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diumenge, 5 de gener de 2014

"Las razas humanas no existen". Guido Barbujani. La Contra de La Vanguardia.

Guido Barbujani, genetista, antropólogo bioevolucionista.
Tengo 58 años: me gusta contar historias, no inventarlas, por eso soy antropólogo. Nací en Adria; investigué en la Universidad pública de Nueva York (CUNY) y ahora he vuelto, a Italia. Tengo dos hermanos y una bicicleta. Me hice científico tras fracasar como político

INCLASIFICABLES
Tras siglos de esclavismo y genocidios, Frank Livingstone, citado por Barbujani en el CCCB, demostró que las razas son una interesada quimera. No hay categorías raciales, porque las exigencias adaptativas del medio tampoco son categóricas, sino graduales. Livingstone aplicó sus conocimientos de antropología, biología evolutiva y lingüística al estudio de la extensión de la malaria en Liberia y demostró en su “On the non-existence of human races” que todos somos diferentes, porque el medio ambiente -como el azote del anofeles- va variando de forma gradual, por eso cada uno de nosotros es diverso, pero de forma individual y no en bloques raciales homogéneos.

Otro genetista de referencia, Cavalli-Sforza (La Contra 1/X/1998) y ahora usted han divulgado la demostración de que las razas no existen.
Pero esa evidencia científica de que no hay razas humanas debe seguir a la constatación de que los humanos no somos iguales. De hecho, cada humano es diferente de los demás, pero de una manera, a su vez, también diferente.

¿Puede ser más concreto?
Por ejemplo, hay grupos cuya genética les hace digerir mejor la lactosa de la leche...

Y otros más resistentes a la malaria.
Y esas diferencias están estructuradas en el espacio, sí, pero no de forma categórica y grupal, sino individual y gradual: varían en cada individuo. Respecto al aspecto físico, en cada población se manifiesta un 88% de todas las posibilidades de ser humano.

¿Cómo?
Si cuantificamos la diferencia, por ejemplo, entre la apariencia de Nelson Mandela y la mía propia en un 100% y la comparamos con la diferencia media entre mí y otro italiano, veremos que esta última no es del 10% o e120%,como podría pensarse, sino del 88%.

¿Y cómo interpreta el dato?
Pues que yo me parezco a algunos italianos, desde luego, pero también me parezco -y es posible que en algún caso incluso más- a algunos marroquíes, venezolanos, africanos...

¿Entre humanos de una misma población hay tantas diferencias como entre una población y las demás?
A nivel genético, puede haber más diferencias entre dos individuos de un mismo país que entre individuos de diferentes continentes. Y por eso han fracasado todos los intentos de clasificarnos a los humanos en razas.

Pues se perpetraron barbaridades a partir de esos catálogos raciales.
Ese es otro fracaso moral, pero la prueba del fracaso científico de los catálogos raciales es que, desde la clasificación de las razas humanas de Linneo en el XVIII hasta las últimas clasificaciones de los años cincuenta, todas tenían una sola cosa en común...

¿...?
Que cada catálogo de razas es diferente de todos los demás...

...Luego todos son falsos.
Y, por eso, Frank B. Livingstone sostuvo ya en los cincuenta, que buscar y categorizar las razas humanas es buscar algo inexistente.

¿Por qué?
Porque todos somos diferentes, pero las diferencias no vienen en paquetes distintos de razas, cada uno con su etiqueta. Hay diferencias entre nosotros, pero graduales...

¿Porque las exigencias adaptativas del medio también son graduales?
Y por eso, trazar una línea entre una raza y otra es un ejercicio de arbitrariedad. Y por tanto, falso. Y la genética lo confirma.

¿Por eso los rasgos como el color de pelo, ojos, piel.., también son graduales?
Porque nuestras diferencias no vienen en bloques, empaquetadas, sino que aparecen en gradaciones muy sutiles en cada individuo. Por eso, no hay una raya que diferencie categóricamente una raza de otra. Y todas las divisiones o rayas que se tracen entre esas supuestas razas son falsas.

Nos diferencia una lógica difusa.
Y hoy todos los estudios de ADN nos demuestran que Livingstone tenía razón. Y antes que él, Darwin, quien ya supo anticipar la falta de base científica en cualquier clasificación de las razas humanas.

Afortunadamente la realidad desafía cualquier forma de racismo.
Y de simplificación. Por eso, seamos humildes y aceptemos que las pruebas que nos quedan de nuestro pasado son muy limitadas como para aventurar grandes hipótesis.

Pero le pido que haga un esfuerzo...
Bueno, sabemos muy poco, pero la diferencia entre muy poco y nada es enorme. Así que le diré que el estudio de nuestros genes demuestra que todos provenimos de Africa.

¿Y los neandertales?
Habitaban Eurasia y tenían características diferentes a nuestros antepasados provenientes de África Nuestros ancestros tuvieron que emigrar desde África hacia el norte por la falta de comida: allí no podían cultivar. Sólo recolectar y cazar. Y se fueron.

¿Cómo derrotaron a los neandertales?
Tal vez porque fueron más malos en términos morales actuales que ellos, según el paleoantropólogo Björn Kurtén. Pero, por otra parte, también aparecen más evidencias fósiles de que hubo hibridación entre los neandertales y nosotros...

¿Una coyunda prehistórica?
Dejémoslo como un asunto abierto. Y me temo que no es seguro que aparezcan de repente mil fósiles en diversas excavaciones que acaben con la polémica.

Dejémoslo ahí pues.

Apuntemos que África, nuestra cuna, también es por eso genéticamente diferente: existen más diferencias genéticas entre poblaciones de la misma región africana, por ejemplo, dos bosquimanos, que entre individuos de poblaciones europeas y asiáticas. Ya ve que cualquier discurso racista, además de rechazable moralmente, es científicamente erróneo.


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