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dimecres, 17 de desembre de 2014

MUCHOS VIVEN LA PAREJA COMO UNA CONDENA. Sergio Sinay. La Contra de La Vanguardia.


Sergio Sinay, Terapeuta, especialista en vínculos humanos.
Tengo 57 años. Nací y vivo en Buenos Aires. Mi primer matrimonio duró 10 aós y de él nació Iván. Después viví 10 años solo y desde hace 12 vivo en pareja. Durante 26 años fui periodista pero estudiés Gestalt y salté a la psicología. Soy un escéptico político. Creo que debe de haber algo más grande a la dimensión humana.

Tibiezas
Le gusta poner la oreja en conversaciones ajenas. “Siéntese en un café v escuche, comprobará que la mayoría de las con­versaciones tratan sobre el malestar amo­roso, pero de eso vive el mercado: cine, literatura....” Según este terapeuta, el pa­radigma de amor que nos rige es un error: “Los príncipes azules y las princesas rosas destiñen a la primera tormenta, por eso hay que preguntarse para qué queremos amar a otro, ya que la pareja no es un fin en sí misma, es un medio. Vivir de acuer­do con eso implica valentía y dedicación para perseverar o para quedarnos solos. Pero nos inventamos mil excusas para no abandonar el vínculo, y la primera y más peligrosa son los hijos, que acaban convi­viendo con nuestra frustración, v así, per­petuamos ese sentir tibio”.

El amor no existe.

—No me diga eso...
Eso de que hay una gran nube que se llama amor y que si uno logra pasar por ahí abajo será tocado por una influencia mágica que le cambiará la vida me parece...

¿Una estupidez?
¡Sí!, como decir que el amor se crea a partir de las similitudes, encontrando el alma gemela. Se crea trabajando las diferencias que existen entre dos personas que se eligen para formar una pareja fecunda y trascendente.

Suena a clase de filosofía...
El paradigma amoroso que hemos creado ayudados por el cine, la literatura y las creencias sociales, esa idea de que todos estamos destinados a vivir un gran amor, ha causado mucho sufrimiento; hasta el punto de que hay gente convencida de que ha amado muchísimo porque ha sufrido mucho.

Lo del sufrimiento por amor es un clásico.
Hay que cambiar ese paradigma. Hay que empezar por entender que la construcción amorosa es un trabajo.

¡Y dale con el trabajo...!
Creemos que el trabajo es sudor y sufrimiento; ocho horas en una jaula con luz eléctrica, sin fumar y deseando largarte. La idea de trabajo está disociada de la idea de creación, de gozo. Amar es construir desde ahí.

¿Pero qué quiere construir?, ¿por qué?, ¿para qué...?
A ver, antes quiero aclararle una cosa: yo no creo que sea obligatorio tener una pareja. Pero hay que entender que estar en pareja no es un fin en sí mismo. Si decides estar con alguien, mejor trabajar para conseguir darle sentido y contenido a esa relación.

Pero dos personas empiezan a ser pareja porque se han enamorado, no porque se amen.
Sí, y quizá demasiado rápido, porque el enamoramiento es desconocimiento del otro, atracción e ilusión, y no siempre acaba en amor. El amor es conocimiento y aceptación del otro y requiere tiempo y ganas.

De acuerdo, ¿por dónde empezamos?
Hay diferencias que son complementarias, otras que pueden ser elaboradas juntos mirando y escuchándose (todas esas cosas que se van olvidando en la convivencia). Y luego hay diferencias que son insalvables y que hay que tener en cuenta, porque no se le puede echar la culpa al otro de que no sea quien nos gustaría que fuera.

Todo parece reducirse a lo que ya nos aconsejaba la abuela: comprensión, paciencia...
¿Comprender qué?, ¿para qué?, ¿tener paciencia esperando qué cosa...?

Parece yo.
¿Qué es respetar al otro...? Todos decimos que respetamos al otro y no es verdad. Decimos que somos responsables hasta que tenemos, por narices, que hacernos cargo de nuestras elecciones y de nuestros actos, entonces transformamos la responsabilidad en culpa. Vivimos amores irresponsables.

