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diumenge, 12 de gener de 2014

Necesitaba darte un abrazo. Ferran Ramon Cortés.

Un depósito inequívoco de oro en la Balanza Emocional
Fernando y Pepe estudiaron juntos en la Universidad. Todo y proceder de mundos completamente distintos (Pepe pertenecía a una familia de renombrados empresarios mientras Fernando procedía de una modesta familia y estudiaba becado) en aquella época de estudiantes establecieron una franca amistad, forjada a base de largas e intensas noches de estudio en casa de Pepe.
Pepe valoraba de Fernando que su amistad fuera totalmente desinteresada, sin intenciones ocultas (Pepe estaba harto de sacarse de encima supuestos “amigos” que se acercaban a él por su condición familiar), y Fernando valoraba a su vez que Pepe le abriera las puertas de su casa y le ofreciera su confianza sabiendo que poco tenía que ofrecerle más allá de su amistad.
Acabada la Universidad, cada uno siguió su camino (Pepe en la empresa familiar, y Fernando en una consultora de márketing), y tuvieron más bien poco contacto, aunque las contadas veces que se veían no les costaba recuperar la confianza y complicidad del pasado.
Pepe está hoy en día al frente de la empresa familiar. Como Consejero Delegado, su agenda está llena de compromisos de trabajo y no tiene demasiado tiempo libre. Fernando por su parte es un profesional autónomo, que acaba de poner en marcha su despacho y que por tanto tampoco le sobra el tiempo; tras sus largas jornadas de trabajo poca energía le queda para compartir con conocidos o amigos. Así las cosas, los puntos de contacto entre ambos son más bien pocos; hace meses que no se han visto y si tiene noticias  el uno del otro es a través de conocidos comunes o de casualidades.
Hace pocas semanas a Fernando se le murió súbitamente su madre. Fue un acontecimiento totalmente inesperado, pues estaba razonablemente bien de salud. Una hemorragia cerebral masiva acabó en menos de una hora con su vida. Todo sucedió muy de repente, y entre la propia incredulidad de Fernando y el enorme desconcierto que sentía, no tuvo tiempo ni energía en aquel triste día para avisar a sus amigos e lo sucedido.
A la mañana siguiente, Fernando acudió temprano al tanatorio, con la intención de disfrutar de unos momentos de intimidad cuando aún no habría nadie. Se disponía a hacer las primeras llamadas a amigos y conocidos, cuando Pepe se presentó en la sala de improviso.  “Por una extraña  casualidad he viso la esquela de tu madre en el periódico” –le dijo. Y añadió:  “Tenía que entrar en una reunión pero ya no me pude concentrar. Necesitaba acercarme para darte un abrazo”.
Fernando no dijo nada. Ni perdió el tiempo dándole unas gracias innecesarias. recibió su cálido y sincero abrazo sintiendo todo el cariño y toda la fuerza de aquella peculiar amistad.

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Todo lo que hacemos por los demás, o los demás hacen por nosotros, tiene un efecto directo en nuestras relaciones. Podemos imaginar una balanza en la que ponemos, en un platillo, todo bueno que ocurre en el contexto de la relación, (simbolizado por el oro) y en el otro, todo lo malo (representado por el plomo). Si el fiel de la balanza se inclina hacia el oro, la relación funciona; si se inclina hacia el plomo, está en peligro.
El sentido abrazo de Pepe es un depósito inequívoco de oro en la balanza; por el hecho en sí, y por la forma en que se produce. Porque va mucho más allá de un pésame protocolario, y porque comunica a Fernando que todo y la falta de contacto habitual, y del posible enfriamiento de la relación como consecuencia de este poco contacto, aquella mañana Fernando estaba muy presente en el pensamiento de Pepe.
Esta historia muestra que en la Balanza Emocional no pesa tanto la cantidad como la calidad de nuestros actos. Hay relaciones de contacto diario que sin embargo, por la poca sustancia de sus actos, son superficiales, y no aportan nada. Y hay en cambio relaciones que por circunstancias de la vida no viven un día a día intenso, que incluso pasan por períodos de manifiesto distanciamiento, y que sin embargo, tienen una gran profundidad y un gran valor que se expresa en los momentos más necesarios. Son relaciones con unos fundamentos sólidos que no se destruirán fácilmente.
El abrazo de Pepe a Fernando en un momento tan especial es un depósito de oro que no sólo aviva puntualmente el fuego de la relación, sino que la blinda de posibles depósitos de plomo que vengan. Porque muestra la verdadera naturaleza de la relación que los une, y hace intrascendentes pequeños conflictos o descuidos que puedan llegar.
Y es que en todas las relaciones hay unos momentos muy especiales en los que no podemos fallar; que son absolutamente trascendentes. La pérdida de un ser querido es sin duda uno de ellos. Por eso es un depósito de oro puro estar ahí en ese momento, y saber reaccionar a la altura de las circunstancias. Como sería también un depósito de puro plomo no haber estado. Un depósito de plomo que difícilmente se reequilibrará por más oro que depositemos en el futuro.

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