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dimarts, 23 de desembre de 2014

COMUNICARSE -"NO ME DIGAS LO QUE DEBO HACER. Ferran Ramon-Cortés. Conversaciones con Max 6..


Sexto artículo de serie "cafés con Max" que Ferran escribe para la revista "Mente Sana". Web de Ferran Ramon-Cortés.
Max se había levantado pronto. Hacía un día gris, que no invitaba a salir de casa. Se preparó el primer café, y se disponía a instalarse cómodamente en la sala, a leer un buen libro, cuando sonó el timbre.
Sin sospechar de quién se trataba, fue a abrir, y se encontró con una cara de sobras conocida por él. Se trataba de Javier, ex-alumno y buen amigo, al que no veía desde hacía años. 
-  No te esperaba...
-  Ni yo sabía muy bien que iba a venir, Max. La verdad es que estuve ayer noche hablando con Andrea, me contó lo de tus cafés, me sugirió que quizás me podrías ayudar... y me he arriesgado a venir.
Max hizo entrar a Javier. Tras encender la cafetera para hacer más café, se instalaron en la sala, y empezaron su conversación:
-          Verás Max, tengo un problema que no se como abordar: tengo un compañero de trabajo, al que he estado ayudando desde que lo trasladaron hace seis meses. No tiene experiencia, y necesita continuamente que le diga cómo tiene que hacer las cosas. La semana pasada, le sugerí que hiciera algo de una determinada forma, y lejos de agradecérmelo, me espetó: “por favor, deja de decirme lo que tengo que hacer”. Me quedé de una pieza, porque es lo último que hubiera esperado. Le he estado sacando las castañas del fuego a cada momento, y encima me lo echa en cara...

Max escuchaba con su habitual atención a Javier.  Acercándole la cafetera le dijo:
-..Sírvete un café, por favor. Y sírvetelo bien largo.
Javier lo hizo maquinalmente, y continuó con su relato.
-..La verdad es que no lo entiendo, Max. Me parece evidente –y él lo tiene que saber- que sin mi ayuda no podría hacer las cosas. Se equivocaría todo el día, y no saldría adelante...
¿Te la pide él, esta ayuda?
-...No, no lo hace. Pero es que con sólo ver cómo va a hacer las cosas, ya me doy cuenta de que las va a hacer mal...
-..¿Qué significa exactamente que las va a hacer mal?
-  Pues que no las hará como las hemos hecho siempre, o al menos como yo las haría en su lugar...
-..Y tu le das tus consejos sin que te los haya pedido...
Aquellas palabras quedaron flotando en el ambiente. Max se levantó, y pensativo dio una vuelta por la sala. Le dijo a Javier:
-..Ponte azúcar. Dos cucharadas al menos. El café, para ser bueno, tiene que estar bien dulce...
Javier se puso azúcar, aunque no lo hacía habitualmente. Vio como Max se sentaba de nuevo en su sofá, y le decía:
-..Javier, tu no estás ayudando a tu compañero.
Javier, sorprendido, le interrogó:
-..¿De veras piensas que no lo hago?
-..No, no lo haces. Y te diré porqué: en primer lugar, porque él no te lo está pidiendo. Y en estas condiciones tu ayuda es más una intromisión que una verdadera ayuda. En segundo lugar porque a lo mejor él quiere hacer las cosas a su manera. Y recibe tu ayuda como una imposición...
-..Pero es que yo se como se han de hacer las cosas.
Max se levantó de nuevo, y dando la espalda a Javier le dijo: ponte leche en el café, la tienes encima de la mesa.
Javier detestaba la leche, pero no dijo nada y se sirvió. Intentaba interiorizar todo lo que Max le decía...
Max volvió a sentarse, y añadió: tómate el café antes de que se te enfríe, o no valdrá nada...
Javier dio un sorbo a su café, y con indisimulado disgusto le dijo a Max:
-..Max, me gusta el café corto, detesto el azúcar, y no soporto la leche. Yo quería un café solo...
-  ... y no te ha ido demasiado bien que te dijese lo que tenías que hacer, ¿no?. Todo y que yo se cómo hay que hacer un buen café...
Javier dio un respingo. Max y sus métodos. Los había olvidado... pero lo cierto es que de repente lo vio claro. Él hacía las cosas a una manera. Su compañero las quería hacer a la suya. A él no le gustaba la leche y el azúcar. A su compañero quizás si... y no le dejaba espacio para que pusiera azúcar y leche al café. No le dejaba hacer las cosas a su manera.
Ciertamente, el café con Max le había hecho ver las cosas de otra manera. Fue a buscar una taza limpia, se sirvió un café sólo, y en un tono de absoluta complicidad le dijo: Max, gracias por tus consejos, pero tomaré el café como a mi me gusta.

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