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dimecres, 31 de desembre de 2014

El mayor aprendizaje de mi vida ha sido ser un fracasado. Félix García. La Contra de La Vanguardia.

Tengo 36 años. Madrileño. No llegué a la universidad. Soy autodidacta. Soltero. Apuesto por la autosuficiencia, no me creo ningún discurso. No dejo que calen en mí las ideologías. Creo en mí y en lo que yo puedo conseguir. Consumimos cantidad de información.

Provengo de una familia muy humilde, un padre ultracomunista y una madre monja hasta los 35 años. Ambos pobres, hijos de la guerra.

¿Qué le inculcaron?
La posibilidad de creer en mí mismo y que todo se consigue a base de esfuerzo.

¿Por qué no estudió?
No era buen estudiante, era un hiperactivo. A los 15 años trabajaba de electricista en la construcción con mi padre. A los 18 decidí sacarme el COU trabajando de noche como electricista en el metro.

¿Y luego?
Vendí enciclopedias durante cinco años. Una de las experiencias formativas importantes de mi vida: he podido meterme en el salón de su casa y entrevistar diariamente a entre quince y veinte personas.

¿Y de ahí?
Ni mis tres hermanos ni yo teníamos trabajo y decidí montar un negocio, una tienda de moda de jóvenes diseñadores y galería de exposiciones en Malasaña, y al lado un bar.

En el Soho de Madrid.
Sí, ahí residen todos los artistas. Al cabo de seis años, con la crisis, el negocio del diseño de moda fue el primero en caer. El bar decidí dejarlo, no me gustaba la noche.

¿Por qué?
Es peligrosa, mucho alcohol, te puede llevar por el mal camino. Decidí apostar por la hostelería. Monté un restaurante japonés.

¿Bien?
Me duró dos años y me arruiné totalmente, pero fue el mayor aprendizaje de mi vida.

¿Fracasar?
Sí, ser un fracasado. Tener que volver a mi habitación de la infancia, en casa de mis padres, soportar la condescendencia de mi entorno. Aprendí a reconstruirme, a asumir esa visión social de que todo lo que había emprendido había acabado mal.

¿También se quedó sin ideas?
Sí, porque el peso social es muy grande, y en ese momento, cuando fracasas y te arruinas, y tienes que empezar de cero, corres el riesgo de quedarte por el camino. Es durísimo.

¿Cómo lo afrontó?
Tienes que aprender a autogestionarte a nivel emocional. Me tragué mucha psicología que me ayudó a gestionar la culpa. No tenía dinero para un psicólogo, descargué cientos de libros y me enfrenté a la situación.

¿Qué idea le fue de más ayuda?
Cómo nuestro entorno nos determina a creer quiénes somos. Tienes que elegir tú quién quieres ser. ¿Y cómo te conviertes en esa persona que quieres ser? Actuando como se comportaría esa persona.

Eso no es nada sencillo.
No, porque todo te mediatiza, desde tus padres hasta los estudios que tienes o que no tienes y la clase social a la que perteneces.

Entiendo.
“¡Cómo vas a ser empresario sin una carrera universitaria!”. Pues estudias, te informas; no es tan difícil, pero hay que saltarse los determinismos que nos limitan. Persigue tu sueño, hazlo, camina.

¿Cuánto duró esa etapa?
Dos años, y en plena crisis. El sentimiento de que todo está muy mal y que hay mucha gente como tú, viviendo en casa de sus padres, te lo has de sacudir de encima, porque la tentación es decirte que no es el momento de montar nada. No se puede vivir sin futuro.

Mirando.
Es un mal sentimiento alrededor y siendo consciente de que en el momento actual hay mucha gente que no tiene la posibilidad de un trabajo y que necesita ser autosuficiente (el fenómeno maker), luché por crear el Mercado Central de Diseño, un espacio en el que se citan mensualmente cientos de diseñadores del ámbito de la moda, la joyería, objetos, muebles...

¿Jóvenes precarios?
Sí, pero con mucha ilusión. He suprimido los intermediarios y he recuperado el trato humano entre el diseñador y el público, lo que le permite entender el alma de la pieza.

¿Con qué dificultades ha topado?
Las mayores han sido institucionales. Ni fomentan ni estimulan la creación de proyectos, sólo lo aparentan.

¿Y las ayudas, las subvenciones?
Creo que difícilmente los proyectos subvencionados llegan a ser rentables. Se ha vivido mucho de las ayudas, que a largo plazo nos convierten en poco competentes.

¿Cuál debería ser el papel de las instituciones?
Si presentas un proyecto cultural viable que está dando oportunidades a muchos jóvenes, deberían agilizar los trámites y darte acceso a los espacios públicos, que parecen privados, como si les pertenecieran.

¿Qué ha aprendido?

Que sólo generarás recursos si crees en ti. La barrera fundamental son los determinismos, lo que creemos que podemos y no podemos hacer. Siempre puedes reinventarte, reciclarte, has de invertir esfuerzo. Desterrar el “yo soy” y el “me dedico a...”, crearte un universo nuevo alrededor. Los cambios implican muchísimo trabajo, pero se puede. ¿Quién me iba a decir a mí cuando estaba en la obra que crearía un mercado de diseño?


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