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diumenge, 17 de febrer de 2013

"Sería un error perdernos la energía de estos chavales". Lourdes Reyzábal. la Contra de La Vanguardia,


Lourdes Reyzábal, cofundadora de los proyectos Raíces y Cocina Conciencia
Tengo 39 años. Nací en Madrid, pero se puede ayudar en todas partes. Tengo 3 hijas con Nacho de la Mata, que mejoró la ley de Inmigración y este país. Soy cristiana pero no creo que hagan falta religiones. Los voluntarios contra la exclusión están evitando un estallido social
Los buenos ganan
Nacho sonríe apoyándose en los hombros de sus chicos -Mamadi es un tiarrón-, que se han presentado en el hospital para sacarlo a pasear al sol. "Tomé esta foto -recuerda Lourdes- dos días antes de que Nacho muriera, pero aún hicimos planes". Y la imagen, pese a todo, me anima tras días en que los corruptos monopolizan nuestras portadas. Por eso son hoy más noticia -y de la buena- Nacho y Lourdes y Cristina. Por fin, alguien que sí nos representa en un titular. Personas que no se cansan de dar, crear y entregarse. Les agradezco que construyan, ennoblezcan y compartan este país con nosotros. Porque demuestran desde hace años que la vida compartida vale mucho más.

Estos chicos y chicas se han jugado la vida en una patera o escondidos miles de kilómetros en los bajos de un camión para llegar hasta aquí... ¡Cuánta ilusión por mejorar! ¡Qué energía para prestarnos! Por eso les ayudamos: por ellos, pero también por todos nosotros.

¿No tenemos ya bastante paro juvenil como para importar más parados?
Son ellos los que nos aportan riqueza. Mamadou es un joven nigeriano que llegó tras nueve días en patera. No tenía más futuro que ser devuelto a su país. Hoy experimenta recetas de síntesis con toques africanos.

En la variedad está el gusto.
Cristina Jolonch y yo lo hemos colocado con el chef Ramon Freixa, donde se ha hecho de la familia, pero no por caridad, sino porque trabaja como el que más y un día nos podrá aportar, como los mejores de estos chavales, su visión de la alta cocina.

Un país se construye al abrirlo al mundo sin miedo y con generosidad.
Eso creía Nacho de la Mata, mi marido y alma del proyecto, dedicado a evitar que estos chavales, al llegar a la mayoría de edad, fueran deportados sin ningún derecho.

¿Cómo se metió usted en esto?
Yo quería ayudar.

Buen principio.
Estuve con Teresa en Calcuta. Y al volver, la madre le dijo a mi grupo de amigas que la próxima vez, en vez de ir, enviaran el dinero del billete, y a mí me hizo la señal que hacía a quienes quería que se ordenaran...

... ¿Y usted por qué no se quedó?
Yo ya sabía que en España también hacía falta ayuda. Trabajé en Entrevías; en Vallecas con el padre Castro; me licencié en Psicología; me especialicé en adicciones y ejercí en un psiquiátrico.

Y seguro que ayudó.
Fundamos la mensajería de Emaús, para integrar a exadictos, y conocí a Nacho en Lourdes, donde éramos voluntarios. No le hice caso la primera vez que me tiró la caña, pero al año siguiente fui al teatro con él. Nacho opositaba para abogado del Estado, pero lo dejó para ayudar a estos chavales.

No es menos importante.
En el año 2000 nos casamos, pero en el viaje de novios Nacho tuvo una crisis convulsiva y le detectaron un tumor cerebral.

Lo siento.
Vivimos a fondo. Dándolo todo. No podíamos ser más felices pese al tumor. Empezamos con tres de estos chavales de 15 años y en el 2003 ya tutelábamos a doce.

¿Cómo?
Los teníamos durmiendo a veces en el comedor de casa...

¿Los metía en su propia casa?
Con mis hijas. Hoy tenemos tres. Y todos aprendían juntos. Un día, Daniela, a sus cinco añitos, le preguntó muy seria a Nacho: "Papá, ¿por qué nosotros podemos ir donde queramos y a ellos no les dejan?".

Es la pregunta.
Nacho fundó un proyecto para darles asistencia jurídica e impedir que una madrugada, siendo aún menores, nos los arrebatara la policía, los metiera en un avión y los deportara aunque ya llevaran años aquí.

¿Cómo lo hizo?
Empezamos el día en que conseguimos bajar a Boby, uno de nuestros chicos, de un avión antes de que despegase y Nacho llevó el caso hasta el Constitucional... Y lo ganó.

Bien.
Sentó jurisprudencia y cambió los usos de repatriación de esos jóvenes. Otro de ellos, Anouar, que ya había hecho su vida y tenía su familia, volvió a casa el día que se enteró de que Nacho había empeorado. Y nos dijo que se quedaría mientras le necesitáramos.

¿Y ayudó?
Cuando Nacho estaba ya muy mal, los chicos vinieron a verlo al hospital. Lo cogieron entre todos y le obligaron a dar un paseo al sol... Mire. Tengo unas fotos en el móvil.

...
Mire: ese que ríe junto a Nacho es Youssouf: mataron a su familia ante él y cruzó toda África para llegar hasta aquí a trabajar. Le ayudamos mucho. Pidió un permiso en la cocina para venir a verle aquel día...

¿Ninguno les ha salido rana?
En cocina los hay mejores y los hay peores, igual que los pinches españoles. Cristina Jolonch, crítica gastronómica de La Vanguardia y cofundadora de Cocina Conciencia, nos ayuda a detectar cualidades culinarias en ellos... Y ellas. El lunes empieza una de nuestras chicas en Quique Dacosta.

¡Hacen falta más estrellas femeninas!
Ya tenemos 17 chavales trabajando y otros cinco esperando los permisos para empezar. Cristina, que tuvo esta idea escribiendo un reportaje para el Magazine, le colocó el primero a Andoni Luis Aduriz, que lo convirtió en un gran camarero, en Mugaritz; después Paco Pérez se quedó otro, y Javier Muñoz-Calero, del Tartán, ya tiene... ¡seis!

¡Un firmamento de estrellas Michelin!
Y aquí mismo, en Chez Cocó, trabaja Hicham y ya van a por al segundo... Y Ángel León tiene uno más en Cádiz. Y aquí llega Albert Adrià, que va a quedarse a otro. Y ahora un filólogo voluntario les enseña catalán y español para integrarlos.


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