¿En qué sentido?
Esperamos que el otro nos haga felices, se dé cuenta de nuestros problemas, de lo que llevamos dentro... El amor no nos convierte en clarividentes, hay que decir las cosas. Yo creo que para estar con otro, uno ha de aprender antes a estar solo. Yo tengo que saber qué quiero y cómo lo quiero para poder transmitirlo. No puedo delegarle al otro la responsabilidad de que sepa lo que yo no sé.

¿Y si no sabes lo que quieres?
Aproxímese, haga una lista muy clara de lo que no quiere y al lado ponga los opuestos, esa es la lista de lo que quiere. Yo trabajo con parejas y su frase más común es: «Tú ya no eres el que eras». En realidad lo que le está reprochando es que ya no responda a la imagen que tenía de él o de ella.

Me da la impresión de que todo depende de la calidad y la madurez de cada uno.
¿Y qué es la madurez...? Acumular experiencia en el conocimiento de uno mismo, lo que incluye aceptar los propios aspectos miserables. Pero nuestra sociedad practica el «más vale mal acompañado que solo».

Deme un punto de partida...
Dos personas que aspiran a estar juntas deberían preguntarse: «¿Para qué quiero estar con el otro?»... No por qué, sino para qué, porque pedir pasión, comprensión y amor es pedir un abstracto. Si vamos preguntándonos sucesivos para qués, llegamos a una respuesta que no admite otro para qué.

¿Por ejemplo?
Para profundizar en la vida a través del amor. Luego viene la otra pregunta: «¿Cómo propongo que sea nuestra relación de manera que ese para qué sea posible?». Pero si no hay un para qué en común, olvídate del cómo, del qué necesito del otro, y del qué le ofrezco al otro; preguntas inevitables si quieres construir una relación con otro. Del mismo modo, si no hay combustible emocional, no tiene sentido plantearse la pregunta.

El combustible se queda por el camino.
Yo creo que las parejas tienen un momento de estar juntos con mucho amor, cumplen alguna llamémosle misión, traer un hijo al mundo por ejemplo, y luego se termina. Separarse cuando ya no hay un camino para seguir juntos es una forma amorosa de liberar al otro y liberarse a uno mismo. Pero mucha gente elige vivir la pareja como una condena.

Honestidad mientras dure.
El amor es un acceso al otro y el permiso a ser accedido por otro, algo muy creativo que merece la pena recorrer con sentido. Si naciéramos solos en islas desiertas, no tendríamos nombre. El otro nos da identidad.

¿Cuál es el peor enemigo del amor?
El piloto automático. Dar al otro por sabido, por oído y por sentido. El fuego, la pasión, puede acabar, pero el calor de las brasas es el más acogedor.



2 comentaris:

  1. Lo que más me ha gustado de las palabras de este terapeuta es que su descripción del amor entre hombre y mujer que se basa en acceder al otro y ser accesible al otro en general, y esto es muy cierto porque dos personas que viven juntas al principio están muy enamoradas porque se prendan fuertemente de la ilusión que el ego de uno proyecta de sí mismo inconscientemente mediante una imagen falsa de sí mismo con el objeto de ser poseedor del otro. Pero esta proyección no se puede mantener en el tiempo y entonces acaba y con esa falsa imagen acaba la ilusión, el enamoramiento y la ficción. Es cierto que ambos se han amado apasionadamente y habrán engendrado otro ser humano, fruto de ese amor superficial, pero la vida se encarga de quitar la máscara a los dos y entonces se produce el drama consecuente por falta de
    sinceridad, de autenticidad interior y obviamente la explosión del sufrimiento es el resultado inevitable. Si tanto la mujer como el hombre no son responsables de sus actos, habrá un duro conflicto en el que resultarán muy heridos emocionalmente. Finalmente, la fractura será inminente acompañada del consabido resentimiento y el reproche mutuo, causándose gran dolor mental. Por lo tanto, y como dice este terapeuta, lo más sensato es liberarse uno a otro de continuar juntos como acto verdadero de amor y de reconocimiento recíproco de que hemos sido responsables los dos al cincuenta por ciento. La actitud contraria sólo denota mala voluntad y falta de inteligencia emocional.

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  2. Interesante artículo.

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