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dimarts, 21 de gener de 2014

INCOMUNICADOS. Maika González. Ánemos coaching.

La pareja es un mundo único, un cosmos diferente a cualquier otro, una atmósfera especial en la que dos universos completos se encuentran. Y es que, cuando dos personas deciden unir sus destinos, no sólo son dos personas las que se encuentran; en realidad, se produce la confluencia de dos tradiciones familiares radicalmente distintas, cada una con sus propios valores, con sus propias opiniones, con su propia personalidad. Por lo tanto, el conflicto está inevitablemente servido, y los miembros de la pareja están llamados a aprender a entenderse, si pretenden seguir adelante con la relación. Hay quien insiste en que no tiene ni el más mínimo conflicto con su pareja, y es muy probable que se engañe. A veces, preferimos fingir que no ocurre nada antes que llegar a la temida “discusión”. Vivimos tratando de tener la fiesta en paz, sin darnos cuenta de que eludir los problemas no hace más que perpetuarlos en el tiempo.

¿Por qué nos da tanto miedo discutir?
De entrada, en casa ya hemos aprendido que la confrontación genera tensión y ansiedad, así que lo más fácil para tratar de vivir en armonía parece ser eludir los conflictos. Pero lo cierto es que el hecho de esquivar las dificultades surgidas de la convivencia no hace que desaparezcan, sino que más bien las acaba magnificando hasta que estallan. Y no se trata de que busques batalla en cada pequeño desacuerdo; se trata sólo de no convertir la huida en la solución a todos tus problemas de pareja. Porque de tus problemas podrás huir, pero nunca esconderte.

“Nada en la vida debe ser temido; sólo debe ser comprendido”, Marie Curie
El miedo al conflicto suele esconder uno de los miedos más esenciales en cualquier persona: el miedo a dañar las relaciones, a perder el afecto de los que nos rodean, a que nos dejen de querer. Entendemos el conflicto como algo sumamente negativo, y esa creencia acaba, muchas veces, por provocar justo lo que tanto tememos: el distanciamiento y la ruptura. Así que, para cuidar nuestra relación de pareja, debemos empezar por ver la confrontación desde otro punto de vista. Debemos dejar de entender el problema como tragedia, y aprovechar el conflicto como una oportunidad para afrontar una situación que no puede continuar tal cual y que, si la resolvemos, hará que estemos mejor y que nuestra relación gane en calidad y profundidad. Debemos aprender a comunicarnos bien, debemos aprender a discutir bien.

¿Y cuál es la base de una buena discusión?
La clave para encontrar una forma de lidiar con los problemas es la aceptación plena de la personalidad del otro, con lo que consideramos que son sus virtudes y lo que consideramos que son sus defectos. Cuando una persona se siente juzgada, incomprendida o rechazada en lo que es, invariablemente se siente enfadada o herida, se pone a la defensiva y se atrinchera. Y de ahí al distanciamiento sólo hay un paso: nos alejamos el uno del otro simplemente para protegernos, para no hacernos más daño. Así pues, si lo que queremos es comunicarnos, debemos comenzar por aceptar al otro con todo lo que es; y eso no significa que todo nos tenga que gustar, significa simplemente que respetamos su existencia tal cual es.

“Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos”, Thich Nhat Hanh
Una vez que entendemos que el otro tiene derecho a existir tal y como ya es, podemos empezar a discutir de una manera productiva. He aquí una serie de claves que te van a ayudar a resolver los conflictos que surjan en tu relación de pareja:

Apuesta por resolver el problema, no por tener razón: es decir, que la discusión debe servir para llegar a algún tipo de compromiso mutuo, y no para que tú convenzas al otro de que tú tienes razón. De hecho, en las discusiones de pareja nadie lleva la razón, porque no existe una verdad absoluta, sólo dos verdades subjetivas
Emplea frases que empiecen por “yo”, en lugar de frases que empiecen por “tú”: se trata de que expongas tus quejas sin echarle la culpa al otro. Cualquier frase que empiece por “tú” va a ser un ataque directo al otro, que sin duda se volverá a cerrar. En cambio, cualquier frase que empiece por “yo” te sirve para hablar de ti y de tus emociones, y nadie te puede discutir lo que tú sientes
Aprende a frenar a tiempo: debes ser muy consciente de cómo te sientes en cada momento durante la discusión, porque sólo así vas a ser capaz de frenar cuando te encuentres en un círculo vicioso de recriminaciones o sientas que el tema se os está yendo de las manos. A veces, más vale darse unos minutos para tranquilizarse o pedir un aplazamiento de la conversación, os jugáis algo importante
Neutraliza tus interpretaciones negativas: nos pasamos la vida interpretando, es decir, sacando conclusiones de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Y a menudo damos interpretaciones negativas a lo que dice o hace nuestra pareja; obviamente, si estás pensando que dice o hace esto o aquello sólo para fastidiarte, la discusión no os va a llevar a ninguna parte. ¿Qué te hace pensar que tu pareja no tiene nada mejor que hacer en todo el día más que urdir mil planes diferentes de molestarte?
Date tiempo: vivimos en una sociedad donde todo va deprisa, pero hay cosas que tienen su propio tempo, entre ellas las emociones. No insistas en seguir la discusión en un momento en que uno de vosotros, o ambos, estáis muy exaltados, porque no vais a arreglar nada. Quizás un momento en el que los niños no estén presentes, o en que estéis solos en un lugar tranquilo fuera de casa, pueden ser buenos momentos para seguir la conversación que tenéis pendiente. Y recuerda que no por mucho madrugar amanece más temprano: las cuestiones emocionales tiene su propio tempo, quizá tengáis que hablar sobre el mismo tema en muchas ocasiones antes de llegar a algún compromiso aceptable para ambas partes
En el momento en que aceptas que el conflicto existe en  mayor o menor grado en todas las parejas, y entiendes que es aceptándolo y afrontándolo, y no ignorándolo, como las relaciones crecen y evolucionan, entonces es cuando asumes realmente la parte de responsabilidad que te toca en esa relación. Y es entonces cuando comprendes que no sois dos partes de una misma naranja que se reencuentran siguiendo un destino cósmico, sino que sois dos naranjas diferentes que os enriquecéis aprendiendo cada día a mezclar armónicamente vuestros zumos.
Y tú, ¿tienes miedo a discutir con tu pareja? ¿Optas por huir, esquivando los problemas? ¿Eres consciente de que las dificultades no van a desaparecer a fuerza de ignorarlas?
Un abrazo bien fuerte,                                                                                                 

Maika 


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