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dijous, 19 de setembre de 2013

"Creemos más en nuestro ego que en la evidencia racional". Cédric Villani. La Contra de la Vanguardia.

Cédric Villani, matemático, medalla Fields: dirige el Institut Poincaré.

Tengo 39 años, edad provecta en matemáticas. Soy francés y federalista europeo. Tengo un hijo y no le enseño; nos maravillamos juntos del universo. Debemos agradecer más a los ingleses que nos liberaran de Hitler. Colaboro con la Barcelona Graduate School of Mathematics

AL ABRIGO DEL TALENTO
La Barcelona Graduate School of Mathematics acaba de fundarse en el Institut d'Estudis Catalans. Tras su disertación, Villani yace en horizontal sobre un banco del jardín junto a su copa de cava. Para su microsiesta bajo el sol no ha prescindido ni de su abrigo con araña gigante ni de su corbata ascot. A su alrededor, vacía sus copas lo más granado de la matemática barcelonesa, que volverá luego a diseminarse por cátedras de todo el mundo. No llevan arañas, pero en sus concentradas miradas se advierte una inquietante desviación cognitiva de la media al alza. Y una curiosa profusión de jerséis y chaquetas, que no parecen sobrarles ni a sol ni a sombra.


Por qué lleva esa araña en la solapa?
Porque provoca una respuesta emocional en quien la ve que me permite entablar conversaciones y superar cualquier timidez inicial.

¿Le preguntan por su araña?
Mucha gente. Gracias a ella, el otro día conocí al compositor Philip Glass en el avión.

¿Y su corbata? ¿Es una chalina?
Es una ascot.

¿Y también le paran por su corbata?
En Francia, sí, y me piden autógrafos por la calle, porque algunos matemáticos son famosos allí. París es la capital matemática.

Otro medalla Fields, David Mumford, me dijo que si el cole enseñara un fácil polinomio, evitaría hipotecas subprime.
Yo carezco de esa fe en el raciocinio humano. Por mucho que enseñáramos el polinomio, la gente seguiría siendo estafada.

Al menos serían estafas menos burdas.
Al ser humano le cuesta razonar, pero aún más actuar según lo razonado. Aun cuando haga el esfuerzo de pensar, prefiere dejarse llevar por la emoción más fácil.

¿En qué sentido?
Los humanos no tendemos a creer lo que nos dice la razón, sino a nuestro ego. Por eso se repiten los ciclos de euforia y depresión y banqueros y clientes se equivocan una y otra vez. Sepan o no las fórmulas.

Las burbujas está claro que se repiten.
Porque las personas pueden razonar, pero actúan antes movidos por sus emociones que por las pruebas racionales de la lógica.

¿Las matemáticas ayudan a razonar?
Al menos ayudan a elaborar modelos racionales para justificar lo que nuestro ego cree irracionalmente. Por ejemplo, la mayoría de los modelos económicos, que son muy racionales, asumen el supuesto de un crecimiento anual del dos o tres por ciento.

Solo son modelos.
Pero absurdos: lo lógico es que haya años en que una economía no crezca o decrezca.

Es otro punto de vista.
¿Lo ve? La lógica es antinatural y la razón, contraintuitiva. Si viera los desvaríos que me envían algunos matemáticos...

Le creo.
En su caso, lo interesante es que elaboran auténticas tonterías, como uno que relaciona óvalo del rostro e inteligencia, pero argumentadas con un gran aparato matemático lógico. Y se creen grandes descubridores.

Si no hacen daño a nadie...
Por eso también hay religiones que predican auténticas locuras más allá de toda lógica, y sin embargo se expanden con velocidad irracional por todo el planeta como jamás logró ninguna disciplina científica.

No es menos cierto.
Por eso creo que las matemáticas no son naturales y hay que enseñarlas maravillándose: desde el misterio. Ese sentimiento mágico sortea las defensas naturales de los cerebros infantiles, que, en principio, se resisten a razonar, como los de todos los humanos.

Parece sabio.
No enseñe el mundo a los niños; maravillese ante el mundo con ellos y aprenderán.

Tomo nota
Pero olvídese de enseñar matemáticas como si fueran fáciles. No lo son; exigen esfuerzo y punto. Más esfuerzo que aprender una canción o escuchar un cuento.

Pero estamos usándolas siempre.
La operación matemática más habitual en nuestra vida es el cálculo de probabilidades. Pero solemos resolverlo con una conjetura intuitiva más que con cálculo formal.

¿Qué decide más en nuestras vidas; la voluntad o el azar?
Se mezclan en nuestra existencia de forma compleja y poco cuantificable. Sin calcularlo, yo diría ahora mismo que deciden en una proporción del 50 por ciento.

¿Y si aprendes a usar las matemáticas?
Puedes conseguir muchas cosas. Tengo amigos que se han hecho ricos calculando probabilidades en bolsa. Pero no estoy tan seguro de que valga la pena dedicar la vida al dinero. Yo con lo que gano como profesor y director del Poincaré tengo lo necesario.

Pero he leído que pide usted macho.
No para mí: pido diez millones de euros para el Gran Museo de las Matemáticas.

¿Pide usted alguna cosa más?
El nacionalismo excluyente y chovinista es una regresión tribal contraria a la razón y la lógica. Por eso, soy vicepresidente de la asociación federalista europeísta. Y, aunque el proyecto europeo esté ahora atascado, sigo siendo un federalista europeo convencido.

Debe ser usted de los pocos en Francia.
Francia concibió la idea de Europa: Montesquieu la soñó y Víctor Hugo fue el primero en hablar de los Estados Unidos de Europa; y luego, Monet y Schumann... Y a los ingleses, que dudan si quedarse en la UE, hay que darles amor con la razón iluminadora.

¿A qué se refiere?
Los europeos no les reconocemos lo suficiente que sólo ellos, los británicos, nos salvaron de Hitler. Hay que decírselo más.

¡Gracias, británicos y británicas!

O tenemos todos igualdad de derechos y deberes desde la diversidad de identidades en Europa o avanzamos en el sentido contrario: y volveremos a las guerras.


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