cualidad humana. Estamos bien y lo pasamos bien rodeados de gente simpática. Podríamos pues –si nos lo proponemos- intentar ser más simpáticos con los demás, y quizás nos podría ir mejor en algunas de nuestras relaciones. Pero no es este el sentido de este artículo ni la simpatía que propongo practicar.
Para explorar mi sugerencia apelo no a la definición de simpatía como cualidad humana si no a la definición de simpatía como reacción física, y que literalmente dice:
“es la relación entre dos cuerpos o sistemas por la que la acción de uno induce el mismo comportamiento en el otro”.
La simpatía es por tanto en la física la capacidad de provocar una respuesta en el otro de manera automática e inmediata. Si una cuerda vibra, la de al lado vibrará por simpatía. Inevitablemente. Y en la misma onda.
La simpatía “cualidad humana” la podemos fingir, la podemos modelar, podemos esforzarnos por ser simpáticos. Y podemos pasarnos de la raya (quien no recuerda alguna empalagosa velada con el simpático de turno) o que se note claramente artificial.
La simpatía “reacción física” no se puede provocar artificialmente. Simplemente pasa, y por eso siempre es auténtica.
Esto significa que desde la visión física de la simpatía estamos en disposición de provocar reacciones en los demás. De provocar actitudes y comportamientos en una determinada dirección. Y esta es la simpatía que propongo practicar. Pero para que funcione debemos hacerlo necesariamente desde nuestra autenticidad y nuestra sinceridad, no desde la intención artificial.

Si vibramos a una onda positiva de forma natural, los demás vibrarán a esa misma onda positiva por simpatía, y estaremos generando un espacio de convivencia mejor.


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